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El balear que se enseña en la escuela desde hace 25 años "guarda poca relación con la tradición filológica del archipiélago"

José María Albert de Paco
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Los tratos con la lengua forman parte del negociado de Xavier Pericay desde que, a finales de los ochenta, ejerciera de editor-corrector del nuevo Brusi o, a mediados de los noventa, tratara de normalizar el uso del catalán en la compañía Renfe. Esos y otros empeños se hallan magistralmente narrados en sus memorias, no en vano tituladas Filología catalana. Su última incursión en dicha disciplina, no obstante, podría rebasar lo estrictamente lingüístico para convertirse en un programa, programa, programa; máxime si, como todo parece indicar, Pericay sale elegido parlamentario balear por Ciudadanos.

El programa al que me refiero es Un model lingüístic per ses Illes Balears (Fundación Jaume III), que, a diferencia de otros trabajos de Pericay, pretende una finalidad enteramente tautológica, a saber: que las modalidades lingüísticas baleáricas sean eso, baleáricas. Tal como afirma el autor en el prólogo, el balear que se enseña en la escuela desde hace 25 años "guarda poca relación con la tradición filológica del archipiélago". O lo que es lo mismo: es un estándar que, "excluyendo determinadas soluciones verbales y alguna variante léxica, coincide, en todos los detalles, con el modelo fijado a lo largo de tres décadas y media por la administración, la escuela y los medios de comunicación de Cataluña". Obviamente, arguye Pericay, detrás de esta catalanización se halla el afán de preservar la unidad de la lengua, "unidad que sus apóstoles siempre confunden con uniformidad", y que, "en muchos casos", responde a un "proyecto político".

El propósito de la obra, así, es restituir el vínculo entre el modelo lingüístico balear y la comunidad que ha de emplearlo. Para ello, Pericay toma como fundamento los trabajos de Antoni Maria Alcover y Francesc de Borja Moll, que el pancatalanismo había marginado, y recupera palabras o expresiones que, por su origen castellano ("nunca por ser de origen francés o italiano, no hace falta precisarlo"), habían sido excluidas de los registros léxicos normativos. En el modelo que plantea el flamante candidato de C's, se dice "passar gust" o "disfrutar" en vez de "gaudir", "naturalesa" en vez de "natura" y "becada", "horeta" o "sesta" en vez de "migdiada" o "becaina". Se trata, en suma, de anteponer la forma insular a la catalana, esto es, de devolver la lengua a sus hablantes, cada vez más imbuidos de la creencia de que las palabras demasiado isleñas eran sospechosas de incorrección, y de que todo aquello que no sonara a TV3 era una impureza inoculada por la burguesía local, de natural españolista. Ello había resultado en aberraciones como la que el propio Pericay describía en El Mundo el pasado febrero: "Los ciudadanos no se sienten representados con lo que oyen, incluso hay muchos hijos que corrigen a sus padres porque en la escuela les han dicho que palabras como vacacions es un 'barbarisme' o un coloquialismo, lo cual es falso".

A partir del 24 de mayo oiremos eso mismo, con voz más clara que alta, en sede legislativa.

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