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El cardenal Ratzinger recuerda que el Papa nos ha despertado de una fe cansada
Su devoción a la Virgen presente a lo largo del testamento de Juan Pablo II
Cardenal Rouco: “el Papa pidió a los españoles que no rompan con sus raíces cristianas
La exposición “Inmaculada” acoge 132 piezas de 40 diócesis españolas
La homilía de Juan Pablo II en Colón, recordada por Rouco en su funeral
El cardenal Ratzinger recuerda que el Papa nos ha despertado de una fe cansada
 
En la homilía del funeral por Juan Pablo II, el cardenal Ratzinger reiteró que “no olvidemos el mensaje de Cristo, ‘Sígueme’, que el Santo Padre siempre tuvo presente”. “El Papa sufrió y amó y murió con Cristo, por lo que el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan ferviente y tan fecundo como la Divina Misericordia”, destacó.
 
Con la palabra “Sígueme”, el cardenal empezó su lectura recordando el mensaje de Jesús a Pedro, “su discípulo escogido para llevar el rebaño”, y con éste “sígueme le da la llave para comprender el mensaje”. “Juan Pablo II oyó la voz del Señor que le decía sígueme” explicó el cardenal; poco después entró en el seminario clandestino. El cardenal repasó en su homilía parte de la vida sacerdotal del Papa, sobre todo la iniciática, tras lo que dijo que Juan Pablo II fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946, a lo que añadió que el Santo Padre definía su sacerdocio con tres palabras (o ideas): “no sois vosotros los que me habéis elegido a mí si no que yo os he elegido a vosotros; el buen pastor que apacienta a sus ovejas; os quedáis con mi amor”. “Con estas tres palabras conocemos el alma de nuestro Santo Padre”, añadió el cardenal, tras lo que la gente volvió a romper en aplausos.

El prefecto para la doctrina de la fe recordó la “exhortación del Santo Padre”, “¡Levantaos, vamos!”, ya que fue “sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios”. Y “con su muerte se ha convertido en una sola cosa con Cristo”, ya que Juan Pablo II sigue siendo “el buen pastor que ama a su rebaño al que finalmente les dice permaneced en mi amor”.

El Papa nos dice hoy “sígueme”, reiteró en varias ocasiones.

Juan Pablo II “quiso dar su vida por Cristo y también por nosotros”. Y de nuevo, en su vida, presente el “sígueme”, destacó el cardenal en su homilía, “en 1978”, cuando renovó “el diálogo con Pedro”, como ha recordado “el Evangelio de esta celebración, como si el Señor le hubiese preguntado Karol, ¿me amas?”. Y fue el amor de Cristo, explicó el cardenal, el “le ha llevado más allá de las fuerzas humanas al ser pastor de las ovejas de Cristo y de la Iglesia universal”.

El cardenal Ratzinger concluyó la homilía recordando el “inolvidable momento, como en este último Domingo de Pascua de su vida, cuando el Santo Padre se asomó una vez más a al ventana del Palacio Apostólico y dio la bendición Urbi et orbe”. Tras ello añadió que “podemos estar seguros que nuestro amado Pontífice está en la ventana del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, Santo Padre, bendíganos y encomendamos tu alma a la madre de Dios, que te guió todos los días y que te guiará aún hacia la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Nuestro Señor”.
 
 
Su devoción a la Virgen presente a lo largo del testamento de Juan Pablo II
 
El Santo Padre siempre estuvo preparado para la muerte tal y como se desprende de su testamento, que Juan Pablo II escribió en 1979. El Papa comenzó su testamento con la frase "Totus Tuus", (soy todo tuyo), el lema de su Pontificado y que simboliza su devoción y entrega a la Virgen.
 
Fechado el 6 de marzo de 1979, el Santo Padre incluyó retoques y añadidos en 1980, en 1982 en dos ocasiones, en 1985 y en el año 2000. El fallecido Papa siempre estuvo preparado para la muerte, según escribió todas las veces que retocó el testamento. Todas las modificaciones y añadidos que hizo el Santo Padre en su testamento, tal y como él mismo explica, fueron hechas después de ir de ejercicios espirituales donde lo releía.

En él expresa su "más profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor me conceda las gracias necesarias para afrontar, según su voluntad, cualquier tarea, prueba y sufrimiento que quiera pedir a su siervo, en el transcurso de la vida". También añade que "cada quien debe tener presente la perspectiva de la muerte. Y debe estar dispuesto a presentarse ante el Señor y Juez, y contemporáneamente Redentor y Padre".

