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Lo que vale una mujer en el Damasco de Junqueras

La agitación islamista ha calado hasta los huesos en el Occidente del "jesuis" y de gentes como Iglesias, Junqueras o Monedero.

Pablo Planas
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El nacionalismo catalán contempla el terrorismo islamista como una reacción justificada al imperialismo yanki, a las injusticias de la globalización, a la marginación de los inmigrantes musulmanes y a los desequilibrios del capitalismo. Tras los minutos de silencio, o antes, llegan los mensajes contemporizadores, las expresiones de la "solidaridad" con los supuestos oprimidos, la demostración de un exquisito multiculturalismo de restaurante vegetariano con cuscús de verduras. No hay que criminalizar a quienes matan en nombre del Islam, advierten antes de honrar a las víctimas del islamismo. En la estela de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero con una Turquía que pisotea los derechos humanos, cierra medios de comunicación e impone a las universitarias que se cubran la cabeza, la izquierda y los nacionalistas apelan al diálogo entre religiones, a la comprensión humanitaria de la desesperación de los suicidas. Pau, paix, peace, claman en las redes sépticas.

No es que vayan con un lirio en la mano, sino que aplican la vieja máxima de que el enemigo de sus enemigos seguramente es su amigo. Eso es lo que supuran, por ejemplo, mensajes como el de Oriol Junqueras en el "Twitter", que con escalofriante equidistancia afirmó el martes que "la violencia golpea Bruselas y también Damasco". No es ignorancia, sino estulticia y mala fe. Asegura Junqueras, licenciado en Historia, que Bruselas es ahora la capital de los catalanes como en el siglo VIII lo fue Damasco. "Recordad -escribió Junqueras- que en el siglo VIII la capital de barceloneses, leridanos y tortosinos era Damasco". Se debe referir al Califato Omeya, cuando la Cataluña que glosa era Al-Andalus.

El estudioso Walid Phares, libanés de origen y formación y ciudadano de los Estados Unidos, es una autoridad en materia de terrorismo islamista, un profesor que se define como socialdemócrata y que dispone de conocimientos de primera mano sobre el origen, la historia y los planes de la "yihad". En uno de sus libros, titulado Future Jihad, publicado en 2005, escribía:

"Las mujeres, los estudiantes y los activistas pro derechos humanos están en auge en el mundo árabe y en Irán. Aunque la élite occidental 'reaccionaria' sigue aferrada a su mentalidad anterior al 11 de septiembre, los jóvenes de Oriente Próximo de la era post-Sadam se rebelan contra el yihadismo. Irónicamente, una dosis de la nueva realidad de Oriente Próximo ayuda a desentumecer la opinión pública occidental. La yihad quiere socavar esa conexión antes de que se establezca. No deja de resultar curioso que la propaganda yihadista tenga mejor acogida en Occidente que en su lugar natal, Oriente Próximo".

Prueba conseguida. La agitación islamista ha calado hasta los huesos en el Occidente del "jesuis" y de gentes como Iglesias, Junqueras, Pisarello (teniente de alcalde en Barcelona) o Monedero, que acompañan la onda expansiva de las bombas con solos de violín compuestos por los ayatolás sobre las supuestas causas de los crímenes. No sólo han abandonado a quienes desde el interior del infierno se resisten a las fatuas sino que han abierto las puertas al discurso de los asesinos.

Cabe constatar que Junqueras se proclama fiel devoto que participa en las procesiones de Semana Santa de la localidad donde fue alcalde, Sant Vicenç dels Horts, una población con fuerte acento andaluz por la emigración y que mantiene vivas las tradiciones de la Semana Santa. No es el caso de la mayoría de sus conmilitones, empeñados en erradicar cualquier brizna de cristianismo mientras predican la buena nueva del nacionalismo en las mezquitas salafistas y hacen la vista gorda ante las proclamas sobre la "guerra santa" de cada viernes. Para ellos es peor una procesión de Semana Santa con los legionarios (retirados) del Cristo de la Buena Muerte que las arengas maléficas de los clérigos barbudos.

El caso del Hospitalet, segunda ciudad de Cataluña, es paradigmático. La alcaldesa socialista, a rebufo de Colau, pide al obispo Omella que exilie al cura Custodio Ballester por dejar que los veteranos del Ejército acompañen los pasos de Semana Santa. Quieren echar al cura para congraciarse con los mulás y satisfacer a los fans del "Madrenuestra". Como lo consigan, nos vamos a enterar de lo que vale un coño y lo que pende en el Islam.

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