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UN AMERICANO EN PARÍS

¿Quién quiere ser como Sarko?

Yo no –¡ni lo quiera Dios!, que dijo la Faraona cuando le preguntaron allá en los USA si hablaba inglés–, pero igual sí algún baranda o aspirante a serlo del Partido que da Pena. Ese hipotético pepero haría bien en leer –a escondidas de los búlgaros, por la cuenta que le trae– Un americano en París, de Jean-Marie Colombani.

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Algún liberal-conservador culto de oídas –¡tantos somos!– habrá parado las orejas al leer tal nombre. "¿Jean-Marie Colombani? ¿Pero ése no fue durante años el director de Le Monde, El País gabacho?". Sí, muchacho, pero para el carro, cabría decirle; porque diferencias, haberlas haylas: uno es el periódico de "El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush" y el otro, el del editorial "Todos somos americanos"; y Cebrián, cuando ha escrito, lo ha hecho por ejemplo con su cuate, compinche y correligionario Glez., no –¡¡ni lo quiera Dios!!– de José María Aznar López. De Rajoy no digo.

No hagan caso de mis comparaciones traídas por los pelos y sí de lo que afirmo: este librito tiene miga, y sirve para conocer al actual inquilino del Elíseo... y a los que no tienen pinta de pasar de la sala de visitas del Palacio (sic) de la Moncloa.

Colombani, que votó por Royal sin temer ni hacer que los demás temieran a Sarkozy, nos habla sin acritud –que diría mintiendo el cuate, compinche y correligionario de Cebriancone–, incluso con simpatía crítica, de su señor presidente, a quien uno de los suyos –el enemigo en casa, ya se sabe–, el chiraquiano Jérôme Monod, definió en su día como "un inmigrante húngaro de camino a Estados Unidos que ha dejado sus maletas en Francia". Colombani, que tiene más clase que ese ricacho cobista, chulángano y circunflejo, prefiere decir de él que es Un americano en París. Lo cual, de todas formas, es mucho decir.

Digamos, por no soltar el verbo, que Sarkozy es un fervoroso patriota que entiende que su patria está en declive, amarasmada, presa de su ringorrango y de su grandeur pasada, y que entiende que para ponerse al día no le vendría mal mirar al otro lado del Charco, a la otra y más auténtica Tierra de los Libres.

¿Qué tiene de americano el húngaro que tanto molesta al francés fetén Monod? Pues su veneración por la meritocracia y su desconfianza hacia elites como la que conforman en Francia los enarcas (Monod, qué cosas, es un enarca); su modo de ejercer el poder; su voluntarismo, su activismo, su transversalismo; su antiintelectualismo, en el buen sentido de la palabra –¡vaya si lo tiene!–; su tempo, o mejor: ritmo frenético; su manera de combinar reposo y progreso. Pero él es indoblegable, insobornable, irrenunciablemente francés. Cuando busca la manera de estrechar lazos con la Angloesfera, adoptar y adaptar sus virtudes, reducir a escombros el antiamericanismo, esa escoria, sin dudas lo hace para y Pour la France.

En este libro chico Colombani se las apaña para hablar largo y tendido de los grandes temas políticos: relaciones internacionales, seguridad y defensa, economía, trabajo, islam, integración; de cómo se desempeña Sarkozy en todos esos ámbitos: en líneas generales bien, entiende (las notas más altas se las pone en política exterior y las más bajas, en seguridad y, digamos, relaciones con la banlieue). Pero también y con agudeza de otros que en un despiste puedes considerar banales, como su divorcio de Cecilia Ciganer, su fugaz soltería y su matrimonio con Carla Bruni: todos ellos han tenido consecuencias, también políticas (y demoscópicas). En líneas generales, bien también Colombani, que escribe claro y sagaz –salvo cuando enseña la patita bushófoba y habla maravillas de Uropa–: sólo barrabasa (y no siempre) cuando escribe de economía, finanzas y –cursivas– política social.

Llegados a este punto, podríais decirme, queridos lectores: "Muy bien, muy bien, nosotros también podemos parafrasear a Felipón e informarte de que hemos entendido el mensaje. Pero ¿y el hipotético no búlgaro del PP? ¿Ése qué va a sacar de aquí en claro?". Pues, así de prisa y corriendo, cómo ser un líder sin lamer la mano que te quiere cortar la lengua; cómo defender tus ideas y principios sin pedir perdón ni agachar la cabeza... ni machacar a quien defiende tus ideas y principios sin pedir perdón ni agachar la cabeza; cómo, en vez de pedir que se larguen de tu lado quienes te sostienen, atraerte a lo más granado de las filas enemigas y hundirlas así en una miseria electoral y doctrinal cuasipermanente; o cómo poner patas arriba tu partido para que siga siendo, vuelva a ser o sea de una maldita vez él mismo... Merece la pena, ya lo verá.

¿Se han quedado in albis, queridos? ¿Quieren que les hable más o cuando menos más claro de este libro que trata de Sarko? Prueben a sintonizar esRadio a las 17 de este sábado. Seguro que tienen más suerte.


JEAN-MARIE COLOMBANI: UN AMERICANO EN PARÍS. Taurus (Madrid), 2009, 169 páginas.
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