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Pedro de Tena

El Imán contra el Quijote

Este atentado contra la libertad y contra los valores occidentales ha resultado ser más llamativo que la fetua que ofrecía dinero por asesinarlo.

Este atentado contra la libertad y contra los valores occidentales ha resultado ser más llamativo que la fetua que ofrecía dinero por asesinarlo.
Salman Rushdie, entrevistado en Canadá en 1983. | Cordon Press

Si Los versos satánicos de Salman Rushdie -que son, en realidad, una novela fantástica y misteriosa- se hubieran limitado a relatar de esa manera casi hilarante y abundantísima la historia de una metafórica caída desde el cielo a la tierra, con Las Mil y una noches de por medio, el diablo de Daniel Defoe, los seres imaginarios de Borges y una exhibición minuciosa de cultura occidental y oriental, coránica y bíblica, nadie le hubiera condenado a muerte. Ciertamente, su descripción del mundo es poco religiosa, o mucho, según el balcón desde el que se la observe, pero nada peor que la deformación comunista. Lo malo, creo, lo verdaderamente malo, fue su referencia durante muchas páginas a la figura del imán.

Se dirá que imanes había y hay muchos. Cierto. Y se dirá que Ruhollah Musavi Jomeiní no era un imán sino un ayatolá, una especie de catedrático universitario en el islamismo chiita. Pero hay que saber que las figuras esenciales del chiísmo duodecimano tras Mahoma son sus doce imanes, categoría superior por ser herederos del profeta. De los doce, once fueron asesinados casi todos por veneno, pero el último quedó oculto y volverá algún día a consagrar el triunfo del islamismo en el mundo. Jomeini, tras un largo exilio por su oposición política al despótico y pro occidental Sha de Persia, volvió a Irán. Desde 1979, la figura chiita más conocida y reconocida fue el ayatolá Jomeini en quienes muchos querían ver al imán incógnito. Como es costumbre, prometió la democracia y luego la sepultó.

De hecho, puede considerarse que con Jomeini se inaugura la fase más violenta, más antidemocrática, más intolerante y más antioccidental del Islam actual. Por eso, el libro de Rushdie, que se refiere al imán en términos muy críticos, estaba condenado de antemano. De hecho, fue objeto de una famosa fetua (una sentencia o ley a cumplir) emitida por Jomeini en 1989, poco después de publicado el libro:

…el autor de Versos satánicos, un texto escrito, editado y publicado contra el Islam, el Profeta del Islam y el Corán, junto con todos los editores y editoriales conscientes de su contenido, están condenados a muerte. Hago un llamamiento a todos los musulmanes valientes, dondequiera que se encuentren en el mundo, para que los maten sin demora, para que nadie se atreva a insultar las creencias sagradas de los musulmanes en lo sucesivo.

Rushdie, un quijote con conocimiento de causa, se atrevió con el "imán barbudo del turbante", un exiliado que soñaba con un retorno glorioso, enemigo de las imágenes que tramaba la muerte del Sha como éste tramaba la suya. Para asegurar su retorno victorioso, debía vivir en Sodoma, custodiado por guardias disfrazados de mujeres por precaución. "Un hombre ataviado con amplia túnica, taciturno, amenazador, vigilante: éste es el imán", escribe. ¿Quiere dominar la historia? No, su sueño es más inquietante. Anhela la inmovilidad, la no historia. Su rebelión no es contra la tiranía sino contra la Historia, que es la desviación del camino de la fe islámica. Después de la revolución, no habrá relojes. La palabra reloj será borrada de nuestros diccionarios. Su regreso será el triunfo del antitiempo.

Cómicamente, el imán, subido en el arcángel Gibreel, que hace de alfombra mágica, baja a una ciudad donde "hay madres con el manto en la cabeza que empujan a sus adorados hijos al desfile, ve, sé mártir, haz lo necesario, muere". Para el imán eso es amor, pero no para el arcángel que define que eso es odio. Es decisivo que el arcángel perciba que el imán "se ha hecho monstruoso, está tendido en el patio del palacio con la boca abierta ante las puertas, y a medida que el pueblo va entrando, él se lo va tragando entero". El libro es mucho más rico pero valen estos ejemplos.

Tras muchos años de persecución abierta o clandestina, el imán ha cazado al Quijote, un personaje muy querido por Salman Rushdie que lo reinventa en Estados Unidos en todo un libro que lleva precisamente ese título. No lo ha matado pero casi. Este atentado contra la libertad y contra los valores occidentales ha resultado ser más llamativo que la fetua que ofrecía dinero por asesinarlo. Que algo así pueda ordenarse es satánico.

Me vienen a la cabeza las maniobras militares de Irán, China, Rusia y Venezuela, un ensayo perfecto de la conjunción chiíta-comunista en el solar hispano-americano, el patio trasero de Estados Unidos y Canadá, el nuevo continente donde se acunaron, con dificultad, el cristianismo, el mestizaje y la libertad. ¿Qué estamos haciendo? ¿En manos de quién estamos? ¿Alguien tiene un plan para la defensa de nuestras democracias, imperfectas, pero democracias? ¿Por qué hay tanto miedo a decir que somos quién somos? Lo viejo, lo terrible, lo pasado, el antitiempo son las tiranías del tipo que sean. Lo nuevo es la libertad, pero parece que no nos damos cuenta. Salman Rushdie se dio cuenta pero se quedó solo entre demasiado bla-bla-bla.

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