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SECTARISMO EDUCATIVO

Los profesores de religión

Hemos empezado nuevo curso escolar, con problemas educativos fundamentales sin resolver y con una Administración más preocupada en obstaculizar el derecho y la iniciativa de la sociedad civil, incluida la Iglesia, a participar en la educación que en facilitar y promover la cooperación mutua.

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La aplicación de la Ley Orgánica de Calidad Educativa (LOCE), elaborada con amplio consenso durante el gobierno popular, nos auguraba para el curso anterior y para el presente, el inicio de una etapa de mejora sustancial del sistema educativo español. La LOCE era una Ley ideológicamente integradora del pluralismo de creencias y opciones existentes en la sociedad española; era incluyente, no restringía ni discriminaba a nadie, además de muchas otras potencialidades de calidad, que es lo que necesitamos. Sin embargo, una vez en el poder después del 11-M, el Gobierno de Zapatero, sin que mediara ninguna iniciativa de diálogo, paralizó la aplicación de esa Ley Orgánica con un real decreto y se dispone ahora a aprobar otra ley, que ya no es de calidad, es ideológicamente sectaria y restrictiva y no atiende a la demanda de diálogo y consenso de un amplio sector de la sociedad.

El caso de los Profesores de Religión Católica no es un problema fundamental en sí mismo; la cuestión fundamental es la concepción de la educación y del sistema educativo que subyace al problema que sufren estos trabajadores de la escuela. Es el tema de fondo de la Ley Orgánica de Educación (LOE) que prepara con grandes dosis de sectarismo ideológico la Ministra San Segundo acorde, por supuesto, con Zapatero. Dejo este tema para el momento del debate de la Ley en el Parlamento. Quiero decir una palabra de respaldo y aclaración sobre el trabajo de los Profesores de Religión Católica.

Pienso que es importante deshacer unos tópicos del discurso falsario utilizado por algunos medios de comunicación y por la misma Administración cuando se refieren a los Profesores de Religión: que son trabajadores de la Iglesia, dan catequesis, adoctrinan, imponen un sistema moral, no están preparados, no hay manera de controlarlos, son unos intrusos en la escuela pública, son algunas de las banalidades y prejuicios interesados, a falta de voluntad real para dialogar y para acoger con respeto la presencia de la Religión Católica y sus profesores en la escuela.

En primer lugar, los Profesores de Religión no trabajan para la Iglesia, trabajan para la sociedad, para las familias de nuestra sociedad que quieren que sus hijos reciban clase de Religión Católica. Por tanto, no hay que defender a los Profesores de Religión, ellos no son el valor esencial en este conflicto. Lo que hay que defender con claridad y sin tibieza es el derecho de los padres, la demanda de la sociedad a los poderes públicos, a disponer de profesionales capacitados para ayudar a desarrollar en el ámbito de la escuela las capacidades religiosas de los alumnos, según la voluntad de sus padres, como garantiza el artículo 27.3 de la Constitución Española.

En segundo lugar, los Profesores de Religión no son catequistas y, por tanto, no dan catequesis en la escuela. El lugar de la catequesis es la familia y la parroquia, donde se educa en la fe en orden a la vivencia y la interiorización, la celebración y la práctica. En la escuela, los profesores trabajan la Religión como un hecho de la Cultura y, por tanto, como un “saber” en el sentido amplio del término. Como todas las religiones, la Religión Católica tiene unas dimensiones que la convierten en objeto de estudio científico, y no sólo en opción para la práctica y la vivencia personal. La Religión es historia y arte, es doctrina, es ética y moral, es antropología y filosofía, es culto, rito y liturgia, es vivencia mística y expresión social, es asentimiento libre del corazón y razonamiento, es búsqueda esperanzada de la razón y confianza… El conocimiento de cada religión implica la transmisión del saber teológico de manera ecuménica e interdisciplinar. Los objetivos, los contenidos, la metodología y la planificación didáctica son los propios del estudio, la reflexión y la aplicación en la escuela.