Según ha informado la periodista Paloma Gómez Borrero a la Cadena Cope, el Papa destaca en su testamento que "a medida que avanza el Año Jubilar 2000, va quedando día a día a nuestras espaldas el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los designios de la Providencia, se me ha concedido vivir en el difícil siglo que está quedando en el pasado y ahora, en el año en que mi vida alcanza los ochenta años («octogesima adveniens»), es necesario preguntarse si no ha llegado la hora de repetir con el bíblico Simeón: «Nunc dimittis». Es decir, que el Santo Padre hizo referencia a la frase de Simeón en la que le pide al Señor: “ahora que he visto a Dios puedes dejar a tu siervo irse en paz”.

El Papa no descartó en 1982 que su funeral se celebrase en Polonia, aunque en un posterior retoque dijo que decidiese el Colegio Cardenalicio sin tener que contar con sus “compatriotas”. Asimismo, el Santo Padre pide que sus notas personales y sus apuntes privados sean quemados.

El Santo Padre esperaba que su muerte fuera "útil para esta causa más importante a la que trato de servir: la salvación de los hombres, la salvaguarda de la familia humana, y en ella de todas las naciones".

Juan Pablo II pide perdón, en su testamento, a todos, y además solicita a los fieles que recen por él, después de solicitar que su cuerpo sea sepultado en tierra “y no en un sarcófago”. El Santo Padre tiene palabras de agradecimiento para su secretario particular, “el fiel Estanislao Dziwisz”, además, recuerda a sus padres y hermanos y en otro apartado también tiene palabras de agradecimiento para el que fuera rabino jefe de Roma, Elio Toaff.
 
 
Cardenal Rouco: “el Papa pidió a los españoles que no rompan con sus raíces cristianas”
 
Unas 15.000 personas, posiblemente 25.000 según la Oficina de Información del arzobispado de Madrid, asistieron a la misa funeral por el Santo Padre que tuvo lugar el lunes en la Plaza de la Almudena y la Plaza de la Armería del Palacio Real, presidida por el cardenal Rouco.
 
El cardenal arzobispo de Madrid, monseñor Rouco, recordó las palabras del Papa en su último viaje a España, urgiendo a “recuperar la propia identidad”. Según el cardenal Rouco, España “de modo especial, ha sido testigo del amor del Buen Pastor” de Juan Pablo II. “En los cinco viajes pastorales a nuestra patria, siempre luminosos, ha encendido, reavivado y fortalecido nuestra esperanza, ayudándonos, con su magisterio y el testimonio de su vida, a vivir nuestra fe sin miedos ni complejos como respuesta a los problemas de la sociedad”, aseveró.
 
De manera especial recordó su última visita, en mayo de 2003, en la que, según el purpurado, “en una despedida con sabor de último testamento, nos urgía a vivir nuestra identidad”, y recordó las palabras de la Eucaristía de Colón: “Surgirán nuevos frutos de santidad si la familia sabe permanecer unida, como auténtico santuario del amor y de la vida”.

El cardenal recordó que los jóvenes lloran a Juan Pablo II porque “les ha invitado siempre a la santidad y a una vida de virtudes, en la escuela de María, para ser los constructores de una nueva civilización del amor, la única que puede seducir y comprometer a las nuevas generaciones”.

Para el cardenal, el Papa “ha hecho que el mundo en general comprenda y valore el verdadero sentido del ministerio de Pedro que, por voluntad de Cristo, ha sido instituido para que la Iglesia aparezca como la casa de la salvación”, y también “ha renovado dentro de la misma Iglesia la gozosa certeza de que Cristo vive en Pedro, y de que Pedro hace visible, cercano y tangible al mismo Cristo”.

“En su largo ministerio como Pastor universal, Juan Pablo II no ha dejado de dar solemne testimonio del señorío de Cristo, que ahuyenta de la conciencia de los cristianos toda sombra de miedo. El Papa nos ha enseñado a confesar con gozo nuestra fe, y ha recuperado para la Iglesia entera la convicción de que la fe es nuestra victoria”, añadió.
 
 
La exposición “Inmaculada” acoge 132 piezas de 40 diócesis españolas
 
La Conferencia Episcopal Española presentó el martes la exposición “Inmaculada”, que el episcopado español ha encargado a la fundación Las Edades del Hombre y que acoge 132 piezas, de cuarenta diócesis españolas.
 
La muestra se enmarca dentro del Año para la Inmaculada, que se celebra coincidiendo con el 150 aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, y podrá visitarse desde el 29 de abril hasta el 12 de octubre, en la Catedral de La Almudena.
 
A lo largo de cuatro capítulos, una introducción y un epílogo “Inmaculada” presenta, a través del desarrollo cronológico de los estilos artísticos, cómo se ha ido conformando la fe del pueblo español en la Concepción Inmaculada de la Virgen María.
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