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'LA BÚSQUEDA DE DIOS, FUENTE DE CULTURA'

Para re-generar

El 12 de septiembre de 2008, en el Collège des Bernardins de París,  Benedicto XVI tuvo un encuentro con el mundo de la cultura. En el discurso que pronunció en aquella ocasión, volvió la vista atrás para exponer cómo, tras el hundimiento del mundo clásico, la raíz de la teología cristiana y de la cultura occidental se encuentra en la vida monástica. Y más concretamente en el quaerere Deum, la búsqueda de Dios, plasmada en la regla benedictina.

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Este "apetito de divinidad", como gustaba de decir Unamuno, es un dinamismo que no solamente configuró una existencia intramuros del monasterio, sino que generó en torno suyo, para los más variados aspectos de la cultura, un impulso creador del que aún seguimos nutriéndonos y sin el cual es incomprensible nuestro mundo.

En el resquebrajamiento de las estructuras y seguridades antiguas, la actitud de fondo de los monjes era el quaerere Deum –la búsqueda de Dios–. Podríamos decir que ésta es la actitud verdaderamente filosófica: mirar más allá de las cosas penúltimas y lanzarse a la búsqueda de las últimas, las verdaderas.

Sobre esta búsqueda de Dios como dinamismo gestante y nutricio de cultura también en nuestro tiempo, en julio de 2009, entre los preciosos muros del Real Monasterio de Santo Tomás (Ávila), tuvo lugar un curso universitario de verano, "Quaerere Deum: a las fuentes de la cultura", organizado por la Facultad de Teología San Dámaso, el CEU y la Universidad Católica de Ávila. Este hecho, aun no siendo único, sin embargo es destacable por lo infrecuente, dada la mentalidad fuertemente arraigada en la sociedad española que abandona la creación cultural a la iniciativa o al amparo del Estado; casi podría hablarse de un regalismo cultural. Pese a la limitación de medios y a los muchos obstáculos que, con frecuencia, encuentran las empresas que quieren navegar libres por la anchura del mar océano de la verdad, la bondad y la belleza, no deja de haber propuestas –aunque sería de desear que hubiera más– que alimentan de frescura y vida el mundo intelectual, universitario y cultural español, demasiado atrofiado y ahogado por el estatismo y la doctrina oficial del régimen.

Como editor, Gabriel Richi Alberti ha recogido, en el libro La búsqueda de Dios, fuente de la cultura, las reflexiones que los distintos ponentes desarrollaron aquellos días. Todas ellas encabezadas por el discurso de Benedicto XVI al que ya hemos hecho referencia.

Con gran variedad de estilos y perspectivas, el volumen cuenta con doce ensayos de gran calidad, como no podía ser de otra manera, si se tiene en cuenta la nómina de autores: además de la firma del editor, el lector puede encontrar también las de Ch. Morerod, C. García Fernández, J. Sanz Montes, A. Pérez de Laborda, L. Prieto, G. del Pozo, J. J. Pérez-Soba, G. Salmeri, E. Martín López y Antonio M. Rouco. Los distintos trabajos han sido agrupados, según la temática tratada, en tres partes. La primera se centra en la experiencia religiosa, la segunda en la búsqueda de la verdad y la última en la creación cultural. El volumen se cierra con la conferencia inaugural del curso a modo de apéndice: "La belleza en el pensamiento de Joseph Ratzinger", del citado Charles Morerod.

En la grave crisis de nuestra sociedad, incomparablemente mayor en lo educativo, moral y cultural que en lo económico, no puede uno dejar de acordarse de aquel movimiento regeneracionista, nacido a finales del s. XIX, que dio a luz lo que se ha venido en llamar la Edad de Plata de nuestra cultura. Si la vuelta de Occidente contra su propia identidad es alarmante, en el caso de España los signos son aún más preocupantes. Estas páginas quieren revitalizar un organismo acaso ya muy enfermo. Es difícil destacar de entre trabajos tan buenos alguno en particular; no obstante, por su mirada puesta en un futuro a más largo plazo, me quedaría con estas palabras de Giovanni Salmeri:

Las condiciones concretas tienen más importancia que los proyectos teóricos, los cuales, aun siendo justos y profundos, están destinados al fracaso en el caso de que no se apoyen sobre presupuestos humanos y sociales. Y también la fe y la radicalidad con la que se vive forman, obviamente, parte de dichos presupuestos. Y viceversa, las condiciones humanas adecuadas pueden crear éxitos felices, incluso aunque no hayan sido explícitamente previstos o queridos. (...) Las personas son siempre más importantes que las ideas y los proyectos, y, quizá, ninguna tradición como la cristiana es capaz de pensar y comprender este hecho. En la mente y en el corazón del cristiano que ama el saber es donde se forman las razones que vinculan la búsqueda de Dios y la promoción de la cultura.

 

GABRIEL RICHI ALBERTI (ed.): LA BÚSQUEDA DE DIOS, FUENTE DE CULTURA. Instituciones Académicas San Dámaso (Madrid), 2010, 350 páginas.

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