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FAITH AND POWER

Otro Islam es posible

Bernard Lewis es el arabista vivo más importante. Tiene 94 años, es profesor emérito de Historia de Oriente Medio en Princeton y acaba de publicar un libro con textos aparecidos en actas de congresos y revistas: Faith and Power. Religion and Politics in the Middle East. El texto más antiguo es de 1987 y el más moderno, un inédito sobre el concepto de hurriya, "libertad".

Emilio Quintana
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El libro se abre con un ensayo clásico ("License to Kill") publicado en la revista Foreign Affairs a raíz de la declaración de guerra (yihad) que Osama ben Laden lanzó en 1998 "contra los judíos y los cruzados", una "magnífica pieza de elocuencia" que permitió a Lewis predecir lo que vino después. Conectó la yihad de Ben Laden con las guerras de Saladino, puso el foco en Arabia y no en Jerusalén y advirtió de que basta un puñado de personas para desatar un conflicto de ese tipo.

Semanas antes del ataque a las Torres Gemelas, Lewis dio a la imprenta un libro premonitorio: What went wrong? (¿Qué ha fallado?, Siglo XXI, 2002). Nuestro hombre había sido el único que lo había entendido todo, el único que había sabido leer e interpretar los escritos del ayatolá Jomeini, el único en comprender históricamente la realidad en tiempo real.

El método de Lewis es histórico y filológico. Conoce bien tanto la historia como la lengua de los países árabes, de modo que es capaz de ver el sentido verdadero de los fenómenos de cada día. Sabe analizar las noticias de los periódicos a la luz de la tradición histórica islámica, que conoce como nadie. Su secreto consiste en iluminar el presente a partir de un minucioso y vasto conocimiento del pasado. Para entender a Al Qaeda se remonta al asedio de Viena por los turcos; para entender el conflicto del Islam con Occidente analiza la entrada de Napoléon en Egipto; para entender la situación de la mujer en el mundo islámico echa mano de relatos de viajeros árabes que estuvieron en el Londres de la Reina Victoria.

Lewis aboga por la democratización de Oriente Medio y de los países islámicos en general, pero se muestra bastante escéptico al respecto. No será fácil, no será mañana. En el Islam hay elementos que no son incompatibles con la democracia y la libertad tal y como las entendemos en Occidente, pero también los hay que sí lo son. La clave está en la prevalencia de los primeros, para lo que hay que apoyar a aquellos que en el mundo árabe luchan por la libertad y los derechos humanos. En este sentido, sigue la línea de intelectuales como el iraquí Sami Zubaida, profesor emérito de Ciencias Políticas y Sociología del Birbeck College de Londres, que argumenta en sus libros a favor de una conciliación entre Islam y modernidad. Zubaida es también mayor (73 años), pero debe su prestigio a Islam, the People and the State (1979), un análisis en el que desmonta el mito de que la revolución iraní tiene que ver con el fundamentalismo religioso. Al contrario, la rama chiita del Islam se caracteriza porque rechaza de forma explícita la idea de República y porque distingue entre Pueblo y Estado (no acepta, por tanto, la guía de los justos, faqih, como Jomeini). La República Islámica de Irán no tiene precedentes en la tradición chiita.

Una de las tesis fundamentales de Lewis es que la yihad de Osama ben Laden no va dirigida principalmente contra Occidente, sino contra los propios países islámicos. De hecho, si pensamos en el caso de Iraq, las operaciones más importantes de Al Qaeda no han sido contra las tropas de la OTAN, sino contra los chiitas locales (2005), contra los llamados "apóstatas" (2006) o contra los sunitas del movimiento Despertar, que entraron en el gobierno del vencedor de los comicios de 2006, Nuri al Maliki. Desde 2003 han perdido la vida en Iraq 85.000 personas, prácticamente todas a manos de Al Qaeda, un hecho que explica el asentamiento paulatino de la libertad y la democracia en aquel país, así como el desprestigio creciente del grupo terrorista en las naciones islámicas, especialmente en aquellas a las que más ha castigado: Afganistán, Paquistán, Arabia Saudita e Iraq (en este momento, al Qaeda no tiene ningún apoyo en esta última).

Pero no solo se trata de analizar el presente a la luz del pasado, sino de mirar al futuro. Lewis es moderadamente pesimista, como ha expresado en varias entrevistas recientes. No solo será casi imposible exportar la democracia a los países árabo-islámicos, sino que Occidente puede sufrir una importante erosión de sus valores seculares de libertad y tolerancia. Aparte de los casos tradicionales del Líbano y Túnez, la mayor esperanza la cifra en Iraq, Irán y Palestina. En el libro no se analiza particularmente el caso palestino, pero tengo la convicción de que Lewis sigue con interés el desempeño del primer ministro de la ANP, Salam Fayyad, que basa su mandato en cuatro principios: seguridad y convivencia con Israel, relaciones estrechas con Occidente, crecimiento económico y fortalecimiento de las instituciones. Gracias a Fayyad, que mantiene una buena amistad con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, Cisjordania no conoce el desempleo y está creciendo a un ritmo mayor que el de Israel (7%), mientras que Gaza (en manos de los terroristas de Hamas, y apuntillada por la propaganda de las llamadas "flotillas humanitarias") se hunde en la miseria y en un 80% de paro.

La tercera vía de Salam Fayyad (el fayyadismo) es la gran esperanza de Palestina y representa en buena parte ese futuro posible que siempre tiene cabida en los libros de Bernard Lewis: un mundo árabe en el que se abran paso la libertad, el desarrollo económico y la paz.

 

BERNARD LEWIS: FAITH AND POWER. RELIGION AND POLITICS IN THE MIDDLE EAST. Oxford University Press, 2010, 208 páginas.

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