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José García Domínguez

El estado de la Nada

Y es que, otra vez, cayó el gallego en la trampa para elefantes de la economía. Uno de los pocos terrenos, acaso el único, donde cesante y aspirante andan en igualdad de condiciones.

José García Domínguez
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No adelantará las elecciones. Lo quiso ratificar, y por escrito, en el discurso. De ahí que, sin venir a cuento, diese en anunciar ante la Cámara el solemne propósito presidencial de defender no recuerdo qué futilidad "en la cumbre del G-20, que tendrá lugar en el mes de noviembre". La fecha, noviembre, era el mensaje. Nada más tenía que decir. Así que nada más dijo. Y como el otro tampoco nada traía que contar, salvo su revival del "márchese, señor González", asistimos, tan cansino, al déjà vu habitual. Al rutinario modo, don Mariano caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada. Y es que, otra vez, cayó el gallego en la trampa para elefantes de la economía. Uno de los pocos terrenos, acaso el único, donde cesante y aspirante andan en igualdad de condiciones.

Adentrados en esos zarzales, ninguno de los dos, en el fondo, sabe de lo que habla. Y, para desdoro de Rajoy, se le nota. Mucho, además. Zapatero enmascara su ignorancia como suele, enrocado en una retahíla arbitraria de cifras, porcentajes y estadísticas que en sí nada explican, pero impresionan a los simples, que es de lo que se trata. Desbordado por el caos, Rajoy se descubre entonces atrapado en una enredadera numérica de la que ya no logra liberarse. La historia de siempre. Eso sí, tras los muy manidos lugares comunes de ambos, un prejuicio compartido: suponer que el aceite de ricino de los recortes presupuestarios va a curar –y no a agravar – la situación del enfermo.

Como si la austeridad fiscal, sin más, hubiese servido alguna vez para superar una crisis económica. Igual que la cantinela de la "confianza", tan cara al de Pontevedra, puro pensamiento mágico. Con Rajoy, pues, cautivo y desarmado en el jardín de la inflación subyacente y otras hierbas, Bildu se quedó en nota a pie de página. "No les pase ni una vulneración de la Ley", exigió en su primera –y última– referencia al asunto. Rigor que, según parece, no debe hacerse extensivo a sus socios de CiU, los mismos que han retirado la bandera de España en decenas y decenas de Ayuntamientos. En fin, ¿que quién ganó? A la espera del share, me atrevo con un pronóstico: Terelu y la Esteban.

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