
La dirección de actores es, como casi siempre en Garci, muy buena, sacando a la luz las mejores interpretaciones de Carlos Hipólito y de Elsa Pataki. El argumento tiene escasísimo interés, a pesar de las brillantes humoradas propias de Mihura, el desarrollo de la trama carece de ritmo, y el espectador avanza hacia el desenlace sin apenas motivación. Entonces, ¿qué es lo que busca el film? Sólo hay una cosa clara: todo gira en torno al exhibicionismo erótico de Ninette-Pataki. Un exhibicionismo muy artificioso, de sensualidad estudiada y gratuitamente reiterativo. Muchos desnudos de la actriz no responden a planos subjetivos del protagonista o a su punto de vista, sino que responden sólo a la perspectiva del espectador. El marketing del film ha girado en torno a este gancho: una de las actrices más atractivas de moda, muestra generosamente todos sus encantos ocultos en una película de Garci.
Esta situación ha dejado perplejo a una porción importante del público tradicional del cineasta madrileño. Aquellos espectadores a los que les gustaba Garci precisamente porque hacía un cine al margen de los reclamos fáciles de los sex-symbols y sus curvas. Cine que muchos consideraban de buen gusto porque en él no transitaban traseros, ni pechos, ni se recreaba en la frágil lujuria masculina. Los que vibraron con Canción de cuna o El Abuelo no saben a qué atenerse a partir de ahora con Garci. Incluso muchos católicos le consideraban un poco “su cineasta”. Probablemente estaban en un error. Me explico.
Creo que Garci es un cineasta muy honrado. Nunca ha enarbolado banderas de forma hipócrita respecto a los católicos ni respecto a nadie. Sólo ha declarado públicamente su simpatía electoral por el PC o Izquierda Unida. Entonces ¿de dónde venían esas simpatías de muchos católicos tradicionales de cierta generación? Tras unas primeras películas en la España de la transición, tan frescas como interesantes, Garci empezó una trayectoria de adaptaciones literarias entre las que fue un hito Canción de cuna. Una película tierna sobre un convento de monjas, tratadas con tanta simpatía e ingenuidad que cautivó definitivamente a muchos espectadores que estaban hartos de un cine español transgresor de tabúes y promotor de “movidas”. El argumento de Canción de cuna no era un argumento principalmente de fe, como si lo era, por ejemplo, el de Marcelino Pan y Vino, por poner un ejemplo español paralelo, pero su tratamiento era entrañable y amable. Mayor hondura de fe tuvo La herida luminosa, pero cautivó menos, porque quizá era peor película. A partir de entonces siguieron cintas llenas de clasisicismo y buen gusto que mantenían fidelizados a los antedichos espectadores, que encantados de ese oasis de elegancia, no se percataban de que el tratamiento que se ofrecía de los personajes eclesiásticos distaban mucho de una imagen aceptable de la Iglesia. En El Abuelo, vemos unos monjes que se venden al dinero de la Condesa, en You´re the one, tenemos un cura borracho que a veces no puede ni salir a celebrar misa; en Historia de un beso, el sacerdote se queda mudo ante las acusaciones a Dios; en Tiovivo tenemos una beata que trafica con las devociones ajenas para forrarse, un coadjutor pesetero que sólo piensa en el dinero del cepillo, y un sacerdote en crisis por haberse enamorado de una chavala -la Pataki, curiosamente-, que al final cederá ante las seducciones del lesbianismo. Por último, en Ninette, frente al esplendor total de la belleza de la protagonista, Garci nos muestra un cura sucio, con una sotana llena de lamparones, gafas de culo de vaso, aspecto desaseado, y que muestra una forma algo cutre de pensar y vivir.
Un crítico dijo una vez por la radio que estos clérigos de Garci se parecen a los de Bernanos o Graham Greene, pero la hondura existencial de estos últimos, junto a su profunda conciencia dramática de la fe, no tienen nada que ver con el esquematismo ciertamente tópico y de vuelo rasante con el que Garci diseña los citados personajes.
En conclusión, creo que Garci no ha sufrido un cambio decisivo en su trayectoria respecto al catolicismo, ni ha “traicionado” a nadie, sencillamente hay quien le ha interpretado erróneamente durante años. Hasta ahora Garci se ha mostrado libérrimo a la hora de hacer cine, y no le ha importado hacer un cine al margen de la moda. Y eso le honra. Pero también hay que decir que Ninette emplea recursos que parecen aproximarse demasiado a las malas artes del cine que busca taquilla fácil. Y eso sí que nunca lo había hecho Garci. Esperemos que sea solo una errónea percepción.