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Pablo Molina

Todos somos Maleni

Los populares autonómicos se han sumado también a este amparo institucional a Maleni sin organizar la menor trifulca, no sea que los acusen de crispar

Pablo Molina
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La abultada fianza civil que la juez Alaya ha impuesto a Magdalena Álvarez por el escándalo de los ERE ha desatado una oleada de solidaridad entre la clase política de las que ponen la carne de gallina. Bien es verdad que por el extremo izquierdo ya hay quien ha comenzado a hacer la rana, como Cayo Lara; también en el Gobierno ha habido algún reciente matiz a la defensa inicial de la preimputada pero, en general, existe un amplio consenso para que Magdalena Álvarez continúe desempeñando sus altas funciones en la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones, al menos hasta que su situación judicial impida el normal desempeño de su actividad laboral.

En Andalucía "la unanimidad es casi absoluta", como dijo cierta vez un barón autonómico refiriéndose a su propio nombramiento, porque si algo distingue al PSOE es que no deja tirados a los que le han servido en el pasado salvo que vayan a la cárcel; y aun así, a veces los compañeros y compañeras acompañan al doliente a las puertas del penal haciendo el corro de la patata. Los comunistas andaluces, socios de gobierno de la Pesoe, tampoco consideran oportuno censurar el comportamiento político de Magdalena cuando estaba al frente de la consejería de Economía y Hacienda de la Junta porque, como es bien sabido, los progresistas, hasta cuando trincan, lo hacen por el pueblo.

Los populares autonómicos se han sumado también a este amparo institucional a Maleni sin organizar la menor trifulca, no sea que los acusen de crispar a tan sólo dos meses de las elecciones europeas. La política "pop", alumbrada en el otro extremo de la península, al parecer ha hecho fortuna también en el sur, convirtiéndose en la principal seña de identidad de una formación que no ha tenido bastante con estar en la oposición durante nueve legislaturas consecutivas más las que quedan por delante, que igual son unas cuantas más. Al menos no insultan a la juez Alaya como los progres, cuyas descalificaciones machistas esmaltan perfectamente su compromiso irrenunciable con la igualdad de género y la defensa de la mujer.

La esencia actual de la política andaluza es que la persona que estaba al frente de las finanzas de la Junta cuando se diseñó el plan para escamotear del presupuesto el dineral que después se robaba en los ERE cuenta con el apoyo de sus antiguos colegas, y los que no son de su cuerda, al menos se callan. Así da gusto dedicarse a la política.

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