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Superstición y autoodio en ZPedro

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El marxismo y el psicoanálisis han sido las dos grandes supersticiones del siglo XX que se resisten a desaparecer en el XXI por la insistencia de la izquierda a no superar esos "asilos de ignorancia" (Spinoza) tan nefastos para la libertad como fueron también las religiones reveladas cuando ocupaban el espacio público.

En España esas dos supersticiones están muy vivas en el nacionalismo y los partidos de izquierda porque son su caballo de Troya para asaltar el poder y crear un "Estado dentro del Estado" como vienen haciendo desde los años 80 del pasado siglo.

Ese "segundo Estado" se forjó con el felipismo y se consolidó con el zapaterismo a raíz de los opacos atentados terroristas del 11M. Y después de la vergonzosa indolencia del gobierno de Rajoy se ha llegado a la apoteosis del reino del odio con la maniobra politiquera de ZPedro Sánchez, quien conjuró a todo ese marxismo y nacionalismo decadente y opresor para volver al diván del poder: su escenario natural donde manifiestan autoodio y taras psicológicas que transfieren en ideología "progresista", aunque son incapaces de ocultar sus continuas tentaciones totalitarias al aplicar sus traumas a la sociedad. Así, imponen leyes "de género" obviando el "habeas corpus", de "memoria sectaria" y ahora intentan arrestar y condenar toda una época de la historia de España como fue el franquismo; es decir, nuestros abuelos, padres y muchos de nosotros podríamos ser culpables de apología por vivir sin remordimientos y manifestarlo. (Por cierto, qué hace Ciudadanos poniéndose de perfil ante este probable atropello a los recuerdos y al pasado histórico).

Con estos "gestos", la izquierda y el nacionalismo muestran sus insuperables conflictos para "matar al padre" a pesar del diván del poder. Es un malestar endógeno que transmiten a la sociedad de forma constante. Son siempre parte del problema. Su inmadurez refleja el síndrome del adolescente malcriado, personificado en ZPedro Sánchez, un personaje atado a 22 sectas cada cual más destructiva de un régimen constitucional que garantiza la libertad individual y la igualdad, aunque mima injustamente, a causa de una nefasta ley electoral, a las minorías nacionalistas, culpables de una impostada crisis social jamás vista en una nación europea contemporánea.

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