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A Susana se la ha comido el lobo

Ni ella ni sus barones han limado siquiera los colmillos de un depredador político insensato al que no le importa ignorar a media España.

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Ayer todo el mundo se preguntaba que dónde estaba Mariano Rajoy, pero nadie se preguntó dónde estaba Susana Díaz y su cohorte de barones que hace dos años vieron venir lo que ayer pasó y decidieron interrumpir el proceso defenestrando a Pedro Sánchez. Seguramente le aconteció un pasmo al percatarse de cualquier sentencia de los ERE podría ponerla en el lugar de Rajoy en un plazo breve, a menos que anticipe elecciones.

Además, el pasmo la dejó paralizada cuando enumeró íntima y desordenadamente las barbaridades que ocurrieron ayer en lo que ya no queda de España.

Ayer se reventó la presunción de inocencia, ya tocada de ala en el corazón de los ciudadanos que condenan antes que los jueces, interrumpiéndose el proceso de la justicia que no había llegado aún al buen puerto de la sentencia firme y condenando incluso a quienes no estaban imputados.

Ayer se judicializó la política hasta tal punto que un proceso judicial, no unas elecciones, puede tumbar a un presidente o presidenta de un gobierno. Incluso con Pedro Sánchez si hay sentencia pronta en el juicio de los ERE. Los precedentes son los precedentes.

Ayer se consagró una mentira miserable que extiende la especie de que el PP, que tiene corrupción en su seno, cuando cifras y carácter de los dineros en la trama Pujol-separatista y el PSOE, antiguo y moderno, desde Juan Guerra a los ERE son mucho más escandalosos. Más dinero y casi todo dinero público, al contrario que el PP, menos dinero y no todo público.

Ayer se ha reafirmado la nueva base política, siguiendo el ejemplo de su amigo y ex presidente del PSOE, José Antonio Griñán, según la cual la aglomeración de minorías es más importante y legítima que la mayoría que gana las elecciones. Es más, se ha comprobado como cinco diputados pueden decidir la historia de una nación.

Ayer, Pedro Sánchez persistió en su decisión oscurantista y siniestra de ocultar a los españoles qué ha costado a todos los ciudadanos que él vaya a ser presidente del gobierno. Tenemos derecho a saber el precio de esta operación de acoso, derribo y liquidación.

Ayer, además, se cargó de un plumazo los casi 140 años de historia el PSOE que siempre tuvo claro que su valor político básico era la igualdad. En España, desde ayer, el socialismo admite y legitima que hay unos ciudadanos más iguales que otros, que vascos y catalanes son mejores y más respetados que los demás españoles.

Ayer se ha cargado de un plumazo y de paso el principio de libertad individual, base de la democracia liberal, consagrando el hecho de que los españoles que vivan en territorios feudalizados, no tendrán libertades que sólo disfrutarán los indígenas, como el derecho a ser educados en la lengua materna y demás libertades derivadas.

O sea, se ha cargado de raíz la Constitución de 1978 al admitir que hay dos territorios, al menos y por ahora, que tienen leyes propias para sus habitantes y que los demás, aunque vivan allí, son residentes administrativos.

Ayer dio alas a los enemigos de España, a los interiores fácilmente reconocibles y a los exteriores, que quedan al acecho por si en cualquier momento pueden rematar sus planes largamente soñados.

Ayer santificó el principio de que lógica, coherencia, verdad y política no tienen nada que ver. Al incurrir en inconsecuencias abismales tales como admitir gestionar un presupuesto con el que no estuvo de acuerdo hace pocos días o como pactar con los separatistas catalanes a los que quería ampliar la aplicación del 155 hace unos días, ha animado a todos aquellos para los que vale todo. Esto es, ha fulminado toda dignidad y elevación moral en la política.

Ayer se ha cargado el fututo de su partido por cuanto lo ha puesto en manos de quienes quieren asimismo destruir un PSOE socialdemócrata y moderado. Y lo harán.

Se ha cargado la legitimidad de un gobierno que renuncia desde el principio y evidentemente para toda la ciudadanía el deber de gobernar para todos en el marco de un Estado de Derecho que pasa a ser un Estado sin derechos comunes e iguales.

Y todo lo ha hecho dentro de la Ley – ya hay experiencias históricas de cómo puede procederse desde la legalidad para acabar con una democracia -, lo cual conduce a más de media España a la resistencia activa y nos sitúa en la inevitable reforma general de la transición que tuvo lugar en 1976-1978.

¿Y Susana Díaz? Admitamos que vio venir al lobo y que intentó alejarlo de toda opción de poder. Pero ni ella ni sus barones han limado siquiera los colmillos de un depredador político insensato al que no le importa ignorar a media España. Es más, que ni siquiera aparecieron ayer para decir siquiera un pío.

Dicho todo esto, queda añadir que todo esto podría haberse evitado, además, si el PP tuviera alguna capacidad de regeneración y renovación y si Mariano Rajoy hubiera comprendido aquel dicho de la mujer del César. Serlo y parecerlo. Él también ha gobernado con el apoyo de los separatistas y ha fracasado en Cataluña. Él ha sido el que ha desanimado, desvirtuando señas de identidad y pactando infamias, a sus votantes que se pasan en masa a Ciudadanos.

Ser honrado a lo mejor lo ha sido, sólo Dios lo sabrá, pero es evidente que no lo ha parecido. Y aquí, sobre todos los españoles, mucho más que sobre él, cae como una losa la inmerecida penitencia de ser gobernados por un sindicato de intereses desconocidos.

 

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