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Pablo Molina

Sánchez los traicionará

Aquí hay muchos peajes imposibles de asumir por un Gobierno que solo tiene garantizados 123 escaños para sacar adelante la tarea parlamentaria.

Pablo Molina
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Aquí hay muchos peajes imposibles de asumir por un Gobierno que solo tiene garantizados 123 escaños para sacar adelante la tarea parlamentaria.
Pedro Sánchez | EFE

No hay militante socialista, partido político, ONG o grupo humano al que Sánchez no haya traicionado al menos una vez en su corta carrera política. ¿Por qué habría de guardar fidelidad a la caterva de organizaciones que le han permitido seguir en la Moncloa? Esa es una de las preguntas que conviene hacerse ahora que España va a ser gestionada por un Gobierno con un programa comunista, avalado por partidos que tienen como primer objetivo la demolición del orden constitucional.

Sánchez lo tiene difícil para no traicionar a los que han apoyado su investidura, y esos partidos todavía mucho más para mantenerle la confianza a lo largo de una legislatura que se les puede hacer interminable. El premio gordo se lo llevará Pablo Iglesias, flamante vicepresidente del Gobierno de un país cuyo nombre no puede pronunciar del mismo asco que le provoca. Porque la primera tarea del sanchismo a partir de este momento es evidente: destruir a Iglesias y a su partido, no necesariamente por ese orden. Lo hará, claro, no en atención al deber de todo gobernante que quiere preservar la democracia liberal y sus instituciones, sino porque es lo que más le interesa para seguir en el poder después de una legislatura disparatada y, en consecuencia, breve.

También traicionará a ERC y a Bildu, no porque no pueda asumir la voladura constitucional que propugnan los separatistas (a él, la Constitución se la sopla), sino porque eso le servirá para recuperar el apoyo de los sectores del PSOE que van a avergonzarse de que su partido esté gobernando gracias a semejantes aliados. Solo hay que esperar a que Junqueras y Otegi reclamen el pago de la contraparte –y, en el caso del curita de Lledoners, con intereses tras casi tres años de obligado recogimiento.

Los Presupuestos de este año están garantizados, pero aquí hay mucho que gobernar y muchos peajes imposibles de asumir por un Gobierno que solo tiene garantizados 123 escaños para sacar adelante la tarea parlamentaria. Y si Sánchez no traiciona a sus nuevos socios, ellos lo traicionarán a él, poniendo fin a una legislatura cuya llave está en manos de una señora que asegura que la gobernabilidad de España le importa un comino.

¿Quién estafará a quién primero? Yo voto por Sánchez, porque lo de este hombre no es solo necesidad política. Lo suyo es un talento natural.

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