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Pablo Molina

La culpa es de Ciudadanos

Por aclarar conceptos: el partido que no quiere llegar a un acuerdo para gobernar las comunidades de Madrid y Murcia es Ciudadanos, no Vox.

Pablo Molina
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Pablo Molina - La culpa es de Ciudadanos
EFE

Por aclarar conceptos: el partido que no quiere llegar a un acuerdo para gobernar las comunidades de Madrid y Murcia es Ciudadanos, no Vox. Los de Abascal llevan desde el día siguiente de las elecciones no pidiendo, ¡suplicando!, un pacto, pero Rivera ha dado orden a los suyos de que ni siquiera se sienten a negociar.

Y si peculiar es el empecinamiento de los de Rivera en bloquear una mayoría de centro-derecha, más asombroso es el motivo que aducen para impedirla, porque lo de no sentarse siquiera a hablar con Vox por querer cambiar las leyes de género es, con seguridad, la excusa más ridícula de la política española en los últimos decenios.

En última instancia, el partido de Abascal no dice nada que no denunciara antes Rivera, que en su programa electoral para las generales de 2016 pedía acabar "con la asimetría penal por razón de sexo". Por no hablar de Toni Cantó, ciudadanista avant la lettre, que organizó una campaña en las redes sociales denunciando los atropellos evidentes de una ley que privaba a padres inocentes del derecho a ver a sus hijos y, en no pocos casos, los enviaba a la cárcel. Ningún dirigente de Vox ha llegado a tanto, pero ahora resulta que esas normas sectarias son para Rivera una revelación divina sobre la que no cabe dudar bajo pena de excomunión.

Las consecuencias de este inmenso carajal anaranjado ya las estamos viendo: una investidura fracasada en primera instancia, la de Murcia, y otra que ni siquiera va a tramitarse, Madrid. La única salida de este embrollo, para no repetir elecciones, sería un acuerdo de Ciudadanos con el PSOE en las dos autonomías. Llegados a ese punto, nos sería dado asistir al maravilloso espectáculo de ver a conocidos dirigentes de Cs, más de derechas que el Capitán Trueno, alzando la manita para entregar su comunidad a la izquierda, contra la que han combatido toda la vida.

Pero es que la cosa se complica todavía mucho más, porque el candidato del PSOE en Murcia, Diego Conesa, no es un sanchista más o menos vergonzante: ¡es un hooligan de Falconetti!; al que, entre otros ditirambos, felicitó públicamente por su idea de contratar a un relator para el conflicto entre Catalunya y España. A ver cómo explica Rivera que va a hacer presidente autonómico a un ultrasanchista mientras invita a irse de su partido a los que le piden que haga lo mismo con Sánchez en la Moncloa. Venga, Albert, asómbranos.

Ciudadanos, al menos en Murcia, está inmerso en un diabólico juego del que puede salir bastante perjudicado. La única solución es que alguien baje a Rivera a la realidad antes de la segunda votación de investidura en el Parlamento de Murcia, cuando ya no habrá margen para dar marcha atrás. El plazo acaba a las 19:30 horas del jueves. Tic, tac, tic, tac.

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