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'NÓMADA'

Ayaan Hirsi Ali sigue en la lucha

Ayaan Hirsi Ali estuvo en Madrid el pasado mes de abril para presentar su último libro, Nómada. Del Islam a Occidente, un itinerario personal y político, publicado en Estados Unidos con el título Nomad. From Islam to America. A Personal Journey Through the Clash of Civilizations.

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No era la primera vez que la exdiputada holandesa de origen somalí visitaba la capital de España, ya lo hizo en el año 2006, con motivo de la presentación de su primer libro en español, Yo acuso.

Ayaan Hirsi Ali, cuyo auténtico nombre es Ayaan Hirsi Magan, nació en la ciudad somalí de Mogadiscio en 1969. Su infancia y adolescencia transcurrieron entre Somalia, Etiopía, Arabia Saudí y Kenia. Cuando tenía 23 años, su padre quiso casarla con un pariente que vivía en Canadá. Ayaan debía viajar a Alemania para, desde allí, volar a Canadá y reunirse con el que sería su marido y el dueño de su vida. Pero la joven decidió no acudir a ese encuentro, no estaba dispuesta a entregar su libertad a un desconocido. Ayaan tomó un tren hacia Ámsterdam y, al llegar, pidió asilo político.

Para que Holanda le concediera el estatus de refugiada política, Ayaan Hirsi Magan dijo haber llegado huyendo de la guerra civil de Somalia, una mentira que entonces le resolvió la vida pero que más tarde le haría perder la nacionalidad holandesa. El conocimiento de idiomas, una buena formación y el empeño decidido de aprovechar la oportunidad que Europa le ofrecía para organizar su propia vida permitieron a Hirsi Ali abrirse camino en Holanda. Trabajó como intérprete de los refugiados musulmanes, estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Leiden y, en el año 2001, empezó a trabajar para un think tank próximo al partido socialdemócrata holandés, el PvdA. Sin embargo, no tardarían en surgir desavenencias entre Hirsi Ali y sus compañeros de partido. El feminismo militante y las declaraciones públicas de la joven somalí no sólo irritaban y escandalizaban a la comunidad musulmana holandesa, sino que chocaban abiertamente con la defensa del multiculturalismo que hacía el PvdA.

En la Universidad de Leiden, Ayaan había estudiado las teorías liberales y leído con enorme interés a los liberales de la escuela austríaca. Ello le había permitido elaborar un pensamiento político propio con el que abordar la cuestión que más le preocupaba y que llegaría a convertirse en el leit motiv de su incesante actividad política, la defensa de la libertad de la mujer musulmana. Sus diferencias con el PvdA le hicieron darse cuenta de que su forma de entender los problemas de la inmigración musulmana en Europa encajaba más con las ideas que defendían los liberales del VvD. Comenzó a colaborar con ellos a finales del 2002, y en enero del 2003 se incorporó al Parlamento holandés como diputada del partido liberal.

El 2 de noviembre de 2004, el cineasta Theo van Gogh, con el que Hirsi Ali había colaborado en el guión de la película Submission, fue asesinado en la calle por un islamista. Con el mismo puñal con el que había dado muerte al director de cine, el asesino dejó clavado un mensaje en el cuerpo de su víctima y en el que amenazaba con matar también a la diputada.

Este crimen produjo una gran conmoción en Holanda. La cuestión de la integración de los musulmanes en Europa volvió a ocupar las primeras páginas de los periódicos y un lugar principal en las preocupaciones de los políticos.

Ayaan Hirsi Ali no se dejó vencer por el miedo, la fetua islámica contra ella le dio nuevos argumentos para continuar luchando por lo que, desde su llegada a Europa, consideraba un derecho inalienable de las personas y un inapreciable valor de la sociedad occidental al que no estaba dispuesta a renunciar, la libertad de expresión.

Pero lo que no pudo hacer la amenaza islámica lo logró esa sociedad libre que tanta admiración había despertado en ella. Una serie de intrigas y luchas internas en el VvD hizo que Rita Verdonk, responsable de inmigración y compañera de partido de Hirsi Ali, denunciara la mentira de la que ésta se había servido para lograr el asilo político, provocando así que le fuera retirada la nacionalidad. En Nómada, Hirsi Ali relata con detalle las razones que movieron a actuar de esa forma a la que hasta entonces había sido su amiga y principal aliada política. La presión de la opinión pública forzó a que Holanda devolviera a Hirsi Ali la nacionalidad y el acta de diputada, pero era ya demasiado tarde: la somalí había tomado la decisión de abandonar Europa.

En Nómada, la exdiputada holandesa completa el periplo de su vida a partir de su llegada a los Estados Unidos. Nos cuenta su fichaje por el American Entreprise Institute (AEI), un think tank contra el que sus amigos holandeses le habían prevenido, dada su fama de "ultraconservador", pero en el que dice haber encontrado la posibilidad de estudiar, de luchar por sus convicciones y de expresar sus pensamientos con absoluta libertad.

