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Pablo Planas

Una víctima homosexual

La 'víctima' era lo de menos. De lo que se trataba era de cargar contra Vox, de añadir leña en la pira de la ilegalización del partido conservador.

Pablo Planas
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La 'víctima' era lo de menos. De lo que se trataba era de cargar contra Vox, de añadir leña en la pira de la ilegalización del partido conservador.
Telecinco

El joven al que grabaron a punzón la palabra maricón en un glúteo ha confesado que la denuncia es falsa, que el tatuaje se lo hizo una pareja sexual. El muchacho fue durante dos días munición de la izquierda para criminalizar a Vox. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se apresuró a convocar una reunión urgente de la comisión contra los delitos de odio. "Mi cariño al joven agredido", decía en un tuit. La ministra de Igualdad, Irene Montero, atribuía la supuesta agresión al presunto "discurso del odio" de la fantasmal extrema derecha y Jorge Javier Vázquez lanzaba un duro alegato en el que decía que Madrid ya no es lo que era ahora que gobierna el PP.

En Cataluña, un periodista llamado Toni Aira responsabilizaba directamente a Vox de la agresión en el programa de Jordi Basté de la radio del conde de Godó, mientras que el consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, ratificaba sin género de dudas en la misma emisora el principal titular de La Vanguardia del miércoles: "Interior alerta de bandas organizadas que van a la caza de homosexuales". Y eso que pocas semanas antes un portavoz de los Mossos había negado que en Cataluña hubiera bandas especializadas en la caza de homosexuales.

El diario digital de Escolar fue el que destapó el escabroso caso de Malasaña. "La Policía investiga una brutal agresión homófoba en el centro de Madrid cometida por ocho encapuchados", titulaba a toda pastilla hace tres días. "Ocho individuos vestidos con sudaderas negras y pasamontañas asaltaron a un joven cuando entraba al portal de su casa, le cortaron el labio con una navaja y le seccionaron un glúteo marcándole con el cuchillo la palabra maricón", añadía el referido medio. Demasiados detalles como para dudar de la información.

Pero el foco no estaba en los autores materiales, sino en los intelectuales. Y ahí no había dudas. Vox y el PP por pactar con Vox eran los culpables del atroz ataque y de una campaña desatada en las calles de toda España contra el colectivo LGTBI derivada de su teórico "discurso del odio". Palabra de Irene Montero, de Pablo Iglesias, de Pedro Sánchez y de Jorge Javier Vázquez, entre otros.

La víctima era lo de menos. De lo que se trataba era de cargar contra Vox, de añadir leña en la pira de la ilegalización del partido conservador. Para muchos de quienes se rasgaban la vestiduras, lo mismo le podían haber marcado la palabra maricón en el culo que en la frente y para toda la vida. Tanto daba. El punto del caso era encalomarle la agresión a Vox, responsabilizar a ese partido de un acto tremebundo. La denuncia del joven era miel sobre hojuelas después del esperpento de Soy Una Pringada con Rufián en el que se abogaba por matar a Vox.

El problema (uno de ellos) es que la desaforada reacción de Sánchez, Montero y Vázquez, así como de los medios de la izquierda y aledaños, debilita la defensa de los derechos de las personas homosexuales, lo mismo que la estupidez del "todas, todos y todes" y toda esa hiperventilada producción de basura relativista de la ideología de género. Harían bien en reflexionar quienes se lanzaron a la caza del facha porque el cuadro general de la noticia les venía al pelo para debilitar a sus adversarios políticos. Hoy, la situación de los homosexuales en España es peor. Y el muchacho que se ha derrumbado ante la Policía no tiene la culpa. Al contrario, la culpa es de quienes utilizaron su historia en beneficio propio. Es una víctima, sí, pero de la izquierda que se apresuró a difundir su caso sin efectuar un mínimo contraste. Hablamos de una agresión a plena luz del día a cargo de ocho tipos con capuchas en uno de los lugares de Madrid con más cámaras de vigilancia.

Por cierto, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, debería explicar ese titular de La Vanguardia. Convendría saber si es cierto o un mero alarde de oportunismo.

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