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Cocomochov y Marta Rovirova

¿Cuál va a ser la respuesta del Gobierno? ¿Se quedará, otra vez, sólo en palabras? ¿Nos dirán que son hechos aislados?

Javier Somalo
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Rovira y Naryshkin | EFE

El responsable del espionaje exterior ruso, Serguéi Naryshkin, y la mártir golpista Marta Rovira coinciden: España es un país represor que ejerce "brutal violencia policial". Conviene insistir en que el juicio lo emiten un espía ruso y una golpista. Ante tal premisa, no cabría hacer muchos más comentarios pero me temo lo peor.

Este mismo viernes, el portavoz del Gobierno que no detecta episodios de adoctrinamiento en las escolas esteladas –Íñigo Méndez de Vigo– ha querido tranquilizar a los ciudadanos diciendo –declamando, más bien– que en caso de que los rusos se dedicaran a boicotear electrónicamente las elecciones del 21 de diciembre no pasaría nada porque las actas se conservan y se pueden volver a contar los votos. No está mal visto. De hecho, puede el ministro contratar al párroco que oficiaba misa mientras unos sobrevenidos monaguillos contaban en el altar papeletas ilegales de un referéndum ilegal que no se iba a celebrar de ninguna manera porque se iba a impedir de todas formas.

Esta vez, el ataque ruso no ha venido de Twitter o de "Rusia Today" –que es como la de Yesterday pero con hackers– sino de un alto funcionario del gobierno. ¿Cuál va a ser la respuesta del Gobierno? ¿Se quedará, otra vez, sólo en palabras? ¿Qué pasa cuando una golpista candidata a unas elecciones que se han puesto como vía para devolver la legalidad a Cataluña dice que el Gobierno amenazó "con sangre y muertos en las calles" y encima coincide con el KGB aunque ya no se llame así? ¿Nos dirán que son hechos aislados?

Desconozco aún si la presunta trama rusa colaboracionista con el golpe tiene entidad o es un bluf propio del exhibicionismo de las redes sociales. Si algo hay de cierto, el Gobierno debería estar analizando su respuesta y nuestra protección pero con más eficacia que cuando buscó urnas de metacrilato y se las colaron de plástico barato. Con más ahínco que cuando dijeron tener controlados a los Mossos mientras se vejaba a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Con más valentía que cuando se responde al Rufián de los grilletes pidiendo perdón por las posibles rozaduras –ni siquiera reales– en el traslado de los presos. Con más energía que cuando se responde a Bélgica por el grado de confort de la prisión española a la que puede ir su huésped VIP, el Muy Honorable Cocomochov.

Ya tenemos a Rovirova denunciando que el Gobierno amenazó con una masacre callejera, al jefe de los espías rusos calificando a España de Estado policial y a Bélgica dudando si la calidad de nuestras cárceles es lo bastante digna como para albergar a su protegido. Como la estrategia ante tanto acoso vaya en un Piolín, lo de diciembre puede ser otro desastre. Y TV3 sin intervenir…

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