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Debemos estar con los humoristas

El derecho a ofender es la esencia misma de la libertad de expresión.

Max Boot
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Parece que una cosa que tienen en común totalitarios y aspirantes a totalitario es la falta de sentido del humor. Hitler odiaba El gran dictador. Kim Jong Un odia The Interview. Y los fanáticos islamistas odian a Charlie Hebdo, la revista satírica francesa famosa por reírse del Estado Islámico y de otros de su calaña. En cambio, grandes líderes democráticos como Winston Churchill, John F. Kennedy y Ronald Reagan son famosos por su humor.

Como apunta Reuters,

desde publicar las viñetas danesas de Mahoma que desataron los disturbios en Oriente Medio hasta rebautizar una de sus ediciones como ‘Sharia Hebdo’ y presentar al profeta del islam como su supuesto redactor jefe, el semanario ha caricaturizado reiteradamente a los musulmanes y sus creencias.

Es cierto que muchas de las creaciones de Charlie Hebdo han sido de mal gusto, y que no sólo se ha burlado del islam. También ha criticado de forma cáustica a la Iglesia católica. De forma análoga, The Interview es, en muchos aspectos, una comedia ridícula que intercala chistes estúpidos sobre penes y culos en su sátira de Corea del Norte.

Pero es de vital importancia que, en un momento como éste, resistamos el impulso (tan común en las instituciones responsables como los ministerios de Exteriores y los grandes periódicos) de insinuar, de algún modo, que las víctimas se buscaron lo que les sucedió y que la mejor linea de defensa contra ataques semejantes es practicar un mayor autocontrol en el futuro. Por ejemplo, el Financial Times es un gran periódico, pero resulta inadecuado que, precisamente el día del crimen, diga que Charlie Hebdo ha sido "estúpido" por ofender a (algunos) musulmanes. Eso es dar a los terroristas justo lo que quieren; de hecho, el motivo por el que llevan a cabo atentados semejantes es disuadir a otros de realizar burlas similares en el futuro.

El derecho a ofender es la esencia misma de la libertad de expresión, y mientras una publicación no incite a la violencia (algo que no han hecho ni Charlie Hebdo ni The Interview) su derecho a decir lo que quiera debe ser defendido a ultranza. Ésos son, al fin y al cabo, los cimientos mismos sobre los que reposan las democracias occidentales, justo lo contrario a la clase de Estado totalitario que los islamistas han creado en Irán y en buena parte de Siria e Irak.

En momentos como éste no hay mucho más que decir, aparte de "Je suis Charlie" ("Soy Charlie"), el solitario mensaje que aparece hoy en la página web de Charlie Hebdo. Todos debemos estar de parte de los humoristas, por muy mal gusto que tengan, si no queremos que el comentario político serio sea el próximo objetivo de los odiadores asesinos.

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