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MEETING DE RIMINI

Ni castillos ni nostalgia, catolicismo a campo abierto

Ni encastillamiento ni victimismo. Pasión por la libertad. En la Europa en la que el laicismo se enseñorea y en la que el terrorismo yihadista ha acabado con 50 años de paz, la última edición del Meeting de Rimini, celebrada en la última semana de agosto en la ciudad italiana que baña el Adriático, ha ofrecido el testimonio de unos católicos que, con una identidad clara, dialogan con la izquierda y con la derecha, con los judíos y con los musulmanes, con los laicos ateos y con cualquier protagonista de una experiencia artística, empresarial o intelectual que afirme la positividad de lo real en un páramo dominado por el nihilismo y el relativismo.

Salvo honrosas excepciones, la prensa española no suele hacerse eco del Meeting de Rimini, aunque se ha convertido en uno de los eventos culturales más importantes de todo el año en el Viejo Continente. Desde hace 26 años, durante siete días, este acontecimiento difícil de clasificar convoca a cientos miles de personas que acuden a conferencias, mesas redondas (este año más de 100), exposiciones, competiciones, deportivas, obras de teatro, conciertos... Entre los invitados, siempre hay protagonistas de la escena internacional. Una auténtica fiesta de la cultura de carácter popular. Este año se han vuelto a superar cifras de asistencia -han participado más de 700.000 personas- y se ha batido un nuevo record en el número de voluntarios -más de 3.000- que hacen posible este auténtico fenómeno de masas.

Aunque las cifras son espectaculares, lo que más llama la atención al que asiste al Meeting es la unidad, todo lo que en él sucede tiene como punto sintético una experiencia cristiana que no quiere dejarse encerrar en las sacristías. Una experiencia cristiana que es capaz de ofrecer un punto de vista novedoso se hable de política, de ciencia, de arte, de literatura o de enseñanza. Los organizadores del Meeting, miembros de Comunión y Liberación, querían dedicarlo este año a la cuestión de la libertad y han seleccionado como lema una frase que el Quijote dirige a Sancho: "la libertad es el don más preciado que a los hombres dieron a los cielos". Un lema que se encargó de explicar el español Julián Carrón, nuevo presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación tras la muerte de Luigi Giussani, fundador de este movimiento. Carrón, cuya intervención fue seguida por 15.000 personas y ovacionada durante 10 minutos, explicaba en una entrevista publicada por Il Corriere de la Sera la experiencia de fe que hace posible esta iniciativa en la que el catolicismo es testimoniado a campo abierto, afrontando las cuestiones más candentes y convocando a personalidades de todo el espectro político y cultural. "En la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Colonia -decía Carrón- me ha llamado la atención el deseo del Papa de transmitir la alegría de la fe; ¡porque la fe y la alegría -dijo Benedicto XVI- no son un conjunto de preceptos y deberes! También el Concilio dice que la verdad cristiana es un acontecimiento, es vida, y se transmite sólo a través del testimonio de vida. Lo esencial es volver a despertar el interés del anuncio, el sentido de novedad de los primeros cristianos. Es como enamorarse; Don Guissani habla de volver a hervir, a bullir". En esa misma entrevista el sacerdote español reconocía que, en muchas ocasiones, a la Iglesia le ha faltado frescura: "Es evidente que algo no ha funcionado en la transmisión de la fe, No basta ni podía bastar reducir la fe a una ética, a un discurso correcto y limpio, en un subrayado a veces excesivamente moralista del cristianismo".

No se trata de un discurso ético y los cielinos -apodo con el que se conoce a los seguidores del movimiento Comunión y Liberación en Italia- han vuelto a dar buena prueba de ello este verano.

Invitaron para arrancar el Meeting a Marcelo Pero, el presidente del senado italiano, un profesor de filosofía de la ciencia de gran altura intelectual que suena entre los posibles sucesores de Berlusconi, un no católico, un liberal de inspiración popperiana. Pera hizo una autocrítica profunda de su credo liberal, puso de relieve las debilidades de Europa y la insuficiente respuesta que supone el multiculturalismo. Conectaba en este último punto con algunas afirmaciones que había hecho un día antes Giancarlo Cesana -uno de los máximos dirigentes de Comunión y Liberación- qué había sostenido que el mayor enemigo de la libertad es el relativismo. Los asistentes a la conferencia de Pero, el llamado "pueblo del meeting", aplaudió muchas de las afirmaciones del presidente del Senado, afirmaciones propias una derecha inteligente que es conciente de la crisis moral que sufre Europa. Pero el Meeting supo distanciarse de sus simpatías hacia los neoconservadores y de algunas afirmaciones que parecían sugerir una guerra de religiones como respuesta al terrorismo islamista. En Rimini a los invitados se les acoge, se valora todo lo que dicen, pero siempre se parte de la una hipótesis proporcionada por la experiencia cristiana que impide "quedarse pillado" en una opción ideológica. Y el Meeting ha ofrecido algunas una hipótesis sobre cómo afrontar esta cuestión. En la línea de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, nada de guerra de religiones, ni de choque de civilizaciones: dialogo con el Islam verdaderamente religioso. Y este diálogo, del que muchos hablan pero que pocos consiguen, se ha materializado en la ciudad del Adriático. Varias mesas redondas han permitido un fructífero encuentro con musulmanes que han relato su experiencia de búsqueda de significado -común a todo hombre- dentro del Islam. Este método de diálogo, no basado ni en lo políticamente correcto ni en la mínima convergencia de sistemas ideológicos, ha hecho posible también reconocer experiencias comunes con importantes exponentes del mundo judío estadounidense. Es el caso profesor Joseph Weiler, catedrático de derecho constitucional en Nueva York. .

Cuando cierta derecha quiere encastillarse en un occidente "rearmado moralmente" frente al Islam y, cuando cierto catolicismo sueña con fortines en los que resistir frente a los vendavales laicistas, los cielinos han salido a campo abierto a proponer su fe y a encontrase con todos. También con los laicos. No es casualidad que uno de los invitados más aplaudidos haya sido el excomunista Giuliano Ferrara, director de Il Foglio. Un ateo que, después de criticar el aborto libre, ha pedido a los cielinos compartir un amor por la vida que distingue del amor a la muerte de los terroristas. Encuentro y diálogo también con los políticos del gobierno y la oposición. Los miembros de Comunión y Liberación han desarrollado en los últimos años la Compañía de las Obras (CDO), una especie de patronal que agrupa a miles de pequeñas y medianas empresas y a entidades no lucrativas. En el Meeting se ha hablado mucho de política pero no en abstracto, sino planteando demandas y soluciones concretas nacidas de la CDO. El Gobierno de Berlusconi ha tenido que escuchar cómo representantes de la Compañía de las Obras criticaban su falta de determinación para aumentar la libertad educativa y su falta de independencia financiera y la izquierda- todo indica que va a ganar las próximas elecciones generales- cómo se le reclamaba que abandonara su vieja mentalidad estatista. No eran reivindicaciones retóricas. La CDO ha trabajado durante todo el año para conseguir un pacto entre parlamentarios de derecha, izquierda y centro que asumiera, de forma práctica, los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia. Ese pacto, al que se han adherido 200 parlamentarios, denominado Pacto del Intergrupo por la Subsidiariedad se ha presentado en el Meeting de este año. Una prueba más de un modo de vivir la fe creativo, que no está paralizado por la nostalgia y que es capaz de poner de acuerdo a políticos de todo signo.
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