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UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL

Recapitulación

Tras la destrucción del Partido Radical y la expulsión de la CEDA del poder por Alcalá-Zamora, en medio de una polarización creciente de la sociedad, la República entraba en la última etapa de su epiléptica historia. En este punto, conviene repasar brevemente las tesis sostenidas hasta ahora.

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1) Con la Guerra de Independencia se había abierto en España el intento de asentar una convivencia ciudadana sobre las libertades, que había desembocado finalmente en la desastrosa I República. La Segunda puede interpretarse como el final de un segundo ciclo de libertades inaugurado con la Restauración de 1875, y que debía haber asentado una democracia plena.
 
2)  La República, aunque llegada de forma anómala, tras un intento de golpe militar y luego unas elecciones municipales, tuvo legitimidad de origen, por cuanto la Monarquía le entregó el poder sin resistencia.
 
3) El nuevo régimen llegó en una época de depresión mundial, pero al mismo tiempo en una sociedad muy modernizada por la dictadura de Primo de Rivera, la cual también había superado los grandes problemas que habían sido el cáncer de la Restauración: el terrorismo, los separatismos y la guerra de Marruecos. Además, llegó prácticamente sin oposición: con el apoyo entusiasta de buena parte de la población y la pasividad expectante, no ofensiva, del resto. Unas circunstancias, en conjunto, extraordinariamente favorables.
 
4) En el nuevo régimen coincidieron, desde el principio, el proyecto de una democracia liberal y el designio mesiánico de arrasar el pasado y cambiar la sociedad rápidamente, de arriba abajo, conforme a los deseos de una minoría radicalizada y de tendencias despóticas.
 
5) La democracia liberal fue rudamente sacudida, desde el mismo principio, por la oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza, y, sobre todo, por la negativa del Gobierno a aplicar la ley a los delincuentes izquierdistas autores de los desmanes. Ello causó una profunda quiebra política y psicológica en la sociedad española. Un segundo golpe al proyecto democrático fue una Constitución, impuesta por rodillo y no por consenso, que vulneraba seriamente las libertades con el fin de hundir a la Iglesia. La cual, en cambio, había llamado a los católicos, desde el primer momento, a acatar el nuevo régimen. A lo largo de los años siguientes, las tendencias abiertamente antirrepublicanas o subversivas en las derechas serían muy minoritarias.
 
6) La tendencia mesiánica se desarrolló durante los dos primeros años, bajo el Gobierno republicano-socialista de Azaña. Sus medidas, en principio bien intencionadas, pretendían solucionar los problemas creados por los nacionalistas catalanes, la miseria en el campo del sur de España, la hipertrofia del mando militar y las deficiencias de la enseñanza pública. Sin embargo, la incompetencia y demagogia con que se abordaron esas reformas no resolvió los problemas, sino que los agravó.
 
7) Al mismo tiempo, los anarquistas organizaron una rebeldía permanente ("gimnasia revolucionaria") y varias sangrientas insurrecciones, que pusieron en crisis al Gobierno izquierdista. La violencia y la delincuencia aumentaron con rapidez, así como el hambre en diversas regiones. El general Sanjurjo, que había contribuido decisivamente a traer la República, intentó un golpe algo ridículo contra las izquierdas, al margen de los principales partidos de la derecha.
 
8) A consecuencia de los fracasos izquierdistas, el centroderecha ganó ampliamente las elecciones de noviembre de 1933. La respuesta de los vencidos en las urnas fue varia: los republicanos de izquierda, incluyendo a Azaña, intrigaron en pro de un golpe de estado; los nacionalistas catalanes se pusieron "en pie de guerra"; los socialistas aceleraron los preparativos de guerra civil revolucionaria por los que ya habían optado, salvo el sector de Besteiro.
 
9) No obstante ser la CEDA el partido más votado, su jefe, Gil-Robles, decidió no gobernar, en espera de que se calmaran las pasiones. El gesto, interpretado por las izquierdas como un signo de debilidad, no dio tal resultado. A lo largo de 1934 multiplicaron sus maniobras desestabilizadoras e ilegales, que culminarían con la insurrección de octubre de ese año. Diseñada como una guerra civil, la insurrección lo fue realmente, si bien quedó derrotada en dos semanas, a un alto precio en sangre y destrucciones.
 
10) Al revés que el golpe de Sanjurjo, producido al margen de casi toda la derecha, el de octubre del 34 fue realizado por los partidos izquierdistas más fuertes, más los comunistas y un sector anarquista, con el apoyo político de los republicanos de izquierda. Tal circunstancia hacía imposible la democracia en España, a no ser que los levantiscos cambiasen de actitud.
 
11) Pero, lejos de tal cambio, las izquierdas ensalzaron su levantamiento de octubre como una gesta heroica. Multiplicaron sus campañas de "envenenamiento de los trabajadores" (Besteiro) con acusaciones monstruosas y en general falsas sobre la represión realizada en Asturias por el Gobierno de derecha. Además, Azaña y Prieto, en combinación con un delincuente extranjero, intrigaron para destruir el centrista Partido Radical, consiguiéndolo con el apoyo de Alcalá-Zamora y aumentando con ello la crispación general. A pesar de que, en la prueba de octubre, la CEDA había defendido las libertades y una Constitución que no le gustaba, las izquierdas no cejaron un momento en atacarla como "fascista". El sector dominante en el PSOE decidió volver a intentar la guerra civil en cuanto vieran propicias las circunstancias.
 
12) En estas circunstancias, la relativa democracia republicana sólo podía subsistir si, tras un período de gobierno algo prolongado, la derecha lograba asentar la difícil situación económica, solventar los juicios pendientes de la insurrección de octubre, reorganizar el ejército y calmar así, poco a poco, las pasiones. Pero, justo en un momento de máxima tensión, el presidente de la República, el derechista Alcalá-Zamora, decidió expulsar del poder a la CEDA, crear un nuevo partido de centro y, finalmente, disolver las Cortes, dos años antes de su duración normal, y convocar elecciones.
 
13) Con ello, la pendiente hacia la continuación de la guerra se hacía cada vez más inclinada, como habrá ocasión de observar.
 
 
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