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Marcel Gascón Barberá

Ayuso, Madrid y los gays

Madrid se convirtió en la capital gay del sur de Europa con esa derecha en el Gobierno de la comunidad.

Marcel Gascón Barberá
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Madrid se convirtió en la capital gay del sur de Europa con esa derecha en el Gobierno de la comunidad.
Isabel Díaz Ayuso en una comparecencia ante la prensa. | Europa Press

En una intervención en un programa de TVE, el candidato autoimpuesto de Unidas Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid dijo este viernes que un nuevo Gobierno de la derecha en Madrid sería “un peligro para nuestra democracia”

“Me decía un amigo gay el otro día”, prosiguió el candidato Iglesias: “Si gana Ayuso, yo me voy a vivir a Valencia, porque empiezo a notar otra vez que en Madrid hay presión homófoba, que a mi chico y a mí nos han dicho cosas en la calle, y ese es el ambiente que está generando esa gente”.

También el viernes, Vicente Azpitarte contó en Twitter que el informativo de la tele pública había dedicado una noticia a “la llegada del fascismo a Madrid”. “Los grupos neonazis son más visibles, hacen más ruido y tejen cada vez más redes para captar seguidores aprovechando el contexto de crisis”, dice Azpitarte que se decía en la pieza.

Estos dos mensajes lanzados desde la televisión pública confirman lo que ya sabíamos: que el espantajo de la intolerancia ultra sería un caballo de batalla de la izquierda para derrotar a Isabel Díaz Ayuso el 4 de mayo. 

Como casi todo lo que dice, desde hace ya bastantes años, esta izquierda tramposa que nos ha tocado en suerte, es mentira que haya un recrudecimiento del extremismo de derecha en las calles de Madrid. Y aunque lo hubiera, sería injusto achacárselo a dos partidos como el PP y Vox, que, al contrario que Podemos, nunca han alentado, justificado o blanqueado la violencia.

Nuestros agitadores televisivos se pondrían las botas con un simple intento de agresión como los que Vox sufre cada día si lo protagonizara un facha. Pero la violencia política en España es patrimonio exclusivo de la izquierda. No hay en sus archivos, y no es por falta de interés o de medios, ni un minuto de imágenes de desórdenes protagonizadas por la ultraderecha. Con las orgías de destrucción de los antisistema de izquierda, en cambio, tendrían para llenar la parrilla de varios días. Pero no les interesa.

Claro que todo eso les da igual a Podemos y al PSOE, que lleva desde el dóberman de Aznar con el cuento del lobo facha. 

Conociéndoles las mañas, no sería de extrañar que alguien empezara a mover el banquillo de la ultraderecha de verdad (como dirían en Twitter: Peralta, calienta, que sales). Tampoco tardarán en sacar estadísticas falsas de delitos de odio, como las de niños famélicos de cuando mandaba Botella. Pero aun así, estas noticias sobre la nada se les quedan un tanto escuálidas. (Ahora que lo pienso al mentar a Botella: en cuestión de mujeres, la derecha madrileña le ha ganado a la izquierda en todo. Tres presidentas de comunidad consecutivas y la primera alcaldesa. Una señora de al mando, mucho antes de ponerle el ministerio a Irene Pablo). 

Pero volvamos a la amenaza que la derecha hardcore madrileña representaría para los gays. Madrid se convirtió en la capital gay del sur de Europa con esa derecha en el Gobierno de la comunidad. Una derecha, por cierto, que se ganó el voto de muchos homosexuales sin necesidad de adularles o pastorearles cada día del Orgullo. Una derecha que les ofreció libertad, prosperidad y seguridad no en calidad de minoría desvalida a la que se protege, sino como ciudadanos sin etiquetas que no necesitan tutelas.

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