En tercer lugar, los Profesores de Religión no imponen ninguna doctrina, su trabajo no es “adoctrinar”, término utilizado en sentido peyorativo. Ésta es una de las falsedades más gruesas utilizadas en contra de la asignatura. Está claro que el Profesor de Religión instruye en el conocimiento de una doctrina, porque cada religión tiene una dimensión doctrinal que la distingue y la identifica ante las demás. La acusación de “adoctrinamiento” es burda e inconsistente. ¿Quién garantiza que los profesores de las demás asignaturas no adoctrinan? Aunque incluso la Ministra diga, de manera falsaria, que hay que “acabar con la religión obligatoria”, el Centro se limita a ofrecer obligatoriamente la enseñanza, porque los derechos de los padres y los alumnos lo exigen; la clase de Religión es voluntaria y responde a la voluntad de los padres de que sus hijos desarrollen sus capacidades religiosas. Lógicamente, la selección de los profesores debe hacerse de acuerdo con la religión que enseñan.

En cuarto lugar, los Profesores de Religión no imponen ningún sistema moral, su trabajo no es “lavar el cerebro a nadie” en la cuestión ética. Lógicamente, la Religión tiene una dimensión ética que se formula en valores fundamentales, como la dignidad de la vida y de la persona y los derechos inherentes; y en criterios éticos, como la libertad, la igualdad, la fraternidad, el perdón, la paz, la justicia, el bien común, la participación,... que son valores universales comunes en la formación de ciudadanos libres y responsables. Formar ciudadanos es lo que hace el Profesor de Religión con las propuestas éticas que trabaja en su área de conocimiento. Una vez más, reitero que la opción por la clase de Religión Católica es voluntaria y responde al derecho y al deseo de los padres.

En quinto lugar, los Profesores de Religión no son personal sin cualificar, están preparados para la enseñanza como los demás. Conocen y están capacitados en los principios de la didáctica y la pedagogía de la Religión. La preparación es la adecuada para los distintos niveles, infantil, primaria, secundaria y bachillerato. Algunos son doctores, muchos tienen dos licenciaturas, otros son diplomados y maestros, en carreras como Filosofía, Historia y Arte, Geografía e Historia, Antropología, Sociología, Pedagogía, Teología y Ciencias Religiosas, Psicología o Filología, completadas con los estudios obligatorios para la obtención de la Declaración Eclesiástica de Idoneidad, imprescindible para enseñar la materia.

En sexto lugar, los Profesores de Religión no son unos intrusos en la escuela pública, son miembros del claustro a todos los efectos. Su presencia en el claustro de profesores y en los demás órganos representativos del profesorado, así como su participación en todas las actividades, tienen un fundamento jurídico de rango internacional: el Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Educación, en vigor desde el 3 de enero de 1979. Es un Acuerdo firmado entre “Estados”, no entre Gobiernos. Entonces, el Estado Español acordó esta forma de cooperación con la Iglesia Católica, en cumplimiento del artículo 16.3, que reconoce la pluralidad de las creencias religiosas de la sociedad y fija los deberes de los poderes públicos de tenerlas en cuenta. Sobre esta base y la libertad religiosa, libertad de todos los ciudadanos creyentes y no creyentes, el Acuerdo garantiza el cumplimiento del artículo 27.3 del derecho que asiste a los padres de que sus hijos sean educados, en el ámbito escolar, de acuerdo con sus opciones morales y religiosas.

Aquellos que quieran seguir hablando de los Profesores de Religión como si estuviéramos en los años del régimen confesional, allá ellos; ignoran la realidad actual y desconocen, quizá porque les interesa desconocer, el proceso de formación teológica y capacitación pedagógica, los criterios de selección y el acompañamiento y la actualización y la formación permanente que garantizan la calidad y la profesionalidad de estos trabajadores y de la enseñanza que transmiten. Obvia decir que, como en todos los grupos y especialidades de profesores, no todo es perfecto; igual que en las demás asignaturas, los hay muy buenos, buenos, regulares y puede que hasta los haya malos. En todo caso, a los Profesores de Religión deben aplicarse los mismos criterios de exigencia laboral, disciplinar, competencial y profesional que a todos los demás.

 

Juan Souto Coelho es miembro del Instituto Social “León XIII”.
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