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EL TÉRMINO MEDIO

El velo y el tanga

La azora del Corán llamada de los Partidos dice: “¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas, a las mujeres de los creyentes, que se ciñan los velos. Ése es el modo más sencillo de que sean reconocidas y no sean molestadas” (XXXIII,59). Los juristas musulmanes discuten sobre lo que debe ser cubierto de la anatomía femenina y, de hecho, la aplicación de este pasaje varía de un lugar a otro.

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De lo que no cabe duda es de que esta norma sobre la indumentaria femenina tiene una doble finalidad: por un lado, una religiosa, pues con esa forma de vestir se está diciendo que se es musulmana, y, por otra, una de protección de la mujer, lo cual dice también mucho de la visión que el Corán tiene del varón y es que, cuando algo se dice de las unas, como cara inversa de la moneda, algo se dice también de los otros.

El otro día, una amiga, profesora de instituto, me comentó que una alumna musulmana de 12 años, alumna de 1º de la ESO, había ido por primera vez a clase con el cabello velado. La razón parece clara, seguramente el día anterior había dejado de ser fisiológicamente niña. No faltó gente del instituto, incluido alguien del personal, que le dijeron que se lo quitara. Evidentemente no hay, en principio, ninguna ley que prohíba que esta chica hurte su cabellera a la mirada de los demás, que diga de esa manera que es musulmana, que intente frenar así a los potenciales molestadores. Si alguien lo intentase, más allá de las palabras, ella muy bien podría decir que tiene tanto derecho a ello como otras a lucir tanga y caída de pantalón por el instituto.

En todo caso, esta chica, como tantas otras en España, tendrá que vivir una doble presión, la de quienes dicen que lleve velo y la de quienes dicen de forma directa o indirecta que se lo quite, lo cual es casi sinónimo de que se integre en el club de las tanguistas. Porque la partida que se le presenta a la mujer de hoy parece como si solamente tuviera dos cartas para jugar: o velo o tanga. En esta disyunción bipolarizada se encontrará con que, mientras lleva el velo, un día en el instituto, tendrá que sufrir alguna campaña sobre preservativos y métodos anticonceptivos y/o abortivos, en las que se da por supuesto que sobre la descarga del impulso nada hay que decir o incluso se da por sentado que eso es precisamente lo justo y natural. ¿Exagero? Me encantaría tener noticia de alguna campaña en la que, teniendo como objetivo el fomento de la libertad, se hablara del dominio de las propias pasiones para no ser esclavo de ellas y que dicho dominio no es sinónimo de represión de impulsos. Me gustaría que esa chica, como otras muchas, incluidas las no musulmanas, y también los chicos, pues con todos tiene que ver la feria, vieran que la tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

Quienes le dijeron a esa chica que se quitara el velo sin duda lo hicieron porque vieron en ello un signo de discriminación de la mujer respecto del varón, aunque muy bien podría darse también el caso, aunque esto es menos probable, de que alguno lo dijera por sentirse insultado en su condición masculina, pues indirectamente le estaba diciendo que el varón es una criatura peligrosa de la cual hay que protegerse. Francia lo de la discriminación lo ha solucionado prohibiendo cualquier signo religioso en las escuelas, lo cual es una forma un tanto injusta e hipócrita de tratar el problema. Hipócrita, pues si esa norma religiosa es discriminatoria lo será también fuera del instituto, con lo cual tendría que ser prohibida en todo el territorio y en cualquier ocasión. Injusta, pues para no ser acusada de discriminar una religión capa a todas las demás la libertad de expresión en cualquier lugar público. ¿Nosotros que haremos? Supongo que seguir burlándonos de cualquier cosa que pueda hacer referencia al pudor y seguir considerando represiva cualquier postura que no sea tanguista. Aquí, si no enseñas el tanga, es como si llevaras velo y, si no llevas velo, como si enseñaras el tanga.
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