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NORBERG, EN ESPAÑOL

Elogio del capitalismo global

Unión Editorial ha tenido el acierto de publicar en español la obra que ha dado fama internacional a Johan Norberg. El sueco se ha hecho un nombre en el debate sobre la evolución del mundo en las últimas décadas con este libro: En defensa del capitalismo global. Es la primera obra de este nivel que, sobre la materia, se publica en nuestra lengua. Sólo podemos desear que pronto se traduzcan otras; por ejemplo, Why globalization works, de Martin Wolf.

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Norberg hace una cerrada y decidida defensa de la globalización; es decir, de "un proceso de superación progresiva de fronteras por parte de las personas, los medios de comunicación, las transacciones comerciales, las inversiones, la democracia y la economía de mercado"; de "la libertad capitalista de actuar y de experimentar sin necesidad de encomendarse a mandatarios ni controladores fronterizos". Asimismo, elabora un estudio sistemático de los datos que conocemos sobre los aspectos más importantes de la globalización y el desarrollo.
 
En defensa del capitalismo global es un libro que sitúa al lector en el mundo, de cuya situación y evolución ofrece una visión realista. El comienzo no puede ser más certero; el objetivo: desmentir la verdad a medias de que "mientras los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen más pobres". La primera mitad de la frase es cierta, pero la segunda no puede ser más falsa. En 1950 algo más del 50% de la población mundial vivía con un dólar o menos al día –medida habitual y arbitraria que marca la frontera de la pobreza extrema–; pero, "según el Banco Mundial, la pobreza absoluta ha decrecido desde 1980 hasta situarse en el 20 por ciento", anota Norberg. Reducción que, en las dos últimas décadas, se ha registrado también en las cifras absolutas, a pesar de que somos 1.500 millones de almas más en el planeta.
 
Hay otros indicadores del bienestar que están relacionados con la pobreza y que, como el relativo a ésta, han ido mejorando a medida que los intercambios comerciales se han multiplicado. La esperanza de vida en los países en desarrollo era de 46 años en 1960 y de 65 en 1998; en dicho período la mortalidad infantil se ha reducido a menos de la tercera parte. La FAO ha observado que en Asia, el continente que con más decisión se ha sumado a la globalización, "la proporción de personas desnutridas ha caído del 43 al 13 por ciento desde 1970", y la media mundial ha pasado del 37 al 18%.
 
Lo único que debe preocuparnos es la pobreza, jamás la desigualdad. No obstante, y en contra de lo que tanto se repite, no sólo la pobreza está remitiendo a pasos agigantados, sino que el progreso de los más pobres (con claro protagonismo por las cifras de India y China) está siendo más rápido que el que experimentan las clases medias de los países desarrollados, que constituyen "los ricos" desde una perspectiva global.
 
Las mejorías se han producido en las áreas que se han sumado al capitalismo global; y Norberg nos dice que han sido su fruto natural.
 
La libertad económica es el aspecto más aprehensible de la libertad. De ahí que se hayan creado instrumentos para "atraparla". Uno de ellos, elaborado por institutos como el Cato y el Fraser, relaciona –en su edición de 2001– el índice de libertad económica con varios aspectos, y siempre se da una conexión virtuosa. La libertad económica promueve el crecimiento económico, está relacionada con la riqueza y con el desarrollo humano y reduce la incidencia de la corrupción y la pobreza. ¡No es casualidad!, nos advierte Norberg.
 
Pero no se limita a relacionar estadísticas. También explica cómo "la diferencia fundamental es la existencia de un entorno que permita y estimule las ideas y el esfuerzo o, por el contrario, que ponga obstáculos en el camino y trate de apropiarse del trabajo de otros para fines específicos". Ese entorno liberador es el capitalismo, que "implica voluntariedad, es decir, la ausencia de coacción externa".
 
"La única manera de enriquecerse en un mercado libre es ofreciendo a la gente aquello que demanda y que está dispuesta a pagar libremente. Ambas partes deben sentir que ganan con esa operación; de lo contrario, ésta nunca se llevaría a cabo". Esa sencilla operación de intercambio voluntario es la célula del capitalismo. Cualquier fenómeno o aspecto de la globalización, por complejo que sea, es una manifestación compleja de una red de intercambios voluntarios. Esa red la tejemos a diario en cuanto nos vemos liberados y no se nos coacciona. El progreso de la democracia y el resquebrajamiento de las barreras comerciales está liberando a millones de personas, que se lanzan a aprovechar las nuevas oportunidades que brinda el capitalismo global.
 
