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Al Ejército se le acaba el tiempo

Los militares disponen de un tiempo limitado para demostrar que son mejores al frente del Gobierno que los Hermanos Musulmanes.

Max Boot
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Los partidarios de la Realpolitik que promueven que se apoye a los generales egipcios citan como argumento que han acabado con la amenaza que representaba el régimen de los Hermanos Musulmanes, y que ahora destruirán dicha organización por suponer un peligro para el futuro de Egipto (e implícitamente para Estados Unidos e Israel). Otros analistas nos hemos mostrado escépticos respecto a este argumento, no porque no compartamos la meta de acabar con el dominio de la Hermandad, sino porque tememos que la represión militar no servirá para acabar con ella, y llevándola a la clandestinidad sólo la convertirán en una amenaza terrorista mayor en el futuro.

Hasta ahora, han faltado pruebas que muestren cuál de las dos interpretaciones es la correcta. Ciertamente, Egipto no se ha visto inmerso en la guerra civil desde el golpe militar de julio. No se parece en nada a Siria; ni siquiera a Irak. Pero la represión militar tampoco carece de oponentes. Todo esto resulta inquietante, pero apenas decisivo. Los partidarios del golpe militar deben reconocer que la amenaza de una guerra civil –y, con ella, de que surjan nuevos terroristas– va en aumento. Los críticos del golpe, entre los que me encuentro, debemos reconocer que nuestros mayores temores no se han cumplido, y que puede que nunca lo hagan.

El motivo por el que Egipto lleva dando tumbos desde julio es, probablemente, que mientras los Hermanos Musulmanes estuvieron en el poder sacrificaron buena parte de su legitimidad con su incompetencia. Ayudados por una inyección masiva de capital procedente de las monarquías del Golfo Pérsico, y con la intención de anular la mínima privatización que se llevó a cabo durante el mandato del déspota –ahora liberado– Hosni Mubarak, los militares han sido capaces de reactivar la economía, por lo menos temporalmente, lo que ha contribuido a aumentar su popularidad en el corto plazo.

Pero Egipto aún se encuentra económicamente en un estado lamentable, y su turismo, fuente de divisas fuertes, no va a resucitar mientras los potenciales viajeros sigan leyendo titulares que hablen de enfrentamientos y víctimas. Los miles de millones enviados por los saudíes y los emiratíes, entre otros, no van a durar para siempre. Los economistas ya están diciendo que el país crecerá sólo un 2,6% este año, por debajo del objetivo gubernamental del 3,5%. Es necesario crecer más deprisa, para evitar que gran número de jóvenes desempleados se conviertan en una fuerza desestabilizadora.

Los militares disponen de un tiempo limitado para demostrar que son mejores al frente del Gobierno que los Hermanos Musulmanes, o probablemente afrontarán la misma reacción que Morsi y compañía; una reacción que podría causar fácilmente más violencia.

© elmed.ioCommentary

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