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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

La elegancia en la vida y en la escritura

Saben mis lectores habituales que siento especial debilidad por la obra de Marcelo Birmajer, y que celebro cada nuevo título suyo con la mayor felicidad. Estoy convencido de que él y su colega Pablo de Santis sostienen el débil entramado de la literatura argentina de esta época: es especialmente difícil publicar y ser leído en un país y un mundo en que los libros poseen cada vez más precio y menos valor.

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Ahora se trata de Tres hombres elegantes, una novela en la que se cuentan varias historias, más de tres, por cierto, y en que la elegancia no es aquella a la que alude el portadista del volumen, al que no se le ocurrió cosa mejor que poner allí unas cuantas prendas de buen aspecto. Se trata, desde luego, de la elegancia esencial, de la elegancia del alma, un don que en absoluto está reservado a los artistas, o que convierte en artistas a los hombres (y las mujeres) más corrientes.
 
Desde luego, no voy a contar aquí las vidas de esos personajes, que para eso ha dedicado unas cuantas páginas Birmajer. Tampoco voy a desvelar quiénes son algunos de ellos, bien conocidos unos en el planeta entero y otros en la ciudad de Buenos Aires. Diré, sí, que el narrador vuelve a ser Javier Mossen, al que tanto conocemos desde las series de Historias de hombres casados, y que lo hace con la misma eficacia que en otras ocasiones.
 
Los tipos son diversos, y sólo los une esa singular belleza interior en la que hay elementos de estoicismo, de modestia, de reconocimiento del otro, de sentimiento de igualdad con los seres más pequeños. Es hasta sencillo ilustrar de esa manera la figura de un gran escritor, superviviente de la Shoá, con una vida mínima en Israel: se le suponen virtudes a un hombre así (y se le saben, si uno da con la persona que está detrás del personaje, realmente existente e inmenso narrador). Mucho menos sencillo es descubrir todo eso en un cantante otrora popular que ya se encuentra más allá de la decadencia, próximo al final de su vida, y rechaza toda piedad de los demás, cualquier limosna que prolongue su camino hacia la muerte. Y decididamente difícil es hacerlo cuando se trata de aquel individuo al que detestábamos en la adolescencia porque le habíamos imaginado un lazo de amor con la mujer a la que nosotros no podríamos tener jamás. Una mujer, también, profundamente elegante.
 
El más elegante de todos, en consecuencia, resulta ser Mossen, no porque el relato en primera persona lo favorezca –Birmajer no hace concesiones de esa clase: Mossen es un loser exitoso, que sobrevive bien y hasta posee algún prestigio–, sino porque requiere una inusitada valentía contar todo lo que cuenta, convertir la vida en purísima literatura con personajes de exterior minúsculo, los que verdaderamente hacen la trama de los acontecimientos: los que yo mismo he llamado en otra parte "la primera línea de la retaguardia", los justos anónimos que sostienen el universo, más allá del heroísmo de la vanguardia en la que alguna vez estuvieron, pero en ningún caso al abrigo de esa retaguardia general que rara vez entra en combate.
 
Merecería una larga reflexión el carácter del loser exitoso, el auténtico loser desde Bogart y Casablanca hasta la fecha, pero no la haré aquí. Baste, como orientación de mi idea de ese tipo de hombre, con decir que incluyo en la lista a Albert Camus y a Alain Delon, a Pier Paolo Pasolini y a Dashiell Hammett. Mossen, el protagonista y narrador de tantas historias de Birmajer, eleva el tipo a la categoría metafísica. Espero verlo envejecer, acumular sabiduría, creerse las cosas cada vez menos a medida que pase el tiempo. Porque así ha sido hasta ahora, y de su mirada, cada vez más clara, ha dependido el cada vez mayor espesor de la obra de Birmajer. Mossen, y en general los losers exitosos, son hombres elegantes. Y hacen la literatura desde ahí, desde la elegancia, desde un jamás explícito pero siempre presente amor por el hombre.
 
No existen los grandes hombres, sino sólo los que dan la talla cuando se enfrentan a circunstancias extraordinarias; por eso mismo no existen los hombres sin importancia, sino sólo lo que no se han encontrado en situaciones únicas. Existen, sí, los miserables, los malvados, en los que jamás hay grandeza, aunque las consecuencias de sus actos sean terribles. Pero nadie se preocupa por medir las consecuencias de los actos de los hombres elegantes, el batir de alas de mariposas con el que promueven huracanes en lugares desconocidos. Tres hombres elegantes es un manual de uso de las alas de las mariposas.
 
 
MARCELO BIRMAJER: TRES HOMBRES ELEGANTES. Seix Barral (Buenos Aires), 2008, 230 páginas.
 
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