
Esta semana se estrena Polar Express, del gran Robert Zemeckis (Forrest Gump, Náufrago,…) y protagonizada por Tom Hanks. Técnicamente es revolucionaria, muy meritoria y llena de interés. Pero otra cosa es su contenido. Después de verla me han entrado unos deseos irrefrenables de reivindicar a Mr. Scrooge. Polar Express es una película de falsa animación -imágenes reales y dibujadas encima- que se dedica por completo a hablar de la Navidad. ¿Y qué dice de ella? Nada. Mejor dicho, nada real ni verdadero. Presenta la Navidad como si fuese el Día internacional de los buenos sentimientos. ¿En base a qué? A nada. La Navidad es un tiempo en el que puedes cerrar los ojos y creer en lo que te dé la gana; es gratis. La Navidad es, según se desprende del film, una excusa para recibir regalos y evadirse de la realidad. Y si de paso crees "en la magia" o en "el espíritu de la Navidad", pues mejor, más "in"; y ya el no va más es si encima eres bueno y solidario. O sea, ni rastro de la Navidad real. Ni rastro de su único significado.Algo parecido ocurre en otro film de estreno, Una Navidad de locos, interpretado por Tim Allen. Un matrimonio que no quiere celebrar la Navidad recibe tal cantidad de presiones hipócritas de su comunidad vecinal, que acaban aceptando que la Navidad es una fiesta obligatoria para cualquier ciudadano decente.
Pues bien, Mr.Srooge era un individuo que sabía bien qué era la Navidad. Pero sencillamente él no se sentía concernido. Y además era un egoista, un cerdo explotador, un avaro, un cutre, un miserable y todo lo que ustedes quieran. Pero no era un hipócrita. El no creía en la Navidad, y por tanto ¿por qué iba a celebrarla? Era un materialista de libro, ¿por qué iba a ceder "al espíritu de la Navidad"? Para él la Navidad eran unas "paparruchas". Y ya está.El tiempo de Navidad es un periodo litúrgico exclusivamente cristiano, en el que se celebra un misterio clave de la fe: el acontecimiento de la Encarnación. En esas fechas se celebran fiestas como la Natividad, la Epifanía, Santa María -Madre de Dios, o la Sagrada Familia. Para quien nada de esto es real, la Navidad no es más que una excusa para irse a esquiar, ver a la familia, comer dulces tradicionales y desaparramarse en nochevieja, según la edad. Me parece todo muy lícito. Y normal. Mr. Scrooge haría hoy cosas parecidas.
Lo que no es serio, y ahí vamos, es que quien ya no cree en el significado de la navidad, reivindique una actitud moral ante ella, "un espíritu" fantasioso, una "magia" especial. Polar Express y tantos otros films infantiles navideños son un monumento a la hipocresía, a la introducción de los niños en la mentira, a la educación en la evasión. Es como si "siendo buenos en Nochebuena", nos olvidáramos de los malvados que somos el resto del año. Lo cual incide una vez más en el moralismo de marras, como si el problema de la vida fuera ser bueno o malo. Nada de esto tiene que ver con la Encarnación.