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RELIGIÓN

De nuevo teología política

Son muchas las noticias en que la religión, su lugar en el espacio público, la relación del poder con ella..., tienen un lugar central.

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La presencia de crucifijos u otros signos religiosos en determinados ámbitos es algo, para unos cuantos, que se ha de eliminar; como "ejercicio de la libertad", una capilla católica universitaria puede ser elegida como lugar para abordar estas cuestiones a pecho descubierto; el acceso a la basílica de la Santa Cruz puede verse dificultada durante una buena temporada por los poderes públicos; los días de la Semana Santa pueden ser considerados un buen momento para una manifestación-procesión atea. Los ejemplos se podrían multiplicar y la reflexión se antoja necesaria; y es que la religión parece una cuestión viva en nuestra democracia frustrada.

Pero no es solamente una cuestión típica del genio carpetovetónico, aunque entre nosotros se dé con unas características muy precisas. La muerte de Osama ben Laden y todo lo que la ha rodeado es manifestación de que la problemática tiene carácter mundial. Uno de los componentes más decisivos del terrorismo yihadista es su comprensión de cuál deba ser el lugar de la religión, de una determinada, en la vida política, y con ello el de las demás. ¿Es ésta la única forma de que la religión no quede sustraída del ágora pública? ¿La alternativa a esta teocracia es sin más la reclusión de lo religioso en el artificiosamente llamado ámbito privado?

Cuando es tal el cúmulo de problemas que en torno a una determinada cuestión se dan, es señal de que ésta no se vive pacíficamente, de que hay insatisfacción en las soluciones adoptadas, de que es necesario repensarla, repensárnosla y ofrecer alternativas. Denis Sureau es especialista en teología política, autor de Retour à la politique (1995) y Petite somme politique (1997), y ahora en español la editorial Nuevo Inicio ha publicado su libro Una nueva teología política (en torno a la Radical Orthodoxy).

Catherine Pickstock.El título tal vez pudiera resultar engañoso en un doble sentido. En primer lugar, porque se pudiera pensar que se ciñe el trabajo a los autores del movimiento de Cambridge conocido como Radical Ortodoxy; y ciertamente a él se dedica un capítulo de la obra, en el que podrá el lector tomar contacto con John Milbank y Catherine Pickstock. Pero el libro tiene una visión más amplia, y en sus páginas son objeto de interés los autores anglosajones de las últimas décadas que han dado un importante giro a la teología política.

Por otro lado, el lector puede proyectar una comprensión de lo que sea la teología política que no haga justicia a este interesante trabajo; lo cual no es de extrañar, ya que se trata de una expresión un tanto equívoca. Por ello, Sureau intenta aclarar desde el principio que no se trata de una teología al servicio del poder, ni de la formulación en términos jurídico-políticos de conceptos teológicos, sino que estamos ante una reflexión teológica sobre las realidades políticas, a lo que no es extraño el pensamiento sobre las repercusiones políticas de la teología. En el mundo anglosajón, por simplificar y para evitar equívocos, se está imponiendo el término theopolitical, que se suele traducir como teopolítica.

Además del común denominador anglosajón, los autores tratados tienen como una de sus más importantes convergencias la influencia de Henri de Lubac y también su intento de superación de la razón secular (secular reason), que por muchos se ha identificado con la razón, cuando solamente es una concepción de la misma, que por cierto es la que ha estado detrás de los totalitarismos ateos, la constitución de la última república española o el confinamiento de la religión a las sacristías, solamente por poner unos ejemplos.

Antes de presentar los distintos y muy interesantes autores de que trata el libro, Sureau sitúa al lector haciendo un recorrido por los hitos más importantes de la teopolítica del s. XX: el debate entre Carl Schmitt y Erik Peterson, la Acción Francesa y los neotomistas, la Politische Theologie y la Teología de la Liberación. Después pone al alcance del lector las tarjetas de presentación de un grupo de pensadores profundos, valientes, novedosos a la par que tradicionales y con esa característica frescura anglosajona: D. Schindler, T. Rowland, A. Nichols, A. MacIntyre (el único filósofo), S. Hauerwas, J. Porter, T. Lysaught, los citados Milbank y Pickstock, J. H. Yoder, O. O’Donovan, W. T. Cavanaugh, E. Katangole, S. Long y D. Bell.

Parece que estas cuestiones tienen una profundidad que contrasta fuertemente con la ramplonería al uso en suelo hispano. Una de las razones por las que suelen quedar, entre nosotros, enquistados algunos temas es la pobre vida intelectual que sufrimos, tanto en lo que a la reflexión e investigación individual respecta como en lo relacionado con el debate entre distintas corrientes y pensamientos. Uno de los puntos en que se deja esto notar claramente es en lo que, no sin malicia, se llamó la cuestión religiosa. Afortunadamente, no en todos los sitios hay tanta agua estancada.

 

DENIS SUREAU: UNA NUEVA TEOLOGÍA POLÍTICA. Nuevo Inicio (Granada), 2010, 232 páginas. Traducción de Sebastián Montiel.

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