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El Dos de Mayo de Mas y Urkullu

Urkullu y Mas asoman juntos las patitas el día en el que sólo Madrid celebra el Dos de Mayo.

Javier Somalo
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Este Dos de Mayo hemos tenido noticia de una reunión "secreta" entre dos presidentes regionales: Íñigo Urkullu y Artur Mas. La cita, que duró dos horas y media, se produjo el jueves, no estaba en las agendas y no tuvo cobertura informativa. Lo que estaba claro es que se daría a conocer el día en el que Madrid –no sé por qué sólo Madrid– conmemora la insurrección que guió a España a la independencia de Francia. Hay otro detalle importante sobre la puesta en escena: es Artur Mas el que visita a Íñigo Urkullu en el Palacio de Ajuria Enea. O sea, es Artur Mas el que propone o, como dicen los nacionalistas, el que pilota el proceso.

Las notas de propaganda posteriores al encuentro dicen que habrá más reuniones para "profundizar en el conocimiento de las realidades propias de Cataluña y Euskadi, con sus similitudes y sus diferencias". Mensajes: ¿y si la consulta secesionista –lo único que parece preocupar a Rajoy– no se celebra sólo en Cataluña?

Si el Gobierno no es capaz de dar una respuesta legal al incumplimiento generalizado de la Ley por parte de la Generalidad de Cataluña y sólo dice que el referéndum "no se celebrará", ¿qué estrategia seguiría en caso de tener no uno sino dos desafíos el mismo día? Seguramente, la misma: "lo que no vale en Cataluña no vale en el País Vasco". Pero lo cierto es que entonces interpretará que tiene dos frentes abiertos y ya se sabe que a las puertas de unas elecciones generales lo que prima es dialogar.

Antaño se cometió el error de poner el foco en el País Vasco cuando era Cataluña la que daba pasos más firmes hacia la secesión. Pero, claro, había muertos y los terroristas que mataban eran nacionalistas vascos. Con Carod Rovira fuimos testigos de cómo la ETA amalgamaba intereses hasta el punto de que un separatista podía pedir a la banda que no matara en Cataluña, que no convenía en ese momento. Los muertos servían, claro. Y sirven.

Ahora se nos dice que ETA ya no existe –no mata, de momento, porque manda y consigue lo que pide– y quitamos el maldito foco del País Vasco para alumbrar el problema real, que está en Cataluña. Esta es la clave del fracaso: no hay una cuestión nacional. Desde Zapatero, el Gobierno no quiere tener una idea de España. Desde Zapatero, la nación es discutible.

Atentos pues a García Margallo, ministro de Asuntos Exteriores Internos, y a la agenda de la Casa Real. Si empezamos a ver mucho aurresku en los telediarios prepárense para el gran pacto. De momento, Urkullu y Mas asoman juntos las patitas el día en el que sólo Madrid celebra el Dos de Mayo.

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