Hirsi Ali está satisfecha con su trabajo y su nueva vida en Norteamérica. Desde su "club archiconservador", escribe y participa en todo tipo de debates y conferencias para convencer a los occidentales, y en particular a los norteamericanos, de que, si quieren preservar los valores de su civilización, deben encontrar una fórmula que les permita integrar mejor a sus inmigrantes musulmanes. "Las familias problemáticas, como la mía propia –escribe Ayaan–, serán cada vez más habituales, a menos que las democracias occidentales aprendan a integrar mejor a los recién llegados a sus sociedades e ideen modos más eficaces de convertirlos en ciudadanos".

Hirsi Ali es una convencida de que el progreso de la civilización occidental se asienta en que sus ciudadanos han sido educados en los valores de la Ilustración, en la responsabilidad individual y en la consideración de la sociedad como conjunto de individuos cuya libertad deben los poderes públicos siempre respetar; mientras que, por el contrario, los musulmanes han recibido una educación colectivista, sus valores son tribales, las mujeres no son dueñas de sus vidas y los hombres se sienten obligados a cumplir con las tradiciones impuestas por la jerarquía del clan o de la tribu. Cuando estas obligaciones pesan más que las leyes del país que los ha acogido, la integración es imposible.

La mayoría de los musulmanes ha emigrado a Occidente en busca de una vida mejor, para ellos y, sobre todo, para sus hijos. Una prosperidad que, según Hirsi Ali, sólo podrán lograr si aprenden a "desprenderse de algunos de sus hábitos, dogmas y prácticas" y a "sustituirlos por otros nuevos". De ahí que la escritora somalí considere perversa la defensa del multiculturalismo, que crea en los inmigrantes musulmanes la falsa expectativa de que "pueden regirse por sus normas tribales y al mismo tiempo convertirse en ciudadanos normales", pues, según ella, de esa manera lo único que se consigue es "prolongar el proceso de su transición a la modernidad".

Sin embargo, es optimista. Cree que la integración puede llegar a hacerse bien si las sociedades occidentales hacen buen uso de su sistema de educación pública, de sus organizaciones feministas y de sus comunidades cristianas. Para Hirsi Ali, hacer buen uso de estas instituciones significa que la educación pública cumpla la misión que los Ilustrados le confirieron: instruir a los ciudadanos, elevar su nivel cultural y desarrollar su espíritu crítico; que el movimiento feminista luche abierta y decididamente para que las mujeres musulmanas lleguen a disfrutar de la misma libertad e igualdad de derechos que las mujeres occidentales; y, finalmente, que el cristianismo sea presentado a los musulmanes como una religión "de amor y tolerancia" que les puede permitir el paso hacia la modernidad.

Hirsi Ali abandonó definitivamente la religión de Mahoma tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y en múltiples ocasiones ha confesado su ateísmo, una decisión personal de la que no pretende hacer apostolado.

He encontrado muchos musulmanes que afirman necesitar un anclaje espiritual en sus vidas. He tenido el placer de conocer cristianos cuyo concepto de Dios está muy alejado del de Alá. Practican un cristianismo reformado y en parte secularizado, que podría resultar sumamente útil en la batalla contra el fanatismo islámico. El Dios cristiano moderno es sinónimo de amor. Sus representantes en la tierra no predican el odio, la intolerancia ni la discordia; su Dios es misericordioso. No anhela el poder estatal y no concibe la ciencia como un rival. [...] El cristianismo del amor y de la tolerancia sigue constituyendo uno de los antídotos más potentes que Occidente posee frente al Islam del odio y de la intolerancia.

Desde sus años de estudiante en Leiden, Ayaan Hirsi Ali se ha sentido atraída por los principios de lo que suele llamarse liberalismo clásico. Está convencida de que una sociedad abierta se asienta necesariamente sobre la defensa de la libertad, la responsabilidad individual y la limitación del poder de los gobiernos. Cree en ello tan profundamente que considera imposible que las gentes de buena voluntad que han vivido en sociedades libres no lo entiendan así. Desde su recién estrenada ciudadanía norteamericana, Hirsi Ali ha dado un paso más, ha incorporado a su apostolado liberal la prédica del cristianismo como religión integradora del mundo musulmán en Occidente. No es extraño que Hirsi Ali haya tenido que emigrar de una Europa que, a pesar de ser cuna de la Ilustración, y a pesar de sus raíces cristianas, no alberga en ella a muchos ciudadanos dispuestos a defender abiertamente los principios liberales y, mucho menos, los valores morales del cristianismo.

 

AYAAN HIRSI ALI: NÓMADA. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores (Barcelona), 2011, 440 páginas.

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