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LA PELÍCULA FAMILAR QUE HAY QUE VER

Los increíbles chicos de Pixar

Estos de Pixar son únicos. Inauditos. Jamás había existido una productora así. Y no digo una productora "de animación", sino productora en general. Sólo han hecho siete largometrajes y han sido siete obras maestras en su género. Recuerden y piensen si están o no de acuerdo: Toy Story (1 y 2), Bichos, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los increíbles y Cars -estrenada ya en Estados Unidos-.

Estos de Pixar son únicos. Inauditos. Jamás había existido una productora así. Y no digo una productora "de animación", sino productora en general. Sólo han hecho siete largometrajes y han sido siete obras maestras en su género. Recuerden y piensen si están o no de acuerdo: Toy Story (1 y 2), Bichos, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los increíbles y Cars -estrenada ya en Estados Unidos-.
Fotograma de la película Los increíbles

Nadie jamás había conseguido arrasar en taquilla siete veces seguidas. Nadie había convencido a la crítica con tanta unanimidad para cada una de las siete películas. ¡Incluso los cortometrajes que hacen para divertirse los chicos de Pixar son celebrados por público y crítica con gran entusiasmo!

Lo mejor de esto es que se trata siempre de películas tan divertidas como educativas, películas hechas "por" padres de familia que piensan en sus hijos cuando escriben el guión y dibujan los muñecos. John Lasseter, director de algunos de esos films y productor ejecutivo de Pixar es el mejor ejemplo. En fin, todo esto viene a cuento del estreno de Los increíbles, la película familiar de la temporada prenavideña.

Como siempre, este nuevo film tiene varias lecturas posibles. Y los cristianos podemos hacer una muy interesante. Fíjense en el planteamiento inicial. En la cuidad existe un colectivo de "superhéroes", personas dotadas de poderes especiales que tienen la misión de ayudar a la gente y hacer el bien: apagar incendios, evitar accidentes, salvar a quienes están en peligro,... Pero un día, uno de ellos, Mr. Increíble, salva a un suicida que se ha tirado desde lo alto de un rascacielos. Y ¿qué hace el suicida? Denunciarle ante los tribunales. "Me salvaste y yo no quería". Al parecer Mr. Increíble había violado su derecho a suicidarse, había entorpecido su libertad de destruirse. Entonces, con ayuda de la prensa, se origina un estado de opinión pública contraria a los superhéroes. Salvan demasiado. La gente ya no quiere que nadie les salve porque ello es algo contrario a su libertad. Así pues, el Estado pone en marcha un programa de "reinserción" de superhéroes por el que se les confina a ser personas normales y desapercibidas, a las que no se permite ejercer públicamente su vocación salvadora. Interesante ¿no?

Ponga usted "cristianos" donde dice "superhéroes" y tenemos un retrato de la realidad. No porque los cristianos seamos superhéroes, sino porque creemos que las personas necesitan ser salvadas, y porque nos consideramos, con toda humildad, portadores -por Gracia- de dicha salvación. Y también la opinión pública quiere encerrarnos en casa y que renunciemos a vivir nuestra vocación cristiana en la Plaza pública.

A ver. No digo que Brad Bird, el director del film, pensase estas cosas. Ni que no lo hiciera. Lo cierto es que su película se presta a esta interpretación u otras parecidas. La sociedad no quiere héroes que contradigan el individualismo de hierro de nuestro tiempo (no olvidemos que individualismo y laicismo son conceptos indisociables). Hay quien ve la película como una historia anti-Bush (El País, v.g.), pero entonces Los increíbles es contradictoria, pues reivindica la existencia y necesidad de dichos superhéroes. En cualquier caso, vayan a verla. Los niños se lo pasarán bomba sin hacer filosofía de la historia, y usted, además de divertirse, sacará interesantes conclusiones. Y si duda entre Polar Express y esta, lea nuestra columna de la semana pasada, y opte a favor de los chicos de Pixar.