Las bendiciones de la extensión de la libertad a amplias áreas del mundo no se limitan a los aspectos meramente económicos. En el último capítulo Norberg proclama el derecho a elegir cultura: "Una de las grandes ventajas de la mundialización es que los recién llegados, las economías jóvenes, pueden aprender de las más experimentadas". La extensión del ámbito de la libertad a culturas que estaban cerradas no apunta, dice Norberg, "a una meta donde predomine una cultura determinada, sino hacia el pluralismo y la libertad de elección entre una infinidad de caminos y destinos diferentes".
 
Johan Norberg, fotografiado por Ann Ek.Se acusa al mercado de ser ciego o frío en las relaciones personales, y en cierto sentido es cierto. En una sociedad abierta el mercado socava aquellos valores que hacen distinciones no relacionadas con el comportamiento de los individuos. Norberg cita el ejemplo de Ram Vishal, "campesino indio de avanzada edad perteneciente a una casta intermedia". "Ese desprecio que existía en el pasado contra las castas inferiores se encuentra en vías de extinción", afirma el propio Vishal. Y añade: "Ahora, naturalmente, sé que todos, incluidos los parias, son personas de la misma dignidad que yo. Todos tenemos la sangre del mismo color".
 
Con la abundancia de datos estadísticos sobre la incorporación de los países en desarrollo al capitalismo global, sobre la reducción de la pobreza, la corrupción y el analfabetismo, etcétera, son precisamente las historias personales las que proporcionan al texto de Norberg gran parte de su atractivo. Detengámonos un momento en la reflejada en el libro libro I Asiens tid, de los suecos Lasse Berg y Stig Karlsson. Berg y Karlsson visitaron la India hace tres décadas, y se quedaron impresionados con la miseria. Cuando regresaron, el gran país ya no era el mismo.
 
"Cuando Lasse Berg y Stig Karlsson muestran a unos jóvenes indios fotos de su anterior estancia en el país –escribe Norberg–, éstos se niegan a creer que se trate del mismo lugar: '¿Realmente fue tan terrible la situación aquí?', se preguntan asombrados". En su primera visita, Berg y Karlsson veían cómo todas las mañanas los camiones "recorrían la ciudad para recoger a los sin techo que habían fallecido durante la noche. Treinta años más tarde, tienen dificultades para encontrar alguno que fotografiar". Por cierto, que en la traducción la frase resulta ambigua. Norberg no se refiere a los camiones, sino a los sin techo.
 
Berg y Karlsson reconocen que su visión de la sociedad india en los 70, en línea con lo que se pensaba entonces, estaba terriblemente distorsionada: "Cuando leo lo que los observadores, tanto extranjeros como indios, escribimos en los años 60 y 70, no veo en ninguna parte (...) algo que el lector pueda reconocer en la India de hoy en día (...) ¿Quién predijo que el consumismo iba a penetrar tan profundamente en la sociedad rural? ¿Quién presagió que iban a ir las cosas tan bien en el ámbito de la economía y el desarrollo social? Echando la vista atrás, llama la atención que un rasgo común a todos estos análisis es la sobrevaloración de lo extraordinario, lo aterrador, lo peligroso, lo incierto (...) y la subestimación del poder de la normalidad". Pero lo que se subestimó entonces fue el poder de la libertad.
 
Si hay que hacer una crítica a este libro es que el lector sabrá lo que ha pasado y porqué, pero no cómo. No hay una historia de los cambios políticos e institucionales, tanto locales como internacionales, que han acompañado el desarrollo del capitalismo global. Para ello, el lector en español sigue sin contar con un texto adecuado, hasta que no se traduzcan obras como The commanding heights, de Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, o Against the dead hand, de Brink Lindsley. Pero es tanto lo que puede ganar el lector en las 300 páginas del texto de Norberg, que resulta difícil ponerle más peros.
 
 
Johan Norberg: En defensa del capitalismo global. Unión Editorial, 2005. 333 páginas.
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