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Luis Herrero

Foto de familia

La idea de que la manifestación del 1 de mayo promueva una movilización masiva de la izquierda no deja de ser una ensoñación calenturienta.

Luis Herrero
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La idea de que la manifestación del 1 de mayo promueva una movilización masiva de la izquierda no deja de ser una ensoñación calenturienta.
EFE

No sé a quién se le ha ocurrido la idea de pedirle a los sindicatos que juntaran el 1 de mayo a todos los líderes de la izquierda bajo el mismo palio. La imagen resulta extravagante. No solo hemos visto en primera línea, cogidos del brazo, a los secretarios generales de UGT y CCOO, sino también a los triunviros de la contienda electoral madrileña, a mandatarios distinguidos de los partidos correspondientes y a cualificados miembros del Gobierno, incluyendo a la titular del ramo, Yolanda Díaz, en su doble condición de ministra de Trabajo y lideresa in péctore de Unidas Podemos. Juraría que en las hemerotecas no hay rastro de algo parecido, y si lo hubiera su recuerdo nos retrotraería a tiempos remotos en los que la unidad de acción aún era el cántaro de leche de una fábula sublime.

Hay dos razones por las que a mi me da en la nariz que esa foto de familia es un error estratégico mayúsculo —uno más— del cabeza de huevo que está dirigiendo la campaña del PSOE. Si Díaz Ayuso se ha caracterizado por algo es por haber promovido, durante la crisis del Covid, una política que fuera capaz de compaginar la protección sanitaria y la actividad económica. La parte positiva de esa apuesta es que se han salvado miles de puestos de trabajo. Que después de eso se la quiera presentar en los festejos del 1 de mayo como la gran enemiga de la clase trabajadora no deja de ser, en el mejor de los casos, una ocurrencia provocativa. En Madrid hay 600.000 familias que viven de la hostelería. ¿Cómo encajarán todas esas personas la invitación de la izquierda a derribar del poder a quien ha procurado velar por sus intereses?

Por otra parte, a estas alturas de la película ya debería estar claro que la izquierda, cuando se reúne, pierde. A Gabilondo las cosas nunca le han ido bien durante la campaña, pero es que además le han ido especialmente mal desde que decidió hacer piña con Iglesias. Tras el giro de guión del debate en Telemadrid, en el que el caudillo podemita pasó de ser socio indeseable a compañero de fatigas, las encuestas no han dejado de cantarle las cuarenta.

Iglesias es la némesis de la centralidad. Por eso los votantes de Ciudadanos han decidido acudir en masa a la orilla del PP. Por eso hay viejos socialistas que piden el voto para Ayuso. Por eso Mas Madrid se aproxima al sorpasso. Por eso los electores abstencionistas —millón y medio— basculan mayoritariamente hacia la derecha. Por eso la izquierda está a las puertas de un tortazo monumental.

La idea de que la manifestación conjunta del 1 de mayo puede promover una movilización masiva que cambie el signo de las apuestas no deja de ser una ensoñación calenturienta. Tal vez fuera posible si se vislumbrara la posibilidad de formar un Gobierno que no dependiera del apoyo, interno o externo, de Pablo Iglesias. Pero esa hipótesis está fuera del radar de todas las encuestas. Ni siquiera la del CIS permite pensar en una mayoría alternativa sin complicidad podemita. Que el ex vicepresidente del Gobierno forma parte del problema, y no de la solución, es algo que hasta él mismo tiene meridianamente claro. Por eso anda buscando una salida que le permita abandonar la política por la puerta grande. No aterrizó en las elecciones madrileñas para asaltar el cielo de la Puerta del Sol, sino para evitar que la desaparición de Podemos de la Asamblea madrileña se produjera bajo su mandato. El partido no ha dejado de bajar en las urnas desde hace cuatro años y una debacle en Madrid hubiera sido mortal de necesidad para sus precarios intereses. La noche electoral, mientras Gabilondo tenga que rendir cuentas por haber llevado al PSOE al peor resultado de su historia matritense, él podrá venderse a sí mismo como el hombre virtuoso que renunció a los oropeles del poder para sacar a los suyos del hoyo del 5%. La celebración unitaria del 1 de mayo se lo ha puesto en bandeja.

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