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UNA CRÓNICA DE ESTOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS

Cartas de un "culpable" liberal

¿Cómo contemplaría la actualidad política española un extraterrestre recién posado en la Tierra? Más o menos con el mismo asombro que un economista liberal de 27 años.

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Álvaro Lodares López lleva tres años sin dar crédito a sus ojos. Leyendo las páginas de este libro, una recopilación de textos inéditos y otros publicados en sus blogs y en diarios de papel e internet, uno no puede sino compartir su estupor.

Miembro del Instituto Juan de Mariana y del Club Liberal, en 2006 Álvaro Lodares abrió dos bitácoras, una de ellas en Libertad Digital, con el objetivo de plasmar sus impresiones sobre el panorama político y económico, y de paso ordenar sus propios pensamientos y contrastar las enseñanzas de la universidad con la realidad. Al mismo tiempo, y como corresponde al ciudadano activo que tanto elogian los partidarios de la llamada democracia participativa, se dedicó a escribir a varios periódicos para expresar sus opiniones respecto a diversos asuntos.

Una vez compilados los escritos, el resultado es un sugestivo diario aparentemente desordenado, aunque no por ello carente de coherencia interna, que pasa revista a los principales acontecimientos que han acaparado los titulares de los medios de comunicación españoles en los últimos años y a otros tantos que, a pesar de no haber atraído gran atención mediática, se antojan tanto o más importantes –y graves– que los primeros.

Paul Krugman.El libro, que Álvaro ha dedicado a su padre, se abre con unas agudas reflexiones sobre la respuesta de la administración Bush a la crisis económica que exponen lo que hasta aquel momento muchos ignoraban, o por algún motivo se resistían a revelar: la política económica del anterior presidente norteamericano fue un despropósito que nada tiene que envidiar a la de Zapatero. De hecho, algunas de las iniciativas de los socialistas españoles no fueron sino copias de medidas similares adoptadas con anterioridad por el presidente republicano. Álvaro acierta plenamente al expresar su preocupación por las posibles repercusiones doctrinales del primer plan de rescate norteamericano y el pasado proteccionista de Paul Krugman, economista de cabecera de la actual administración de Barack Obama. Leídas nueve meses después, las quejas de Lodares suenan a auténticas profecías.

En repetidas ocasiones, el autor nos recuerda que "la demanda de mercancías no es demanda de trabajo", es decir, que los planes de expansión de la demanda no tienen por qué producir empleo, otro augurio tristemente cumplido, y sospecha que las ayudas a los bancos y a determinadas empresas pueden desencadenar un ciclo intervencionista y planificador de dimensiones inimaginables hace una década. Tres de tres, y aún no hemos dejado la economía.

A veces el lector desearía que Lodares, que explica con concisión y de forma didáctica el discurso económico dominante, se hubiese equivocado. Sin embargo, todo parece indicar que, lo que en uno de los textos más brillantes el autor denomina "bromas", no han hecho más que empezar.

No menos irónico se muestra a la hora de analizar algunas noticias internacionales, como la elección de Alan García como presidente de Perú ("La demostración de que precisamente [es] en la apoteosis de [la] elección cuando en realidad menos posibilidades tienes de elegir"), la figura de la peligrosidad social predelictiva aplicada por las autoridades cubanas al roquero Gorka Águila o la complacencia de la izquierda con el Islam, una religión incapaz de aceptar cualquier noción de separación entre iglesias y Estado, como ya apuntó Tocqueville en La democracia en América. Tampoco está a gusto con la simpatía de algunos liberales con respecto a China, pues considera que la libertad no se puede compartimentar ni es un mero instrumento, sino que "hay que quererla porque en sí misma es buena".

No menos agudo y suspicaz se muestra a la hora de criticar otras posturas políticas que considera contrarias al liberalismo, tales como la Doctrina Social de la Iglesia, a la que, igual que hiciera Von Mises en Socialismo, achaca conceptos absurdos, como el de ganancia desproporcionada. Sin embargo, tampoco se abona al anticlericalismo al uso, que considera simplemente "casposo".

La nación española es otro de los temas que más preocupa al autor, que a veces transmite una impresión de turbación y extrañeza ante lo que contempla, como si pensase que lo que está presenciando tuviese muy poco que ver con lo que le contaron. No es difícil compartir su exasperación ante el discurso nacionalista, que "es como diría Mafalda: el continuose del empezose" –lo peor es que el problema empeora casi a diario–, su recuerdo esperanzado de los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 y su indignación por los apaños del PSOE con los nacionalistas. En este punto, la lectura de Cartas... resulta especialmente provechosa, pues expone el lenguaje equívoco, artero y peligrosamente sinuoso de los socialistas a la hora de tratar el nacionalismo. Un ejemplo: que en abril de 2008 Ramón Jáuregui expresase su "decepción" con el PNV por no sumarse a una moción de censura contra la alcaldesa de Mondragón parece simplemente un sarcasmo.

Tampoco se libra el Partido Popular de las críticas del autor, por su tibieza ante los separatistas. El galleguismo de Rajoy, o sea, su constante indefinición y la falta de claridad de sus manifestaciones, es otro de los blancos favoritos de Lodares cuando denuncia la mediocridad de la clase política española actual. A este respecto, otro de los puntos fuertes del libro es la abundancia de declaraciones tanto del presidente del Partido Popular como de varios miembros del Gobierno, que constituyen por sí solas una pequeña antología del disparate. Implícita a todas ellas, una pregunta que casi parece obsesionar a Lodares: ¿cómo es posible decir tantas tonterías en tan poco tiempo?

Tras cinco años de Zapatero en el poder y de Mariano Rajoy al frente de la oposición, probablemente éste es un momento ideal para hacer un pequeño ejercicio de memoria y recordar lo que han sido estos años de disparate a través de la instructiva y amena crónica de este joven autor, que a veces nos hará sonreír y quizá otras llorar. No obstante, el texto destila una vitalidad, un sentido común y sobre todo una esperanza en la capacidad demostrada por los españoles para sobreponerse a momentos difíciles, que uno tiene la impresión de encontrarse ante un manual de autoayuda. Y lo que es más importante, se hace consciente de la imperiosa necesidad de estar a la altura del brío y la determinación de su autor.

Bernardo Rabassa, veterano militante liberal –desde el Partido Liberal, fundado en 1976–, dice en el prólogo: "Si tú no lo hubieras escrito, habría dicho que había sido yo mismo". Estoy seguro de que muchos lectores, independientemente de su edad o experiencia, cerrarán la última página del libro pensando exactamente lo mismo.


ÁLVARO LODARES: CARTAS DE UN "CULPABLE" LIBERAL. Unión Editorial (Madrid), 2009, 243 páginas.
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