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Miguel del Pino

Burros, lobos y mastines

Los resultados de la incorporación de burros en los espacios naturales donde pasta el ganado en proximidad del lobo resultan más que prometedores.

Miguel del Pino
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Los resultados de la incorporación de burros en los espacios naturales donde pasta el ganado en proximidad del lobo resultan más que prometedores.
Lobos gallegos | Wikimedia

La recuperación del lobo en buena parte de la Península Ibérica y su difusión más al sur de la frontera del Duero provoca una vez más la eterna polémica que parece acompañar a esta bellísima especie. Los ganaderos, especialmente de lanar, temen los ataques del lobo a sus rebaños, mientras que los científicos y los ecologistas reciben con alborozo toda noticia que se refiera a la supervivencia del lobo.

La gestión de la especie Canis lupus debe pasar por evitar su extinción manteniendo su control de manera que no sean los ganaderos quienes paguen un doloroso tributo por su presencia en las cercanías de vacas y ovejas. Un problema cuya solución no es siempre sencilla.

Antes de que se establecieran políticas de indemnizaciones por daños, o en los tiempos en que el lobo era perseguido en toda España buscando su exterminio, los rebaños lanares, tanto estables como trashumantes contaban con un aliado impagable: el mastín español, un perro gigante del grupo de los molosos que ha evolucionado en paralelo a la mesta y a la presión de los cánidos salvajes, lobos y perros asilvestrados sobre los rebaños.

Las carlancas, o collares con pinchos con que los mastines eran protegidos de las mordeduras lanzadas por el lobo a las partes más delicadas de su anatomía, son todavía usadas en la labor de pastoreo, y algunas, muy antiguas, forman parte de curiosos museos de antropología, de agricultura o de los trazados de la mesta.

Diversas asociaciones de protección de la naturaleza siguen apostando por los mastines como principales aliados del ganadero de lanar ante los ataques de los lobos, pero de pronto un inesperado defensor se ha unido a ovejas, vacas y terneros como eficaz salvador de sus vidas: nada menos que el burro.

Los primeros resultados de la incorporación de burros semiasilvestrados en los espacios naturales donde pasta el ganado en proximidad del lobo resultan más que prometedores. En algunos lugares pioneros en esta experiencia no ha vuelto a perpetrarse ni una sola "lobada" más desde que el asno acompaña a los rebaños. No sólo cocean y se enfrentan a los lobos, además se muestran muy ruidosos, casi escandalosos alertando con sus rebuznos a los pastores tan pronto cuando olfatean la proximidad del gran predador. ¿Quién iba a suponerlo?

Después de la Guerra Civil española la población de asnos domésticos sufrió un lento pero inexorable proceso de regresión debido a la transformación de las prácticas agrícolas y al abandono del medio rural. Otro tanto sucedió con su descendiente el mulo, o el burdégano, según el sentido de su hibridación con la yegua o el caballo respectivamente.

Llegó a temerse por la extinción del sufrido équido, injusto símbolo de la terquedad y la torpeza. En realidad el Equus asinus es una especie muy sobria y muy resistente, tanto al trabajo como a las deficiencias alimentarias o a los rigores climáticos, pero precisamente esta capacidad adaptativa habla de su rusticidad, pero también de su inteligencia.

Diversas asociaciones nacieron en defensa del burro. Entre ellas podemos destacar, por su antigüedad y su poder mediático a ADEBO, la Asociación para la Defensa del Borrico, con sede en Rute, presidida por el infatigable Pascual Rovira y en permanente homenaje y referencia a Juan Ramón y su inmortal Platero.

Especial peligro de extinción afecta a los ejemplares más puras de las seis razas autóctonas españolas recocidas: Andaluza, Encantaciones, Zamorana-leonesa, Balear, Catalana y Majorera. Recordamos el homenaje que el Zoo de Valencia dedicó hace más de diez años a esta especie, incorporando a su colección un precioso macho asnal de raza andaluza bajo los auspicios y el padrinazgo de Rafael Alberti, quien en uno de sus último actos públicos recomendó a los maestros que dejaran de hacer referencia al burro como símbolo de la falta de inteligencia. Centenares de caretas con la efigie del asno fueron repartidas entre la población escolar asistente al simpático acto.

El futuro ecológico del burro presenta aspectos interesantes. Pequeños rebaños integrados desde muy jóvenes en espacios protegidos, como por ejemplo en entorno de Doñana, están siendo ya eficaces en la lucha contra los incendios forestales, ramoneando y segando hierbas peligrosas cuando en el verano se convierten en seco pastizal. Todo ello sin olvidar esta curiosa función defensiva del ganado que parece interesante estudiar de manera seria.

No se trata sólo de agradecer la hoja de servicios del burro incorporando sus últimos supervivientes a reservas mantenidas por amantes de los animales. Es posible incorporar la especie en funciones dinámicas de la naturaleza como algunas de las que hemos mencionado, y también resulta culturalmente necesario evitar la extinción de las hermosas razas autóctonas españolas.

Y aunque no hemos recurrido todavía al terreno sentimental, a la leyenda o a los cuentos en que el burro es protagonista, nunca podremos prescindir de Platero, el burrillo que Juan Ramón describió con su sensibilidad de poeta exquisito: "Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro."

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