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Pablo Molina

El Mar Menor irrumpe en la campaña electoral

El objetivo de acabar con los trasvases de una vez por todas será un éxito más del que presumirá el partido socialista.

Pablo Molina
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El objetivo de acabar con los trasvases de una vez por todas será un éxito más del que presumirá el partido socialista.
EFE

El pasado 12 de octubre aparecieron en la costa del Mar Menor miles de peces muertos. Ni fue un fenómeno masivo ni sus consecuencias tan devastadoras como trataron de hacer creer interesadamente algunos partidos y sus medios afines. Es cierto que las imágenes de esa mortandad son terribles para un espacio natural que constituye uno de los principales reclamos turísticos de la costa levantina, pero la vida en las aguas del Mar Menor no solo no está amenazada seriamente: es que hay más peces que nunca, como lo acreditan los récords en capturas de lubinas, doradas y langostinos de los últimos años.

Rápidamente, los grupos ecologistas (y casi todos los partidos con ellos, para no perder ese tren electoral) atribuyeron el episodio a la agricultura. Sin analizar en profundidad lo ocurrido, unos y otros culparon a los agricultores de la supuesta muerte del Mar Menor, porque aseguran que las escorrentías de los cultivos de los campos cercanos, llenas de nutrientes, llegan a la laguna y alteran dramáticamente el frágil equilibrio de un ecosistema que estaría sometido a una presión insoportable.

Sin embargo, no se suelen explicar algunas circunstancias que deberían conocerse para hacerse una idea cabal del problema.

En primer lugar, el episodio del 12 de octubre se produjo en una franja pequeña y perfectamente localizada de la costa marmenorense. Casualmente es el trozo de costa en el que desagua un tanque de tormentas, cuya obra está sin recepcionar por el ayuntamiento a causa de un mal funcionamiento de las bombas de achique. Si los nitratos agrícolas fueran en exclusiva los responsables del desastre, sería de esperar que la mortandad se hubiera seguido produciendo en los siguientes días y en diversas zonas de la laguna salada. No ha ocurrido así. Solo ha pasado una vez y en ese punto concreto.

Por otra parte, a día de hoy siguen produciéndose vertidos urbanos al Mar Menor a causa de los muy deficientes sistemas de depuración de los ayuntamientos de la zona, un factor también importante que conviene no desconocer. ¿Qué han hecho los ayuntamientos (casi todos del PP) con los millones de euros recaudados durante la expansión urbanística de esa franja costera? Desde luego, invertir en saneamiento no.

Pero la izquierda ha dictado su veredicto y la derecha, como siempre, inclina la cerviz y trata de salvar los muebles en la medida de lo posible. La culpa es de los agricultores y no se hable más.

El argumento es de extraordinaria utilidad para el objetivo socialista de acabar con los trasvases al Levante, puesto que si la agricultura destruye el medio ambiente lo que procede no es facilitar su desarrollo, sino erradicarla. En eso está el Ministerio de Transición Ecológica, que con este desastre local ve apuntalada su tesis de que los trasvases son no solo innecesarios, sino el catalizador de un sistema ultracapitalista de explotación agraria incompatible con la vida en la Tierra.

Pedro Sánchez anunció su visita al Mar Menor la semana pasada para hacerse una de esas fotos con el resto de las autoridades en formación triangular, un pececito muerto en las presidenciales manos y la lancha de la Guardia Civil y una corbeta de la Marina patrullando en lontananza. No pudo ser porque se le estropeó el Falcon (el personaje es así), pero no iba a dejar pasar este tema jugoso en el debate electoral.

El Partido Popular, por su parte, se ha limitado estos días a echar balones fuera y a atribuir la culpa del desastre de las aguas del Mar Menor (aunque no son nocivas, están asquerosas y nada apetecibles para el baño) a que el Gobierno de España no invierte lo suficiente. La torpeza del argumento, tratándose de un partido que lleva un cuarto de siglo gobernando la región de Murcia, pone de manifiesto que sus dirigentes están absolutamente superados por un problema grave en el que van a completamente remolque, como tantas y tantas veces les ocurre a estos muchachos del PP.

Lo peor que le puede ocurrir al Mar Menor es convertirse en motivo de lucha electoral. Pero ya es demasiado tarde para evitarlo. Pase lo que pase, los miles de familias de agricultores del Campo de Cartagena tienen un poco más cerca el fin de su modo de vida. El Mar Menor seguirá recibiendo vertidos y el tiempo demostrará, tal vez, que ellos no tuvieron la culpa, pero el objetivo de acabar con los trasvases de una vez por todas será un éxito más del que presumirá el partido socialista. Misión cumplida.

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