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Zimbabue sin Mugabe

El país sigue pagando las consecuencias de las nacionalizaciones y las políticas comunistas del siniestro dictador.

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Bandera de Zimbabue | Wikipedia

Entre protestas por el supuesto fraude electoral reprimidas a tiros por el Ejército con un saldo de 6 muertos, el partido que durante décadas lideró Robert Mugabe ganó por mayoría absoluta las primeras elecciones de la historia del país en las que no concurría el longevo dictador, enterrando así las esperanzas de cambio de una oposición que no reconoce los resultados oficiales.

El presidente de Zimbabue y candidato a la reelección por el partido oficialista ZANU-PF, Emmerson Mnangagwa, obtuvo según el recuento el 50,8 por ciento de los votos, un porcentaje suficiente para derrotar al opositor Nelson Chamisa y no tener que ir a la segunda vuelta.

ZANU-PF –el partido que traicionó a Mugabe al obligarle a dimitir tras el golpe militar sin sangre que desalojó del poder al dictador el pasado noviembre– se impuso también en las legislativas –que se celebraron el lunes a la vez que las presidenciales– al Movimiento por el Cambio Democrático de Chamisa con más de dos tercios de los votos.

El caos se adueñó el miércoles de la capital del país, Harare, al reprimir el mismo Ejército que hace ocho meses era jaleado en las calles por derrocar a Mugabe a tiros y golpes de látigo y bayonetas a los simpatizantes de la oposición que protestaban contra las irregularidades y el retraso en la publicación de los resultados de las presidenciales.

Al menos seis personas, según la Policía, murieron durante la represión de los disturbios, que logró a base de tiros, golpes y amenazas pacificar unas calles de Harare que continúan tomadas por soldados a menudo encapuchados para evitar cualquier nuevo conato de protesta.

Una veintena de dirigentes de la oposición han sido detenidos acusados de provocar las algaradas, mientras Mnangagwa –felicitado ya por el triunfo por la potencia regional, Sudáfrica– pide "paz, unidad y amor" para construir bajo su liderazgo "un nuevo Zimbabue para todos".

Observadores internacionales, Gobiernos extranjeros y organizaciones pro derechos humanos han criticado que el Ejército respondiera a las protestas abriendo fuego con munición real.

La misión de observadores de la Unión Europea ha lamentado que los comicios no transcurrieran en "condiciones de igualdad" para todos los candidatos y ha puesto en duda la legitimidad de este proceso electoral llamado a ser histórico, en el que el presidente Mnangagwa debía demostrar unas credenciales democráticas bajo sospecha tras ser durante casi cuarenta años uno de los hombres fuertes del régimen de Mugabe.

Conocido como el Cocodrilo por el trato implacable que dispensa a sus rivales políticos, Mnangagwa, de 75 años, era ministro de la Seguridad del Estado durante el genocidio perpetrado en la década de 1980 contra la minoría ndebele del país por las fuerzas especiales del Gobierno, entrenadas por Corea del Norte.

Al menos 20.000 ndebeles fueron masacrados al ser sospechosos de tener simpatías con la oposición.

Pese a haber estado al lado del dictador hasta casi el final, Mnangagwa se ha presentado desde su llegada al poder en noviembre como una garantía de renovación democrática y recuperación económica.

Con un desempleo que algunas estadísticas cifran en el 90 por ciento, este país del sur de África sigue pagando las consecuencias de las nacionalizaciones y las políticas comunistas de Mugabe, que alcanzaron su cénit con la toma de las tierras de los agricultores blancos en la década de 2000.

Mnangagwa necesitaba unas elecciones limpias y creíbles para crear confianza entre los inversores y sacar a Zimbabue de su aislamiento. La brutal represión de las protestas y las sospechas de fraude recuerdan a los procesos electorales celebrados bajo el puño de hierro de Mugabe y le apartan de su objetivo.

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