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La irresistible ascensión de la caspa

Y lo peor es que no hay esperanza de que aparezca algún líder churchilliano o thatcheriano en el horizonte.

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En los años 90 del pasado siglo el historiador Fukuyama, en un alarde de ingenuidad y buenas intenciones, previó el fin de la historia al socaire de la caída del Muro de Berlín y del triunfo de la sociedad liberal y democrática porque se demostró que ésta es el único modelo que hace posible la prosperidad material y espiritual de la humanidad. Parecía que los totalitarismos de izquierdas, en sus distintas infamias, se habían depositado en el basurero de la historia, pero en España surge de nuevo (realmente nunca se fue de las mediocres aulas públicas) la atronadora ideología comunista, en una irresistible ascensión mediática de la caspa ideológica marxista que sólo se entiende por la ignorancia supina de profesionales y editores sobre la maldad intrínseca del comunismo y sus variantes colectivistas tan en boga en Latinoamérica.

Ver esa estética cutre-lux y esa ética de visionarios psicóticos a estas alturas de la historia es realmente preocupante porque su capacidad de convicción se aprovecha de la debilidad y desesperación social provocada por el actual sistema político-sindical, corrupto y estraperlista. Jamás nadie pensó que el imberbe asamblearismo estudiantil, arropado por los profesores progres, pudiese llegar a tocar poder. Esto sólo puede pasar en una sociedad como la española que, abatida por 37 años de un constitucionalismo partitocrático derivado en latrocinio sistemático, se entrega a los vocingleros que siempre aparecen en épocas de desolación. Una situación muy similar a la Europa de entreguerras, donde la confrontación bélica se vendía por parte de los líderes populistas como el remedio de todos los males de la patria.

Ahora, los neocomunistas caribeño-complutenses ofrecen aún más Estado (modo soviético) y menos libertad (el sicópata de Lenin se preguntaba con un cinismo estremecedor para qué servía la libertad) agitando sus patéticas banderas rojas contra "la casta". Sin embargo, la casta también son ellos: funcionarios de este régimen estatista y estatalista al que pretenden fortalecer mucho más con un control total de los medios de producción y un programa económico delirante que conduce a la más absoluta ruina social. Levitan cuando hablan de "crear comunas" y menosprecian el dinero gracias a su condición de casta funcionarial educativa (la que realmente gobierna y domina España). Pertenecen al estamento vitalicio de la casta extractiva, que con casi tres millones de personas más su entorno representa un poder casi omnímodo. Pero ningún gobierno ha tenido la valentía de desfuncionarizar la educación para evitar la monstruosa deuda pública, la incompetencia y el adoctrinamiento académicos y un Estado dentro del Estado.

Y ahora esa casposa ideología irrumpe para reforzar los peores vicios políticos de una España sin rumbo, donde nadie hace lo que debe, y sin la esperanza de que aparezca algún líder churchilliano o thatcheriano en el horizonte.

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