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JESÚS, EL JUDÍO

La Verdad os hará libres

Pocos historiadores han dedicado su vida profesional al estudio de los primeros años del cristianismo como lo ha hecho César Vidal. Es más: en España nadie ha realizado un análisis tan objetivo y extenso sobre el contexto social en que vivió Jesús de Nazaret.

Lorenzo Ramírez
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Jesús, el judío es la obra que culmina el trabajo de Vidal en la búsqueda de la Verdad inherente a la llegada del Mesías cristiano. Más de quince años de investigación exhaustiva que cristalizan ahora en un libro que destaca por su extensa documentación, que, en lugar de entorpecer la lectura, la hace más amena y rigurosa.

Una de las principales aportaciones de la obra –que de hecho la hace única– es la traducción de las Sagradas Escrituras que hace Vidal, para quien el mensaje de Jesús sigue vigente y ha de ser comprendido por todo el género humano. Por cierto, Vidal avanza el próximo alumbramiento de una obra académica en la que ha trabajado durante muchos años: la traducción interlineal del Nuevo Testamento.

Vidal deja muy claro en el prólogo que su objetivo ha sido escribir un libro de historia, no un tratado teológico que sólo puedan debatir los expertos en la materia. Por otro lado, separa claramente el análisis del mensaje del contexto social en que vivió el Señor de las repercusiones que el enfoque teológico puede generar en los dogmas de la Iglesia.

Esto no quiere decir que Vidal huya de las cuestiones de Fe (si algo caracteriza a nuestro autor es su compromiso ineludible con la Verdad), sino que las redirige a apéndices separados, para así no mezclar los hechos históricos con su plasmación en el comportamiento de los creyentes. Esta parte del libro debe ser leída con la mente abierta, sin apriorismos dogmáticos, después de siglos de tergiversación del mensaje de Jesús.

Como ya hizo anteriormente con la primera traducción al español del Documento Q (primero de los evangelios conocidos, anterior a los canónicos, que fue utilizado por Mateo y Lucas), César Vidal presenta el relato del devenir judío en tiempos de Jesús y los apóstoles, describe sus principales movimientos e instituciones (el Templo, el Sanhedrín, la Sinagoga) y su relación con Jesús, y realiza un análisis científico acerca de lo que ese primer evangelio nos revela sobre las enseñanzas de Cristo.

Completan la obra varios apéndices en los que se expone el nacimiento de Jesús, las profecías mesiánicas que anunciaron Su llegada, el mundo en que vivió (de Alejandro a Herodes el Grande). En contra de lo que pueda parecer a la luz de muchos textos religiosos modernos, Jesús nació, vivió y murió como judío, y tanto su doctrina como su persona son imposibles de comprender sin tener en cuenta este hecho.

Uno de los pilares que sostiene el argumento de Vidal se encuentra en la declaración que el propio rabí de Galilea hace en el Evangelio de Marcos: vino para servir, no para ser servido. Este concepto del "Mesías siervo" es vital para comprender las enseñanzas de Jesús, así como su personalidad. Ya el profeta Isaías anunció que el Mesías sería juzgado y moriría de forma expiatoria para salvar a la humanidad de sus pecados, y que luego resucitaría de entre los muertos. Hablamos de un Mesías siervo de Dios y de los humanos: Jesús lo dejó claro en innumerables ocasiones, aunque sus discípulos (ayer y hoy) no entendieran bien el concepto.

Un segundo axioma para la defensa del judaísmo del Señor es la propia definición de Jesús como Hijo del Hombre, notoria referencia a la profecía en que Daniel auguraba la llegada de un "ser celestial" que descendería para "juzgar a todos los seres humanos". Vidal deja muy claro que la labor del Hijo del Hombre era anunciar la llegada del Reino de Dios y dar su vida terrenal por ello.

El cristianismo no existía antes de Jesús, por mucho que se empeñen algunos; tampoco Aquél fundó nada. A esta cuestión dedicó Vidal su estudio sobre los primeros discípulos de Jesús –su tesis doctoral de Historia–, que abrió de par en par el conocimiento sobre Cristo a todo aquel lo suficientemente valiente para asumir su mensaje (El judeo-cristianismo palestino del s. I: de Pentecostés a Jamnia, Trotta, 1995; reeditado como Los primeros cristianos por Planeta en 2009).

Como señala en el prólogo, la intención de Vidal es mostrar "hasta qué punto Jesús fue medularmente un judío de su época, incomprensible sin conocer a fondo el contexto espiritual de Israel, y cómo las interpretaciones posteriores que han pasado por alto tan esencial aspecto no han hecho sino deformar su persona y sus enseñanzas de manera que, históricamente consideradas, han caído incluso en lo grotesco y absurdo".

El autor expone así que el Maestro "no vino a anular o derogar la Torah, sino a cumplirla, y por eso resultaba de aplicación para los preceptos más relevantes como para los aparentemente mínimos".

Encontramos un buen ejemplo de ello en el pasaje del Evangelio de Mateo en el que el Señor reivindica el respeto a la Ley de Moisés (5, 17-19):
No penséis que yo he venido a poner fin a la Ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido. Porque os aseguro que mientras existan el Cielo y la Tierra no se le quitará a la Ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder. Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la Ley, aunque sea el más peque­ño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pe­queño en el Reino de los Cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Vidal va mucho más allá cuando estudia con la precisión de un cirujano el Sermón del Monte, uno de los discursos más conocidos (y menos entendidos) de Jesús, que plasma como ningún otro el carácter judío del Señor. El discurso toma como fundamento el modelo rabínico, pero tiene un toque original que lo hace único. En el Sermón, Jesús anuncia la llegada del Reino y cómo han de vivir aquellos que Le quieran acoger en su corazón sin límites ni cortapisas.

El autor no se olvida de las bienaventuranzas, ya que recogen la esencia del "nuevo pacto" del hombre con Dios; pacto que completa el realizado por Abraham y que fue descrito con detalle por el profeta Jeremías. La clave aquí es que la Ley está "escrita en los corazones" de las personas: y es que la regeneración se produce cuando el mensaje cristiano inunda el corazón de los hombres y éstos lo interiorizan... y renacen.

El arrepentimiento y la Fe en Cristo son compromisos suficientes para lograr la salvación. Las obras no son determinantes, sino la recepción de Jesús y de su mensaje sin reparos, un enfoque que después desarrollaría Pablo de Tarso y que permitiría a los gentiles celebrar la llegada del Reino y ser, por primera vez en la historia, totalmente dichosos.

En definitiva, Jesús, el judío es un libro indispensable para quien quiera saber quién fue realmente el Maestro, con independencia de sus creencias religiosas. Ayudará mucho a aquellos que sientan en lo más profundo de su ser la necesidad de conocer la Verdad, la más importante búsqueda que pueda emprender el ser humano y una obligación moral, especialmente en los tiempos actuales, en que la religión se utiliza para enfrentar a los hombres. Hay que ser valiente para asumir el mensaje de Jesús, pero primero es necesario conocerlo. ¿Se atreven?


CÉSAR VIDAL: JESÚS, EL JUDÍO. Plaza & Janés (Barcelona), 2010, 368 páginas.
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