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MANIFESTACIONES

Nos estamos jugando la democracia

El partido socialista llegó al gobierno de España por la calle y, a este paso, saldrá por la calle. No sabemos si Zapatero se irá de vacaciones muy satisfecho, poco satisfecho o nada satisfecho con su ingeniería moral; lo que sí tenemos claro es que en este mes de junio la temperatura política y ciudadana alcanzará temperaturas insospechadas.

El partido socialista llegó al gobierno de España por la calle y, a este paso, saldrá por la calle. No sabemos si Zapatero se irá de vacaciones muy satisfecho, poco satisfecho o nada satisfecho con su ingeniería moral; lo que sí tenemos claro es que en este mes de junio la temperatura política y ciudadana alcanzará temperaturas insospechadas.
Manifestación en la plaza de Colón
Del 4 de junio –manifestación contra el diálogo traidor– al 18 de junio –manifestación contra el matrimonio inexistente–, bajo la Espada de Damocles del No por sistema de la excepción francesa, la calle dejará de ser de izquierdas para ser de todos, y pedir a un gobierno, el socialista, que lo sea, también, de todos. A estas alturas del drama, y de la trama, ya sabemos que lo que nos estamos jugando en España es la democracia, como sistema, y como algo más que sistema.
 
Conviene recordar algunos de los principios de la doctrina social de la Iglesia sobre la democracia como fundamento de algunas de las decisiones que se han producido en estos días por parte de destacados grupos de católicos. Juan Pablo II ha ofrecido, con su magisterio, un apoyo decidido a la democracia política. La fe cristiana no siente como ajenos los principios de libertad, igualdad y solidaridad. Las encíclicas Redemptor hominis, Sollicitudo rei socialis y Centesimus annus son una buena muestra de lo que afirmamos. En esta última, Juan Pablo II señala que “la Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituidos oportunamente de manera pacífica” (n. 46).
 
Manifestación de la AVTLa democracia es apreciada como método de toma de decisiones, como vehículo de participación en el destino de los pueblos y como ejecutora de medidas en pos del bien común. No debemos olvidar que no es un mero procedimiento neutro, sino que implica un juicio moral de fondo en la medida en que discierne propuestas prácticas de resolución de conflictos. Una correcta comprensión de la democracia implica un comprensión de un contenido moral como referente último de la acción. Un programa político es bueno, mejor que otro, en la medida en que produzca un beneficio y se atenga a una justicia que está no sólo en el consenso de lo propuesto sino en el respeto de la naturaleza del hombre y de sus relaciones básicas.
 
La democracia, por tanto, no es sólo un procedimiento para tomar decisiones mediante el juego de las mayorías, sino un contenido de valores que la fundamentan. Antes del contrato está la alianza. Si la democracia consiste en decidir con vistas al bien común de los ciudadanos, el olvido del bien común, o la sustitución por el bien particular de unos pocos – poderosos oligarcas, plutócratas o lobbies sexuales- se genera una ineludible desconfianza, apatía y quiebra del sistema. La legitimidad de la democracia no deviene sólo de su carácter procedimental, de su formalidad, sino de su servicio a la verdad de la persona. ¿Acaso no recordamos lo que ocurrió cuando el totalitarismo triunfó gracias al procedimiento?
 
Mamifestación en favor de la familiaEl Consejo de Laicos de la Archidiócesis de Madrid ha escrito un comunicado, enviado a todos los movimientos, asociaciones, que se leerá en las parroquias de la capital de España durante los fines de semana previos a la manifestación del 18 de junio, en el que se lee. “Las polémicas medidas promovidas por el Gobierno en campos que afectan a la vida humana, a la dignidad del matrimonio y de la familia, a la educación y a la protección de los derechos de los niños que puedan ser adoptados, han suscitado una honda inquietud en miles de ciudadanos preocupados por el futuro de nuestra sociedad y de sus instituciones básicas. Dado que las iniciativas de diálogo planteadas no han sido tenidas en cuenta y siendo previsible que no lo serán, creemos en conciencia que debemos manifestarnos públicamente para hacer valer nuestros derechos democráticos y oponernos a leyes como la de llamar matrimonio a las uniones de parejas del mismo sexo y permitirles la adopción de niños, facilitar las rupturas matrimoniales, autorizar la experimentación con células embrionarias o controlar el ideario de los centros educativos concertados, leyes que suponen, a nuestro juicio, una agresión a los fundamentos de la vida familiar y social”.
 
Dado que hay procedimientos de toma de decisiones que se están pervirtiendo y deslegitimando por los contenidos que les confiere la política socialista, ha llegado la hora de empezar a utilizar las vías paralelas de la reivindicación. Quizá el Gobierno necesite la visibilidad de los metros cuadrados de la castellana, ocupados por la protesta, para darse cuenta de que gobierna, con el dinero de todos y con el futuro de todos, para unos pocos. ¿Acaso para la mitad? Probablemente, ni eso...
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