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TIERRA DE ABUNDANCIA

América a los ojos de un creyente de izquierdas

Como prometimos hace dos semanas, vamos a hablar de la última película del siempre interesante cineasta alemán Wim Wenders, director de títulos tan inmortales como “Paris, Texas” o “Cielo sobre Berlín”. Con “Tierra de abundancia” Wenders hace una interesante radiografía de los Estados Unidos a partir de los traumáticos sucesos de los atentados del 11-S.

Como prometimos hace dos semanas, vamos a hablar de la última película del siempre interesante cineasta alemán Wim Wenders, director de títulos tan inmortales como “Paris, Texas” o “Cielo sobre Berlín”. Con “Tierra de abundancia” Wenders hace una interesante radiografía de los Estados Unidos a partir de los traumáticos sucesos de los atentados del 11-S.
Fotograma de la película Tierra de Abundancia
Paul (John Diehl) es un veterano del Vietnam, patriótico y obsesivo, que vive en un delirio de desconfianza ante el temor a un nuevo atentado islámico. Con otro amigo trastornado se dedican a investigar a todos los árabes que consideran sospechosos. Muy distinta es su sobrina Lana (Michelle Williams), una joven cristiana, comprometida y vital, que ha vivido en Palestina y África y que vuelve a su país con la esperanza de encontrar una tierra libre, abierta y generosa. Tío y sobrina son su única familia mutua en Los Ángeles, lo que les lleva a una relación especial que se afianza cuando asisten casualmente a un incidente brutal que tiene como víctima a un vagabundo árabe.
 
Wenders, aunque es absolutamente contrario a la política republicana y a la forma en la que Bush ha gestionado el 11-S, no es antiamericano. Al contrario. A través de esta película quiere indagar en las heridas y potencialidades del americano de a pie. Paul encarna a un hombre de derechas, sincero, que ha caído en el fanatismo que quiere combatir; Lana es una mujer que cree, reza y confía en Dios, que trabaja junto a judíos a favor de los palestinos, y que ayuda al progreso social de los homeless. Lana no trata de convencer a su tío: es con su testimonio vital como le va haciendo cambiar. Wenders ha declarado que pretendía “mostrar los valores cristianos más simples, enfrentándolos a las ideas fundamentalistas que gobiernan la actual administración americana”. Es decir, propone una cierta forma de vivir la fe como la única salida realista al marasmo reactivo del post 11S. Digo una “cierta” porque Wenders rechaza lo que llama “fundamentalismo cristiano americano”, una tendencia radical de derechas que, según él, “está a favor de la guerra, cree en la supremacía de la raza blanca, le gusta las armas y defiende la pena de muerte”. En fin, suena un tanto a tópico progresista, que sin duda responde a una concepción muy sociológica y moralista de la fe. Por eso no sorprende que Wenders afirme que “la Iglesia corrupta y putrefacta romana del siglo XVI” explica reacciones contrarias naturales como la que protagonizó Lutero al iniciar la Reforma.
 
En una entrevista le preguntaron a Wenders: “¿Es muy complicado ser un hombre con fe en un mundo como el actual?”. A lo que contestó con una traducción moderna de un Salmo:
 
“Sin ninguna duda Dios es bueno,
bueno con la gente buena, con los buenos de corazón.
Pero casi me lo pierdo,
Casi me pierdo su bondad.
Yo miraba a otro lado;
Miraba a la gente
en lo alto,
envidiando al malvado que hizo esto,
a quien no tiene nada de que preocuparse,
ninguna preocupación en el mundo.”
 
Rodada en video digital, cámara en mano al noventa por cien, con poco presupuesto y en un tiempo record, 16 días, Wenders hace una película espontánea e inmediata, expresión de sus sentimientos contradictorios sobre América. El título proviene de una canción de Leonard Cohen, y aunque Wenders autodefine su film como de la misma familia ideológica que Farenheit de Michael Moore, la verdad es que le da cien vueltas precisamente por situarse a un nivel antropológico más correcto y profundo.
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