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José García Domínguez

La Esquerra se divorcia del PSOE

A Fray Junqueras, y con suma discreción, le están preparando una opa hostil. Que se olvide Sánchez de que le vote el Presupuesto.

José García Domínguez
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A Fray Junqueras, y con suma discreción, le están preparando una opa hostil. Que se olvide Sánchez de que le vote el Presupuesto.
Oriol Junqueras, el pasado 25 de julio | EFE

El aleteo errático de una mariposa provincial extraviada en un bosque de Bélgica puede provocar un pequeño terremoto en Madrid. O eso sostiene la Teoría del Caos, o sea, de Puigdemont, el President Emèrit cuya última cabriola circense ha consistido en darse de baja de su propio partido, esa triste sombra de la difunta Convergencia de Pujol que responde por PDeCAT, para alistarse en otro, Junts per Catalunya, cuyas siglas, incluso las siglas, resultan ser propiedad legal del orillado.

Tipo curioso, el Èmerit. Es un loco, sin duda, y también un aventurero frívolo e ignorante, pero no así un tonto. Puigdemont, a diferencia del mortecino agente de seguros Torra y de Fray Junqueras, no tiene nada de tonto. De ahí que haya tenido la lucidez lampesusiana de comprender que la única manera de perpetuar el pujolismo pasa por destruirlo ahora. Pujol, quien a diferencia de la muy arrogante izquierda doméstica con que le tocó lidiar tampoco era tonto, siempre tuvo claro que el indigenismo catalán, o sea el catalanismo, debería adoptar las formas de un movimiento, no las de un partido.

Y eso fue CDC desde el mismo instante de su fundación en el claustro del monasterio de Montserrat, un movimiento de liberación nacional con alma de gerente de ultramarinos, algo esencialmente popular e interclasista, no la expresión política de la alta burguesía catalana, como siempre quisieron creer esos pobres pardillos de Madrid. CDC no era el partido de la derecha catalana, CDC era el partido de los catalanes. Y los catalanes, como todo el mundo sabe en Cataluña, vienen a ser la mitad exacta de los catalanes. Así, a Pujol le votaron los catalanes durante un cuarto de siglo y con disciplina militante, hasta que, allá por 2008, concluyeron – erróneamente– que la Gran Recesión se llevaría por delante a España y que, al igual que en 1898, había llegado el momento, otra vez, de traicionarla.

¿A qué viene toda esta excursión histórica? Pues a algo muy sencillo. Viene a que el electorado de ERC es, en origen y espíritu, pujolista, no izquierdista. Si dejaron la casa del padre en su día fue porque olía demasiado, amén de a mierda, a ambigüedad en exceso calculada. Y Puigdemont lo sabe. El Emèrit acaba de demoler CDC para, sobre sus cenizas, refundar… CDC. A Fray Junqueras, y con suma discreción, le están preparando una opa hostil. Que se olvide Sánchez de que le vote el Presupuesto. La mariposa.

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