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Jesús Fernández Úbeda

Pedro Sánchez, 'ora pro nobis'

En aquel tiempo, o sea, este martes, Sánchez predicó su buena nueva durante 84 minutos por la celebración del debate sobre el estado de la Nación.

En aquel tiempo, o sea, este martes, Sánchez predicó su buena nueva durante 84 minutos por la celebración del debate sobre el estado de la Nación.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la primera jornada del debate sobre el estado de la nación, este martes en el Congreso. | EFE

El señor presidente esté con vosotros. Y con tu espíritu. Lectura del Laico Evangelio Progresista, Resiliente y Ecotransicional, o como se diga, según Pedro Sánchez. Gloria a ti, doctor.

En aquel tiempo, o sea, en la mañana de este martes, el líder del Ejecutivo predicó su buena nueva en el Congreso durante 84 minutos por eso de que, por vez primera en siete años, se celebraba un debate sobre el estado de la Nación. Antes de que Sánchez tomara la palabra, Alberto Núñez Feijóo entró en el hemiciclo como César lo hiciera en Roma tras conquistar las Galias. La bancada genovesa recibió al augusto gallego con un aplauso de los que quiebran falanges –de las manos, digo–. Acto seguido, irrumpió el presidente del Gobierno en la cámara, y los socialistas, no queriendo ser menos en el pulso de peloteo al macho alfa, también se desvivieron en su ovación. Igual, en la próxima, disparan cañones de confeti –no me cuesta imaginar a Casero desempeñando esa tarea y, cómo no, equivocándose–.

Evangelizó Su Sanchidad, entre otros, a sus señorías, a un par de presidentes autonómicos, al sindicalista Unai Sordo, de CCOO, a una legión de periodistas y al padre Ángel, portador, en pleno julio piroclástico madrileño, de una llamativa bufanda roja. Sánchez inició su homilía con una pulla a Feijóo sobre la renovación del CGPJ. Cargó contra los curanderos que dicen que "la inflación es culpa del Gobierno" y que reafirman "prejuicios ideológicos bien arraigados en nuestro país" y se refirió, por enésima vez, a las "dos perturbaciones internacionales únicas en la historia reciente: la pandemia y la guerra de Putin". Se puso estupendo señalando que "los ucranianos no sólo están luchando por ellos: están luchando por nosotros" y comparó la invasión de Ucrania con la Guerra Civil nuestra: "Es una oportunidad para estar en el lado correcto de la Historia. Es donde estamos y donde estaremos". Los diputados de Podemos no aplaudieron. Andaban demasiado ocupados mirando sus teléfonos móviles.

Dicho esto, Sánchez se chupó un dedo, sacó su agenda y anunció una retahíla de medidas: beneficios de los abonos de Cercanías, Rodalies y Media Distancia; desbloqueo de la Operación Campamento; impuesto "extraordinario" para las energéticas y otro para las "grandes entidades financieras" –celebrado por los suyos más que el gol de Vinícius al Liverpool mientras la bolsa hacía crack–; creación de un Centro Estatal de Salud Pública; una beca complementaria de 100 euros mensuales para todos los estudiantes mayores de 16 años que disfrutan ya de una beca, etcétera. Advirtió a quienes "ponen palos en las ruedas" que "no vamos a parar y les esperamos en el futuro" y, tiemblen, proclamó que "vamos a salir de esta crisis más fuertes que cuando entramos". Reivindicó la Ley de Memoria Democrática pactada con Bildu y un "reencuentro con los catalanes". Dijo que busca la "definitiva abolición de la prostitución en nuestro país" y cargó contra los "traficantes del miedo", quienes "sostienen que todo está mal, que el país se hunde. No analizan los problemas, sino que los distorsionan". ¡Agoreros, al paredón! Esta tarde, más. Palabra del señor. Gloria a ti

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