La nueva generación de socialistas puros ha intelectualizado las relaciones entre el socialismo y el cristianismo, hecho que les conduce a una no menor radicalización de sus posiciones ante la Iglesia y lo eclesiástico. Atrás quedaron los tiempos de la generosidad de la Transición y de la compañía, a la sombra de los barrotes, de comunistas, anarquistas y cristianos, en lucha contra el régimen o contra lo guardianes del régimen de Franco. Los nuevos cristianos socialistas tiene que convivir con laicistas excluyentes, feministas, ecologistas, homosexuales y de más especies concordantes en el progresismo ambiental. Buena muestra de ello fue el anuncio, en vísperas del encuentro de Bilbao, por parte del omnipresente Zerolo, responsable del Comité de los comités de movimientos sociales, del necesario diálogo con la Iglesia, y la presentación de su candidatura para activar este diálogo. Bien es cierto que José Blanco, otrora teórico de la casposidad del pensamiento eclesiástico, elevó al olimpo de Ferraz, el pasado domingo, a Carlos García de Andoin, nombrándole como coordinador general de la corriente de los cristianos socialistas, y encargándole la organización de un congreso nacional en Madrid.
El discurso teórico de la convergencia de los valores entre cristianismo y socialismo no siempre produce los frutos en las políticas prácticas de los partidos socialistas. Como recordó Rafael Díaz Salazar, no hay ya partido socialista en Europa que no tenga en cuenta la dimensión pública de la religión. La distinción entre religión y fe es tan vieja como la teología liberal y tan inconsistente como un Jesús sin Cristo, un Cristo sin Iglesia o una Iglesia sin Evangelio. El problema de los cristianos socialistas es un problema teológico antes que político. No han superado la dialéctica como método de progreso social y eclesial, y enfrentan la dialéctica a la comunión. Una dialéctica que se aplica, aquí sí, acríticamente a la naturaleza de la Iglesia en orden al progreso de esta institución. Se oyó decir en Bilbao al diputado catalán Toni Comín frases como las siguientes: "la jerarquía está traicionando sus obligaciones evangélicas. Es una vergüenza que la jerarquía no haya montado manifestaciones contra la política fiscal de Rato; o de agradecimiento por el aumento de las pensiones no contributivas(…). Las verdades de la revelación no son sobre el matrimonio homosexual, son la investigación con embriones, son sobre la encarnación. (…) La jerarquía no representa más que a ella misma, ni siquiera a los cuatro escuadrones de marras: Opus Dei, Comunión y Liberación, Kikos y Legionarios. Si hubiera habido un debate organizado dentro de la Iglesia, las posiciones no serían las que son; esto es importante tenerlo en cuenta de modo inteligente cuando se dialogue con la jerarquía". Quizá estuviera glosando, sine ira et studio, lo que un día escribiera su padre Alfonso Carlos Comín: "La realidad de la Iglesia es muy compleja, es muy plural. En este momento las divisiones internas de la Iglesia son muy fuertes; el pluralismo político de los cristianos es un hecho. Esto quiere decir (…) que no podemos seguir teniendo la incultura que tenemos con respecto a la Iglesia, camaradas".