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Con Pujol vivíamos mejor

Entre un 'president' dispuesto a dar un golpe de Estado con las monjas Forcades y Caram y otro que sólo nos robe, es mejor Pujol. Sí, el defraudador.

Pablo Planas
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Stan Mas y Oliver Junqueras son como una avispa en la axila y un tábano en el cogote. Pesados, cansinos, estragantes, un peñazo y un pestiño. Ni los independentistas se merecen que una pareja así lidere sus aspiraciones kosovares. Pero es no sólo su problema, sino el de todos los habitantes de Cataluña. Entre un presidente regional que está dispuesto a dar un golpe de Estado en compañía de Junqueras y las chicas de la cruz de San Jorge (Forcadell, Forcades, Casals y Caram) y un president que sólo nos robe, es mejor Pujol. Sí, el defraudador.

Con Pujol, Cataluña era el barrio chino de Andorra, pero con tal de que desde Madrid le dejaran operar a gusto no daba (tanto) la brasa con la independencia. En cierto modo, era un sólido pacto de Estado que seguramente esté detrás del malentendido de que Cataluña sea considerada una nación. Es lo que tiene tratar a los trincones como si fueran virreyes. En cualquier caso, Pujol iba a lo suyo, a lo de su famiglia, con el chaval mayor dinamizando la economía y doña Marta plantando geranios en el Camp Nou, etcétera. Claro que con ese abono se sembró el régimen totalitario de la inmersión lingüística, el editorial único y el odio a España.

La nueva hoja de ruta separatista muestra hasta qué altas cotas del trile, el timo, el tochomocho y la estampita se ha llegado en la política catalana. Según han convenido Mas y Junqueras, las próximas municipales no son municipales sino la primera vuelta de unas autonómicas que no son autonómicas sino plebiscitarias. Y lo dicen así, sin decorarse la testa con un embudo. Absolutamente en serio. Yo soy Napoleón, Napoleón Bonaparte, arguye Mas. Y yo también, replica Junqueras. En estas estamos desde hace años, con la burra a brincos, la economía por los suelos y las instituciones en manos de unos andobas expertos en prometer una independencia que es como el cartel ese de los bares: "Hoy no se fía, mañana sí".

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