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Un idiota para un tirano

No hay dictadura posible en América del Sur sin un idiota en la del Norte que piense que es uno de los suyos. Como ya dijo Franklin D. Roosvelt del tirano nicaragüense Anastasio Somoza: “ya sé que es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Juan Morote
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No hay dictadura posible en América del Sur sin un idiota en la del Norte que piense que es uno de los suyos. Como ya dijo Franklin D. Roosvelt del tirano nicaragüense Anastasio Somoza: "ya sé que es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Así han sido muchos los presidentes norteamericanos que han consentido por miedo, por buenismo, por ingenuidad o por todo al unísono, la presencia de sátrapas caribeños durante más de un siglo. Lo peor del tema es que han sido los pobres ciudadanos quienes han sufrido en sus carnes el oprobio, la tortura y la persecución de estos tiranos, siempre archicondecorados.

Probablemente el caso más sonado fue el de John Fitzgerald Kennedy máximo responsable del padecimiento del pueblo cubano, al haber hecho fracasar el desembarco de playa Girón (conocido como desembarco de bahía Cochinos), haciendo caso omiso de todos los preparativos que durante años había urdido la CIA para devolver la libertad al pueblo cubano. Esa fue probablemente la oportunidad perdida con mayúsculas. Esta tiranía, como otras, tal que el sandinismo nicaragüense, viraron a babor al socaire de los rublos soviéticos. Mas ahora ya no hay rublos ni nada que se le parezca, sólo queda el gorila rojo. Si Dios quiere, vamos a ver a María Corina en Venezuela representando con su fragilidad el triunfo de la libertad sobre la fuerza y la barbarie del postcomunista Hugo Chávez.

Han sido las divisas provenientes del petróleo venezolano las que han mantenido durante los últimos años los movimientos liberticidas en toda Hispanoamérica. Desde las FARC, pasando por el indigenista Morales, la transformista Rigoberta Menchú, el ecuatoriano Correa o el nicaragüense Daniel Ortega, todos ellos han tratado en los últimos años de desterrar la libertad a golpe de transferencia de pesos venezolanos. Sin embargo, ahora el gran malhechor se acerca a su fin. La salud de Chávez ya no es una incógnita, es una fría realidad. El último tirano con dinero se muere. La muerte del déspota de Sabaneta acarreará el fin de la financiación de cuantos enemigos de la libertad pululan por el cono sur.

La cuestión que se abre ahora es cuál va a ser la postura de los Estados Unidos respecto a América Central y del Sur ¿va a seguir viendo cómo los despojos del comunismo intelectual en forma de populismo bolivariano subyugan a los masacrados ciudadanos? O, por contra, ¿va a asumir un papel de liderazgo activo en las políticas de fomento del advenimiento de las libertades civiles en todo el continente americano? Esperemos que en este caso, el enésimo tirano no encuentre la complicidad de ningún idiota en la Casa Blanca. Precedentes sobran.

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