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Pablo Planas

El fiscal del Kitty's, al rescate de Mas

Dulce y podrida Cataluña. En otro país, Mas no podría ser candidato.

Pablo Planas
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Dulce y podrida Cataluña. En otro país, Mas no podría ser candidato.

Si los griegos tienen a Tsipras, los catalanes a Mas. La diferencia es que Tsipras manda en un Estado y Mas es un virrey regional de poca monta pero muchas ínfulas, tantas que anda por ahí mordiendo la mano que le da de comer y le permite viajar por el mundo con la misión de advertir a quien le atienda de que España es mala y los españoles, peores. No hay un ejemplo mayor de deslealtad y traición, de difusión de odio, mentiras y más mentiras; de provocador, de pirómano de la convivencia, de exaltado populista, de demagogo y de mediocre. En realidad y a su lado, Tsipras es un caballero que se merece cualquier crítica menos que le comparen con Mas, ese artista del chantaje al Estado, sablista, pedigüeño y señoritingo.

El horror griego, el cierre de los cajeros, la desesperación de los pensionistas, los hospitales sin alimentos ni medicinas y el país sumido en el caos y en el hambre, es el modelo al que pretende conducir Cataluña el amigo Mas sin que nadie hasta ahora le haya parado los pies y puesto en cuarentena. Sus embajadas, sus agencias tributarias, sus espías, sus tropelías y hasta su referéndum ilegal se deben en gran parte a la escalofriante pasividad de la justicia en España y del Gobierno de España.

El pasado 23 de junio, el blog Dolça Catalunya reparaba en el hecho de que habían tenido que pasar 240 días desde el infausto 9-N para que el fiscal superior de Cataluña, José María Romero de Tejada Gómez, requiriera a la Generalidad sobre los dispendios de la votación y a la Delegación del Gobierno sobre los oficios enviados a la Administración autonómica en relación al referéndum. Doscientos cuarenta días con sus 240 noches, en los que el fiscal aludido, uno de los alegres comensales del Kitty's Pub, no tuvo ni un minuto para abordar un expediente que afecta a la soberanía nacional, la integridad territorial, la legalidad constitucional y la lealtad institucional. Doscientos cuarenta días días en los que Mas no sólo no ha bajado el pistón, sino que ha pisado el acelerador de su infame y delirante "proceso". Doscientos cuarenta días días de desgobierno, amenazas al Estado, insultos a la población que no comulga con sus ruedas de prensa, bravatas, soflamas, paridas como la hoja de ruta, las estructuras de Estado o el mismo anuncio del adelanto electoral y la conversión de unas elecciones autonómicas en un plebiscito.

Al fiscal Romero de Tejada no le ha dado tiempo en todo este tiempo de cumplir con las obligaciones inherentes a su cargo, tal vez seducido por la idea de que Cataluña es un oasis en el que Felip Puig, el consejero que se cae de la moto, ejercía de anfitrión en el Kitty's, propiedad de un colega de Jordi Pujol Ferrusola, el nen. Dulce y podrida Cataluña. En otro país, Mas no podría ser candidato.

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