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¿Barcelona, un pueblo? Te vas a enterar, cosmopolita de mierda.

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"Los barceloneses se han vuelto de pueblo". "En el grupo inicial de Ciudadanos había gente de izquierdas y de derechas". "Se puede trabajar con gente que tenga distintos puntos de vista siempre que uno no se sienta acorralado". El profesor Ferran Toutain conversaba hoy en una terraza de la barcelonesa Rambla Cataluña con la editora Míriam Tey sin saber que, en la mesa contigua, el escritor Màrius Serra tuiteaba de tapadillo la conversación, acaso convencido de que si Cataluña pudiera hablar (no cabe descartarlo; que Serra crea que Cataluña le habla, quiero decir) le habría reclamado que ejerciera de delator ocasional. No en vano, la desafección a la causa que exhibían Toutain y Tey ¡en un local público y a plena luz del día! bien merecía airearse en el mercado. ¿Barcelona, un pueblo? Te vas a enterar, cosmopolita de mierda. La escena parecería salida de una sátira de tullidos de Eduardo Mendoza, e incluso recuerda, por el patético ahínco con que Serra trata de ocultarse a la pareja, la indeliberada sordidez de las novelas de Carvalho. Hay, no obstante, un problema: en esta Cataluña desentona menos el chivato que los conversadores. Mientras que aquél se halla perfectamente incrustado en el decorado general, Toutain y Tey representan la anomalía, la inadaptación, la impureza. Por eso son susceptibles de señalamiento. Recuerdo que en el pase de prensa de Gente que vive fuera, uno de los periodistas que cubría la información preguntó al director del documental, Arcadi Espada, si estaba de acuerdo con que el nacionalismo fuera un problema sanitario, como aseguraba Albert Boadella en el film. Desde luego, las andanzas del delator supernumerario parecen propias de un país enfermo, como enfermizo resulta que, a los veinte minutos, el digital Vilaweb amplificara la denuncia, pero no para dejar en evidencia a Serra, no, sino para dignificar su infamia. "El escritor ha coincidido en una terraza de la Rambla de Cataluña con el traductor y periodista españolista", reza el subtítulo, donde la burda asimetría del par escritor-traductor españolista deja claro, en cualquier caso, quién debe justificarse y quién no. A este lodazal, por cierto, debía de referirse el exsecretario de Comunicación del Tripartito, Enric Marín, cuando hablaba de "sistema catalán de comunicación". No dejo de pensar, por último, en lo que tiene esta historia de paradoja ejemplar. Un hombre exclama perplejo que Barcelona le empieza a parecer un pueblo y, en la mesa de al lado, un aldeano va dando carta de veracidad a todas y cada una de sus impresiones.

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