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INTEGRACIÓN EN LA MODERNIDAD

Reformabilidad del Islam

Una de las cuestiones de nuestro tiempo es el Islam. Tal vez pudiera pensarse que lo es únicamente para Occidente, ya que lo puede sentir como un cuerpo extraño que ha entrado en él y empieza a trastornarle, pero también en el mundo musulmán el mismo Islam se ha hecho cuestión. Recordemos que la fundación en Egipto en el período de entreguerras de los Hermanos Musulmanes –de los cuales derivan todos los movimientos islamistas radicales posteriores– es una reacción a un periodo de modernización que había comenzado con la presencia napoleónica entre 1798 y1801 en la tierra de los faraones.

Una de las cuestiones de nuestro tiempo es el Islam. Tal vez pudiera pensarse que lo es únicamente para Occidente, ya que lo puede sentir como un cuerpo extraño que ha entrado en él y empieza a trastornarle, pero también en el mundo musulmán el mismo Islam se ha hecho cuestión. Recordemos que la fundación en Egipto en el período de entreguerras de los Hermanos Musulmanes –de los cuales derivan todos los movimientos islamistas radicales posteriores– es una reacción a un periodo de modernización que había comenzado con la presencia napoleónica entre 1798 y1801 en la tierra de los faraones.
Los Hermanos Musulmanes, la raíz del islamismo moderno
Éste solamente es un síntoma, sin duda el más llamativo y preocupante, pero no el único; en el trasfondo de la sintomatología hay millones de musulmanes que se ven ante la necesidad de dar respuesta a dos realidades: la modernización y el Islam. La respuesta radical dirá que la única solución es el rechazo de lo occidental y la islamización de la sociedad a partir de una interpretación rigurosamente literal del Corán; desde Sayyid Qutb las corrientes más extremas considerarán también lícito el recurso a la violencia para islamizar la sociedad, incluidas las occidentales. Otros piensan que la modernidad y el Islam son compatibles y, para ello, ven necesario y posible reformarlo; en esta posición, hay que situar, como ejemplo más reciente, el libro Mis dilemas con el Islam de Irshad Manji, escritora musulmana afincada en Canadá y de origen ugandés, que hace poco se presentó en España.
 
La compatibilidad del Islam con la cultura occidental es un problema para los mismos musulmanes y esta cuestión nos debería llevar a preguntarnos, también a nosotros, si es que todavía no lo hemos hecho, sobre la reformabilidad del Islam. Con frecuencia, en Occidente, nos encontramos con una actitud multiculturalista que viene a decir que todo es asimilable y que para el funcionamiento de una sociedad democrática es indiferente cual sea el contenido de una cultura o religión pues, a fin de cuentas, todas vienen a ser, para este modo de pensar, equivalentes. Además hay también una no pequeña dosis de ignorancia e ingenuidad en no pocos, que les lleva a pensar que determinados principios occidentales, que tienen su fuente en el cristianismo, son algo que se da espontáneamente en todas partes y no como consecuencia de una serie de costosos y largos procesos culturales e históricos que solamente han sido posibles en Occidente a partir de Jesucristo. Hay también una tendencia a pensar que las religiones afectan únicamente a aspectos externos de la vida, como pueden ser determinados ritos, tiempos de oración, costumbres alimenticias, etc., pero lo cierto es que no hay nada que afecte más global y profundamente al hombre que la religión.
 
Pienso que un cristiano tiene siempre el deber y la necesidad de ser un ciudadano y éste, sea o no cristiano, siempre es responsable de los problemas de la sociedad de que forma parte, por eso, es necesario, no simplemente conveniente o accesorio, que, en la medida de nuestras posibilidades, nos preguntemos y pensemos sobre la reformabilidad o no del Islam, pues de ello depende una real integración de los emigrantes musulmanes en nuestro mundo y, por tanto, dado el gran número de ellos, de la misma viabilidad de nuestras sociedades democráticas. Evidentemente quien quiera vivir bajo algún tipo de autoritarismo no tiene por qué hacerse cuestión de ello, pero sí quien crea que la organización democrática de una nación merece la pena, porque no se trata simplemente de que cohabiten musulmanes y cristianos en un mismo territorio, con una mayor o menor tolerancia o discriminación religiosa, sino si es posible una sociedad democrática con una numerosa población musulmana.