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AMBICIONES IMPERIALES, DE CHOMSKY

El ideólogo de Chávez

Todo comenzó cuando Chávez se llevó a la ONU un libro Noam Chomsky: Hegemonía o supervivencia. Henchido de orgullo, afirmó que esa "excelente" obra era necesaria para entender "qué es lo que ha pasado en el mundo durante el siglo XX". Al libelista norteamericano estas palabras le animaron a confesar al New York Times que desearía conocer al gorila andino, porque cree que muchas de sus ideas son "bastante constructivas" (sic).

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Curiosamente, el viejo sesentayochista suele ser más "destructivo", o por lo menos eso es lo que se aprecia en Ambiciones imperiales, una antología de entrevistas con David Barsamian, donde aparecen los temas más recurrentes de su bibliografía.
 
Podríamos resumir los sesudos análisis de Chomsky en una frase que quizás no les resulte novedosa, pues es del estilo de las que profieren personajes como Llamazares o Moratinos:
 
Estados Unidos dominará el mundo por la fuerza, y si se produce el más mínimo desafío a dicha dominación, ya sea lejano, inventando, imaginando o lo que sea, Estados Unidos tendrá derecho a eliminar dicho desafío antes de que llegue a convertirse en una amenaza. Eso es una guerra de prevención.
 
Es tal la obsesión de Chomsky con esta idea, que reconstruye la historia para que encaje en su manifiesto antiamericano. Para demostrar que EEUU es "la mayor amenaza para la paz en el mundo" –según la "inmensa mayoría del planeta", como torticeramente matiza– se remonta a 1959, en concreto a la Crisis de los Misiles. Aquel órdago de Kruschev de plantar cabezas nucleares en Cuba tuvo un claro culpable: los malvados Estados Unidos.
 
A juicio de Chomsky, la crisis de los misiles cubanos fue "el resultado de una campaña a gran escala de terrorismo internacional encaminada a derrocar a Castro y que empujó a Cuba a dotarse de misiles rusos como medida defensiva". El caso es que el propio Castro reconoció que la idea original nació de los rusos, "y sólo de ellos"; "no lo concibieron con el propósito de garantizar nuestra propia defensa, sino principalmente para fortalecer el socialismo en el planeta", añadió el tirano. Por una vez, podemos dar las gracias al Coma-andante por dejar las cosas claras.
 
Podríamos regodearnos en los detalles, pero baste recordar que Kennedy no se desvivió por echar a Castro del poder. De hecho, ni cuando le amenazaron con una guerra total entró a matar, por no hablar de Bahía de Cochinos, cuando dejó literalmente tirados a los cubanos que habían desembarcado en esa zona inhóspita de la Isla para derrocar al tirano. Muchos de ellos jamás perdonaron semejante traición al amante de Marylin.
 
En otro orden de cosas, descubrimos que Chomsky, en sus opiniones sobre Irán, ha debido de inspirar también a algún portavoz del actual presidente español. El pasado mes de septiembre conocimos que el representante especial de Rodríguez Zapatero en la "Alianza de Civilizaciones", Máximo Cajal, cuestionó que el régimen de Teherán no pueda disponer de armamento nuclear, "cuando está rodeado de países que lo tienen". Y es que el libelista norteamericano es de los que sostienen que EEUU, al tener Irán "rodeado de tropas" (Irak, Afganistán, Turquía), está alentando en los ayatolás "el desarrollo de armas nucleares como medida defensiva".
 
La verdad es que, puestos a mandar gente a reuniones internacionales, lo mejor sería asignar el trabajo al original (Chomsky) y no a la copia (Cajal). Imagínense los titulares de la prensa de renombre. Entonces sí que volveríamos a recabar los aplausos de nuestros países vecinos… como cuando retiramos las tropas de Irak y las mandamos derechitas a Afganistán.
 
Aparte de esta coincidencia ideológica, tanto el Gobierno como el viejo anarquista están convencidos de que lo de Irak fue, literalmente, una ocupación, que en el libro del segundo equivale a una "invasión" en toda regla.
 
Sigamos con Irak, porque Chomsky asegura que la guerra ha sido "un crimen de guerra de categoría"; y se despacha recordando, y comparando, que "en Nuremberg se mandó a los nazis a la horca".
 
Precisamente él tenía que sacar a relucir a los nazis; él, que defendió a uno de los neonazis más famosos de Europa, Robert Faurisson. "Ha sido objeto de una cruel campaña de acoso", se lamentaba entonces, a pesar de que "desde 1974 ha venido estudiando minuciosamente (sic) el tema del Holocausto".
 
Todo esto (y sus elogios al sanguinario Ho Chi Minh, o su respaldo a ETA) prueba que, como muchos de sus correligionarios progres, Chomsky es un personaje lleno de prejuicios y de odios, pero dotado de una brillante oratoria y una capacidad de persuasión impresionante.
 
Lean, lean este libro, para que vean hasta qué punto odia a Occidente buena parte de la izquierda. Si no conocemos suficientemente sus ideas y motivos no podremos articular debidamente la defensa de la sociedad en que vivimos.
 
 
NOAM CHOMSKY: AMBICIONES IMPERIALES. Península (Barcelona), 2006; 208 páginas.
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