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EL MUNDO DE LA MINUSVALÍA

Las llaves de casa

Se ha estrenado con el habitual retraso de las obras importantes Las llaves de casa, última película del comprometido cineasta italiano Gianni Amelio, director de las conocidas Lamérica y El ladrón de niños. Es la historia de un padre y un hijo.

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Víctima de un parto traumático, Paolo tiene una minusvalía física y mental. Ahora tiene 15 años, pero su padre Gianni le abandonó el mismo día de su nacimiento, cuando la madre murió en el parto. Gianni decide conocerlo ahora, 15 años después, y acompañarle a Berlín para una rehabilitación médica. Comienza una conmovedora relación paterno-filial que cambiará a ambos para siempre.

El origen del actual proyecto está en un encargo de la RAI para que Amelio adaptase la novela Nacido dos veces de Giuseppe Pontiggia (1934-2003). Se trata de una novela, con ciertos elementos autobiográficos, que a finales de los noventa escribió el literato alpino teniendo en mente a su discapacitado hijo Andrea, que contaba entonces casi 30 años. La novela, publicada por Mondadori en 2000, no es sólo una reflexión sobre el mundo de los handicappati, sino una mirada antropológica sobre el hombre de hoy, débil, menesteroso. Pero una mirada edificante y positiva. “Lo que cuento, junto a la relación de un padre con su hijo, es la discapacidad de toda la sociedad, que no sabe afrontar la enfermedad porque rechaza el sentido del límite”, declaró Pontiggia sobre el libro.

Gianni Amelio hace una aproximación muy libre, personal e íntima a la novela para construir su propia experiencia, experiencia que le facilitó el trato con el actor discapacitado Andrea Rossi, que encarna a Paolo en el film. La película es ciertamente hermosa, exalta la relación padre-hijo sin excluir el sacrificio ni el sufrimiento, y hace una presentación digna y positiva de la deficiencia mental. Sin embargo, los múltiples valores antropológicos del film, quedan un poco difuminados por su ritmo parsimonioso, y por la ausencia de momentos dramáticamente “fuertes”. Eso no significa que no haya escenas discretas cargadas de emoción, como los primeros abrazos o cuando el padre lava a su hijo. Especialmente rico es el personaje de Nicole (Charlotte Rampling), una mujer realista y sufriente dedicada por completo al cuidado de su hija, también discapacitada. A través de sus conversaciones con Gianni, este va adquiriendo una conciencia más clara de lo que ha sido su vida y de lo que significa su hijo para él. Planos muy cortos nos sitúan muy cerca del drama de los personajes. Un canto a la condición humana, a la condición de padres y a la de hijos y al valor del sufrimiento por amor. Como afirma Pontiggia, “este niño debe nacer dos veces: la segunda vez es un renacer confiado al amor y al cuidado de los otros”.
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