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José García Domínguez

La inmersión catalana es única en el mundo

Si Podemos y el Gobierno quieren en serio acabar con las noticias falsas, tienen por dónde empezar.

José García Domínguez
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Que la inmersión lingüística obligatoria de los escolares castellanohablantes en la lengua catalana constituya un modelo de éxito, esa cansina cantinela recurrente que no se cansan de recitar sus publicistas profesionales a ambas orillas del Ebro, supone un aserto igual de indemostrable que la existencia real de los platillos voladores venidos de otras galaxias que tanto frecuentan los muy entretenidos espacios televisivos de Íker Jiménez. Y no se puede demostrar por la sencilla razón de que la Consejería de Educación de la Generalitat ha tenido sumo cuidado durante los últimos cuarenta años en que no exista ningún registro estadístico oficial donde conste la lengua materna de los escolares catalanes. De ahí que absolutamente nadie esté en disposición de poseer un conocimiento preciso de cuántos niños catalanes hablan en español con sus padres y cuántos lo hacen en catalán u otros idiomas. No se sabe porque, obviamente, no se quería que se supiese. A partir de ahí, pues, cualquier juicio de valor a cuenta de los resultados pedagógicos del sistema no deja de ser pura y simple charlatanería propagandística.

Pero, al margen de que la inmersión forzosa de la mitad de la población local en la lengua materna de la otra mitad haya constituido un éxito o un fracaso, lo indiscutible es que habrá constituido un éxito o un fracaso únicos en el mundo. Y es que en ningún otro país del planeta, en ninguno, rige a día de hoy un sistema oficial de inmersión escolar similar al vigente en Cataluña. Así, el extendido cuento chino de que en Quebec se practica la misma aberración docente no se compadece en absoluto con la verdad. En Quebec, bien al contrario, la inmersión en francés resulta ser voluntaria para los hijos de padres anglófonos, un grupo lingüístico que representa en torno al 20 por ciento de la población de la provincia. Nada que ver con las madrasas catalanas. Y en Finlandia, país tan celebrado por disponer del mejor sistema educativo del mundo, la minoría de lengua materna sueca recibe toda su instrucción escolar, desde la guardería a los cursos de acceso a la universidad, en el idioma sueco de sus padres. Menos aún que ver con los talibanes de la Plaza de San Jaime. Si Podemos y el Gobierno quieren en serio acabar con las noticias falsas, tienen por dónde empezar.

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